sábado, 18 de noviembre de 2017

Cuento Zen: “La taza del maestro”

Según una vieja leyenda, un famoso guerrero, va de visita a la casa de un maestro Zen.  Al llegar se presenta a éste, contándole de todos los títulos y aprendizajes que ha obtenido en años de sacrificados y largos estudios.
Después de tan sesuda presentación, le explica que ha venido a verlo para que le enseñe los secretos del conocimiento Zen.
Por toda respuesta el maestro se limita a invitarlo a sentarse y ofrecerle una taza de té.
Aparentemente distraído, sin dar muestras de mayor preocupación, el maestro vierte té en la taza del guerrero, y continúa vertiendo té aún después de que la taza está llena.
Consternado, el guerrero le advierte al maestro que la taza ya está llena, y que el té se escurre por la mesa.
El maestro le responde con tranquilidad
-Exactamente señor. Usted ya viene con la taza llena, ¿cómo podría usted aprender algo?
Ante la expresión incrédula del guerrero el maestro enfatizó:
“A menos que su taza esté vacía, no podrá aprender nada”

jueves, 16 de noviembre de 2017

La leyenda de la mariposa azul

Cuenta esta leyenda oriental, que hace muchos años, un hombre enviudó y quedó a cargo de sus dos hijas. Las dos niñas eran muy curiosas, inteligentes y siempre tenían ansias de aprender. Constantemente invadían a preguntas a su padre, para satisfacer su hambre de querer saber.
A veces, su padre podía responderles sabiamente, sin embargo, las preguntas de sus hijas le impedían darles una respuesta correcta o que convenciera a las pequeñas.
Viendo la inquietud de las dos niñas, decidió enviarlas de vacaciones a convivir y aprender con un sabio, el cual vivía en lo alto de una colina.
El sabio era capaz de responder a todas las preguntas que las pequeñas le planteaban, sin ni siquiera dudar.
Sin embargo, las dos hermanas decidieron hacerle una pícara trampa al sabio, para medir su sabiduría.
Una noche, ambas comenzaron a idear un plan: proponerle al sabio una pregunta que éste no fuera capaz de responder.
-¿Cómo podremos engañar al sabio?
¿Qué pregunta podríamos hacerle que no sea capaz de responder?- preguntó la hermana pequeña a la mayor.
-Espera aquí, enseguida te lo mostraré- indicó la mayor.
La hermana mayor salió al monte y regresó al cabo de una hora.
Tenía su delantal cerrado a modo de saco, escondiendo algo.
-¿Qué tienes ahí?– preguntó la hermana pequeña.
La hermana mayor metió su mano en el delantal y le mostró a la niña una hermosa mariposa azul.
-¡Qué belleza! ¿Qué vas a hacer con ella?
-Esta será nuestra arma para hacer la pregunta trampa al maestro. Iremos en su busca y esconderé esta mariposa en mi mano.
Entonces le preguntaré al sabio si la mariposa que está en mi mano está viva o muerta.
Si él responde que está viva, apretaré mi mano y la mataré.
Si responde que está muerta, la dejaré libre. Por lo tanto, conteste lo que conteste, su respuesta será siempre errónea.
Aceptando la propuesta de la hermana mayor, ambas niñas fueron a buscar al sabio.
-Sabio- dijo la mayor- ¿Podría indicarnos si la mariposa que llevo en mi mano está viva o está muerta?
A lo que el sabio, con una sonrisa pícara, le contestó:
“Depende de ti, ella está en tus manos”.
Nuestro presente y nuestro futuro esta únicamente en nuestras manos. Nunca debemos culpar a alguien si algo falla. Si algo perdemos o si algo conseguimos, nosotros somos los únicos responsables.
La mariposa azul es nuestra vida. En nuestras manos está que queremos hacer con ella.

martes, 14 de noviembre de 2017

“TODO CUANTO NECESITAS ESTÁ EN TI” - Fun Chang (14)

El respeto es el signo de mayor evolución que existe en un ser; se origina cuando el individuo sabe quién es.
El emperador se volvió hacia el Sabio y le dijo: -Me gustaría que estuvieras conmigo siempre, tú me das confianza y paz.
El Sabio sonrió: -¡Esas personas que te rodean tienen la misma impresión contigo!
-¿Cómo, preguntó el emperador, ellos sienten hacia mí, lo mismo que yo
hacia ti?
–Sí, dijo el Sabio.
–Nunca había pensado en eso!, exclamó.
-¿Por qué no lo has hecho? le preguntó el Sabio.
-¡Porque yo solamente soy emperador mientras que tú eres Sabio!
Eso no es más que una cuestión terminológica, repuso el Sabio.
¡Utiliza lo que eres!
El Sabio prosiguió su camino mientras que el emperador se quedaba en mitad de la calle, viéndole alejarse.
El viejo Sabio no se volvió, no miró hacia atrás. Sabía lo que era y quién era, sabía que otros necesitaban también descubrir esa confianza en sí mismos que él había permitido encontrar al emperador, sentir esa luz, tener alguien a quien mirar con respeto, pero sin miedo, pues el respeto permite la evolución.
Permite evolucionar hacia el conocimiento sin tener necesidad de palabras, permite tomar conciencia de sí mismo.
Un muchachito se acercó al emperador que miraba como se alejaba el
Sabio, le tocó en la manga y le dijo:
-¡Señor!
El emperador se volvió hacia él:
-¿Qué quieres?, le preguntó.

–Emperador, puedes decirme... ¿de dónde vengo?... ¿quién soy?... ¿adónde voy?...

Con esta entrega termina el "cuento chino", ojala nos haya llegado su enseñanza.

sábado, 11 de noviembre de 2017

“TODO CUANTO NECESITAS ESTÁ EN TI” - Fun Chang (13)

Los sabios, los que saben cómo ayudar a las personas a verse a sí mismas, no se dejan implicar por lo que ha sido. No les preocupa más que el momento presente. Pueden ver el porvenir y el pasado pero no se dejan llevar ni por uno, ni por otro. Apenas había terminado de pronunciar esas palabras, cuando en un abrir y cerrar de ojos, el Sabio desapareció.
El emperador se puso a caminar dando vueltas a la redonda, tenía miedo.
¿Qué hacer?
Abandonó el jardín, atravesó el palacio y se dirigió a la ciudad de Lo Yang.
Comenzó a sacar cadáveres de debajo de los escombros, a reunirlos, intentando identificarlos y pronto un hombre viejo achacoso se puso a ayudarle. Un niño vino a trabajar con ellos también. Poco a poco se formó un pequeño grupo que trabajaba en las ruinas de Lo Yang amontonando cuerpos, intentando identificarlos para posteriormente incinerarlos.
Una anciana se les unió, luego un robusto soldado desorientado por la pérdida de su familia y que tenía necesidad de hacer algo. Encontraron a una madre cariñosa para cuidar a los heridos más graves y trabajaron valientemente día tras día. Pronto se formaron otros grupos; paulatinamente fueron saneando la ciudad...
Los días se convirtieron en semanas y ellos no desfallecían.
Doscientas o trescientas personas comenzaban, llenas de fuerza y de coraje, a restablecer una vibración en ese lugar.
Un día, un soldado reconoció al emperador y se lo comunicó a los demás.
Fue la esperanza; todos albergaron el sentimiento de que todo era posible porque el emperador estaba allí, trabajando, comiendo lo mismo y conviviendo con ellos.
Dos semanas más tarde, oyeron ruido en la colina y divisaron un gran ejército que se acercaba. El emperador avanzó lentamente a su encuentro, su figura estaba sucia, sus ropas desgarradas; detrás de él caminaba un pequeño grupo de supervivientes de Lo Yang.
El general jefe del ejército se bajó del caballo y se dirigió al emperador: -
¿Qué ha ocurrido aquí?
No hemos tenido noticias de Lo Yang desde hace mucho tiempo y creíamos que la ciudad había sido presa de los invasores. Hemos sentido el temblor de tierra, pero no sabíamos con exactitud el lugar en el que se había producido. El general contempló la ciudad y el palacio destruido.
Luego preguntó al anciano que se encontraba ante él: -¿Eres tú el jefe? El emperador sonrió y respondió:
-No, trabajamos todos juntos. Pero detrás de él alguien se levantó y dijo al general:
-Este hombre es tu emperador. El general miró con detenimiento al anciano y lo reconoció por la cicatriz que él mismo le había hecho por encima del ojo cuando era niño y se batía con el joven emperador.
El general se hincó de rodillas, pero el emperador le dijo:
-Levántate, despójate de tu armadura y ven con tu ejército a ayudarnos a reconstruir Lo Yang.
Entraron en la ciudad y el emperador les enseñó a utilizar todos los instrumentos disponibles.
Él hacía frente a cada situación empleando los elementos que estaban a su alcance.
Si se presentaba un problema, si alguien le decía: "¡No podemos hacer eso!", el emperador no sentía pánico; sino que decía: -Vamos a verlo. Y por el camino le venía la idea, se formaba el pensamiento de forma que, cuando llegaba al lugar, ya había encontrado la respuesta a tal problema.
Los meses pasaban y Lo Yang recobraba la vida; el emperador vivía en una pequeña casa construida en su jardín. Había recogido todo el mármol y el granito del antiguo palacio para reconstruir la ciudad.
Así, un comerciante había construido su casa con mármol del dormitorio imperial, un tintorero trabajaba en una habitación hecha con las piedras de la gran sala de palacio y un inválido tenía el trono como silla.
El emperador, de pie en medio de su jardín, miraba Lo Yang. No era muy impresionante, pero la vida estaba presente y comprendió que había empleado bien cada momento.
Mas, entonces comenzó a hacerse preguntas:
-¿Qué habría pasado si yo hubiera perecido?
¿Quién habría hecho todo eso?
En ese momento se sintió empujado por detrás y cayó al agua del riachuelo.
Se dio la vuelta sonriendo y vio al viejo Sabio.
¡Piensas otra vez emperador! No es pensando como comprenderás de dónde vienes, ni a dónde vas. Pensar es un instrumento, es como aprender a caminar, como saborear tu primera comida; no es más que un instrumento, un primer paso, una primera prueba.
Aprende que es un paso importante, que debes aprender a pensar... y que debes saber también a dejar de pensar, pues no ayudarás a tu pueblo ni te comprenderás a ti mismo con elucubraciones!
El emperador sonrió al viejo Sabio: -¿He hecho bien lo que tenía que hacer?, preguntó.
-¿Qué has hecho? Respondió el Sabio; a lo que el emperador contestó: -
Mira Lo Yang, la ciudad resucita, he dado todas las piedras de mi palacio para reconstruirla.
-¿No era eso lo que tenías que hacer?, dijo el Sabio.
-¿Era eso lo que se supone que debía hacer?, preguntó el emperador. -¿Lo has hecho, sí o no?, dijo el Sabio. –Sí, le contestó.
–Es, pues, lo que tenías que hacer, lo que formaba parte de tu ser verdadero. ¿Por qué me haces esa pregunta?
–Porque me siento solo, confesó el emperador... -¿Porqué? –Necesitaría a alguien con quien hablar, dijo el emperador.
-¡Habla con las gentes que te ayudan!, conminó el Sabio.
Es que me tienen miedo, repuso el emperador.
-¿Por qué?
¿Por qué te retiras a tu jardín? ¿Porque eres emperador?
–No lo sé, dijo el emperador. Vayamos pues a Lo Yang, propuso el sabio.
Salieron del jardín y entraron en las calles de la ciudad.
El soldado que lo había ayudado, los acogió con amabilidad, también lo hizo el tintorero, todos les sonreían saludándolos cordialmente.
El emperador vio al niño que había querido hacer salir de las ruinas y éste le devolvió una sonrisa feliz.
Al caminar por las calles de Lo Yang, podía percibir el calor de las gentes a su alrededor y se sentía bien.
El Sabio le dijo: ellos no tienen miedo de ti, te respetan.
Hay una diferencia sutil entre el miedo y el respeto.

Estas personas te respetan por lo que eres; antes te temían, pero ahora te respetan. Utiliza ese respeto; no te retires a tu jardín, a tu monasterio en la montaña, o a un lugar oculto en el que no puedan verte.

lunes, 6 de noviembre de 2017

“TODO CUANTO NECESITAS ESTÁ EN TI” - Fun Chang (12)

Tu camino está destinado a ayudar a los demás para que vean por sí mismos, a inspirarlos para que reconstruyan.
El emperador se sintió henchido de entusiasmo.
– Utiliza los instrumentos que están a tu alrededor, dijo el Sabio, aprovecha la energía de los que trabajan contigo. ¿Cuánta gente has utilizado mal en el pasado?
¿Cuánta has dejado que se deteriore por no utilizarla?
El emperador reflexionó:
-Tenía un mensajero; cuando me hice emperador estaba en plena forma y con su rápida carrera podía entregar un mensaje de una ciudad a otra. Se hizo amigo mío y cuando, no hace mucho tiempo, tuve que enviar un mensaje... ya no estaba en buena condición física en absoluto, ya no podía correr tan aprisa; ¡yo había renunciado a utilizarlo!
El emperador se aproximó a un agujero del muro, miró a la destruida Lo
Yang, y las lágrimas le saltaron de los ojos.
-¡Un momento!, exclamó el Sabio, ¿por qué lloras?
–Por todas esas gentes, por la belleza que había ahí.
-¡Olvídalo todo!, aconsejó el Sabio, La gente se nutría y vivía de ella. Por consiguiente ha sido bien utilizada. Ahora, utiliza lo que hay y deja de mirar hacia atrás; nada ha sido ni será mejor que el instante presente en el futuro, cada instante será ahora siempre, tú no puedes vivir más que en el presente...
– Oh, exclamó el emperador... y le pareció que en un segundo había ganado cuarenta años de comprensión.
– ¿Por dónde empezar?, pensó. No podía ni sentir, ni ver, ni saber por dónde comenzar...
Se volvió hacia el Sabio y le dijo:
- Mi familia ha desaparecido.
–Está bien.
¿Por qué está bien?, inquirió el emperador.
–Porque formaban parte de una época de tu vida y ahora tú vives otra.
¿Qué piensas de tu abuelo?, le preguntó el Sabio.
–Era excelente, respondió el emperador.
-¿Tienes que pensar que ya no esté aquí?
–No, contestó el emperador.
-¿Por qué?
Entonces el emperador empezó a comprender.

–El miedo, afirmó el Sabio, la tristeza y la emoción forman parte de la evolución del hombre. Es una evolución por la que debes pasar, pero mientras seas presa de las emociones, no puedes utilizar lo que eres.

viernes, 3 de noviembre de 2017

“TODO CUANTO NECESITAS ESTÁ EN TI” - Fun Chang (11)

No puedes vivir en el pasado, ni en el futuro, sino en el presente.
Cualquiera que sea la situación, utiliza los instrumentos que están a tu disposición, usa tus manos, tu inteligencia y tu fuerza.
– Pero yo no tengo ningún instrumento, dijo el emperador, ni siquiera puedo construirme una casa.
- El viejo Sabio sacudió la cabeza:
-El temor y el miedo han aumentado tu ignorancia. Tus instrumentos son todo lo que necesitas para que un trabajo se realice, lo cual puede ser una palabra o una sonrisa. Tus instrumentos son tu capacidad de comprender que donde te encuentras en este momento es donde debes estar y no en otro lugar o en otra situación.
Utiliza cada momento.
-¿Qué habría ocurrido si hubiera muerto?, preguntó el emperador.
-¡Qué pregunta más tonta, dijo el Sabio; en ese caso yo no estaría hablándote y tú no tendrías problemas! Alguien vendría, tomaría China en sus manos y tú te irías con tus antepasados.
El emperador anduvo por el jardín con las manos a la espalda, mirando pensativamente al suelo. Se volvió hacia el Sabio y dijo:
-Poco importa por qué estoy aquí, tengo un trabajo que hacer.
–Está bien, dijo el Sabio.
–Poco importa a dónde voy, siempre doy un paso después de otro. -¡Está bien!
El emperador avanzó lentamente un poco más lejos.
-¿Cómo puedo actuar, qué instrumentos puedo emplear?
El Sabio le respondió:
-Durante estos últimos minutos has recorrido una distancia de nueve metros. ¡En esos nueve metros has encontrado muchos instrumentos!
El emperador le miró:
-¿De veras? Entonces se volvió, miró el pequeño camino que serpenteaba por el jardín. ¿Instrumentos?... Se volvió otra vez y comenzó a mirar a izquierda y a derecha. ¡Muéstramelos¡
-Hay frutos en los árboles para alimentarte, dijo el Sabio.
¡Ah, sí!, exclamó el emperador.
Agua para refrescarte.
¡Oh, sí! volvió a exclamar el emperador; entonces volvió a mirar y dijo: -
Madera y piedras para construir.
¡Muy bien!, dijo el Sabio.
El emperador veía pájaros, insectos, la vida que susurraba en todas partes.
Iba de acá para allá, excitado, observando esas cosas de todos los días, que se daba cuenta que podía aprovechar.
– Empiezas a comprender, dijo el Sabio. Utiliza lo que está ahí. La mayor parte de las personas no ven nunca eso. Pasan por la vida buscando siempre algo diferente, atraviesan la existencia persuadidos de que su objetivo está mucho más lejos, cuando a su alrededor se encuentra todo lo que necesitan para alcanzar su meta.
– Un momento, dijo el emperador, no comprendo.
– Es fácil, dijo el Sabio, si quieres conseguir una pared, ¿qué necesitas? –
Piedras, contestó el emperador.
– Bien, ¿dónde están?
– Están ahí, a mi alrededor. ¡Bueno, pues empieza a construir!
– Pero para mover esas piedras necesito herramientas!
– Acabas de pasar al lado de algo a lo largo del camino, dijo el Sabio.
El emperador volvió sobre sus pasos y encontró un madero que podía ayudarle a levantar las piedras.
– Además de piedras necesitaré arena, agua y arcilla para hacer cemento.
– Bueno, todos esos elementos están a tu disposición, replicó el Sabio; junto al riachuelo hay arcilla y arena.
El emperador se dirigió allí y trajo todo lo que necesitaba.
– Ahora , continuó el Sabio, tienes todos los instrumentos necesarios para hacer una pared.
– ¿Lo que quieres decir es que si miramos a nuestro alrededor y se utiliza lo que hay de una forma completa, no hay entonces más que reunir los elementos necesarios, que no hay necesidad de correr por todas partes para encontrarlos porque todo está aquí?
- Sí, dijo el Sabio.

Cada hombre y cada mujer tienen capacidad para ver, percibir y ser uno con toda la vida, si son conscientes de todo lo que les rodea, hierba, flores, y piedras. Eso no se aprende encerrándose en un laboratorio o en un monasterio, ni limitándose a seguir un solo camino, no viendo la realidad más que por un solo prisma, de una sola forma. 

miércoles, 1 de noviembre de 2017

“TODO CUANTO NECESITAS ESTÁ EN TI” - Fun Chang (10)

El emperador estaba molesto y preguntó: -¿sabes de dónde vengo, por qué estoy aquí?
–Sí, respondió el Sabio, pero si te doy una explicación intelectual de tu situación, eso no va a ayudarte a reconstruir Lo Yang.
El emperador repuso: -¿Qué necesito saber entonces?
Necesitas saber que la situación en la que te encuentras es la situación que tienes que vivir; no puedes quedarte aquí indefinidamente contemplándote el ombligo y repitiendo "¿por qué me ha sucedido esto, por qué he venido aquí, de dónde provengo, por qué ha desaparecido mi familia, por qué soy emperador de China?".
– Estas preguntas no tienen ningún sentido. Estas ahí y eso es todo.
Eres emperador. ¿Qué vas a hacer, quedarte aquí lloriqueando y sorbiendo la nariz? Eso no te lleva a ninguna parte.
– Estás ahí porque estás ahí y debes manejar la situación lo mejor posible. ¡Deja ya de darte excusas!
El emperador se sentía herido y mortificado.
El viejo Sabio se dio cuenta de su miedo, de su irritación y de su frustración y le dijo:
La mayoría de las personas son como niños pequeños, no se preguntan ni de dónde vienen, ni a dónde van; sólo se preocupan de andar, de comer, de vivir experiencias.
Algunos individuos llegan al umbral del pensamiento y comienzan a plantearse problemas.
Algunos encuentran la religión, otros a maestros que les dan respuestas y finalmente están los que, como tú, quieren saber más, conocer todos los detalles.
Yo podría darte mil explicaciones, deslumbrarte de tal forma que no podrías soportar tu propia luz.
Pero, ¿qué bien te haría, qué podrías hacer con ello?
¿Das tú de comer a tu hijo una tonelada de arroz a la vez?
–No, dijo el emperador.
–Tu hijo se comerá una tonelada de arroz en su vida...
¿Por qué no dársela de una sola vez para que no tenga ya necesidad de comer?
–Pero, eso lo mataría!
–Ah, dijo el Sabio, lo has comprendido!
Lo que tienes que hacer es no plantearte cuestiones inútiles, sino utilizar la situación en la que te encuentras; no decir "si hubiera girado a la derecha en vez de haberlo hecho a la izquierda eso no habría ocurrido; si hubiera enviado a mis hijos al palacio de verano todavía estarían vivos".
Estas cuestiones no te conducen a nada.

Estás donde te encuentras ahora y ahí es donde debes estar.