sábado, 16 de noviembre de 2019

NA AUSENCIA MUY PRESENTE (Nada cambia y todo cambia) - Jeff Foster (1)


¿Qué haríamos si realmente existiera algo llamado despertar? ¿Cómo diablos, si ni siquiera podemos ver lo que se halla frente a nuestras propias narices, la gracia o la maravilla de estar sentados en una silla, podríamos ver este supuesto despertar cuando finalmente lo alcanzásemos? ¿Cómo podríamos, si ni siquiera podemos ver esto, ver algo, en el caso de que realmente existiera, llamado despertar?
Empieza con esto. Empieza aquí. Empieza viendo esto.
Y lo más divertido es que, cuando ves esto, dejas de querer otra cosa.
Porque, cuando ves esto, también ves que basta con ello.
Basta con estar sentado aquí, en esta silla, respirando. Esto es más que suficiente.
Y, cuando ves esto, debes sumirte en la vida ordinaria. Todavía debes despertar por la mañana, vestirte, dar una vuelta, acarrear agua, cortar leña y hacer las cosas que habitualmente solías hacer.
Nada ha cambiado y todavía tienes que vivir una vida completamente ordinaria.
Pero, al mismo tiempo, todo ha cambiado, porque la gravedad ha desaparecido, la seriedad se ha desvanecido y la búsqueda ha concluido.
El buscador ha muerto.
Y, cuando nada ha cambiado y todo ha cambiado, te das cuenta de que, desde el mismo comienzo, lo único que ha existido es el milagro.
Este libro aspira a compartir una posibilidad, la posibilidad de que la búsqueda concluya con la desaparición de la sensación de ser un individuo separado y la correlativa zambullida en el Amor Incondicional.

miércoles, 13 de noviembre de 2019

NA AUSENCIA MUY PRESENTE (CONFESIONES) - Jeff Foster (1)


Lo único que hay aquí es esto. Sólo lo que está sucediendo.
Por más espantoso que parezca,
cuando se lo escucha atentamente, resulta muy liberador.
* * *
La liberación no pone fin a la vida,
lo único que entonces ocurre es que uno desaparece.
Y la vida,
como siempre ha hecho,
se vive a sí misma.
* * *
Es el paso
de la persona sentada en una silla
al simple estar sentado en una silla.
El paso
de la persona caminando por la calle
al simple caminar por la calle.
El paso
de la persona que vive su vida
al simple suceder de la vida.
Pero no se trata de un cambio que tenga lugar en el tiempo.
De hecho, siempre está ocurriendo.
* * *
Quien lee estas palabras es el mismo que las escribió.
En esta frase se resumen todas las respuestas.
* * *
¡Qué extraordinario es no tener la menor idea
de lo que está a punto de ocurrir!
¡Qué extraordinario es dejar que la vida te sorprenda!
¡Qué extraordinario es despertar cada mañana
como un recién nacido,
despojado de pasado,
y saber que todo ocurrirá exactamente
cómo debe ocurrir!
Saber que no hay nada más elevado, nada más espiritual
ni más noble que levantarse cada mañana de la cama,
cepillarse los dientes, vestirse e ir a dar un paseo
sabiendo que no hay nada que entender.
Vivir cada día, cada hora y cada momento,
sabiendo que ése es siempre tu último día, tu última hora
y tu último momento.
Y saber también que el último día es el primero.
Ver la presencia en todas y cada una de las cosas.
Contemplar el mundo
y ver en él tan sólo el reflejo de un amor sin nombre.

domingo, 10 de noviembre de 2019

Cuentos y fábulas de Buda - El increíble Ki (grito)


Un Maestro de combate a mano desnuda enseñaba su arte en una ciudad de provincia. Su reputación era tal en la región que nadie podía competir con él. Los demás profesores de artes marciales se encontraban sin discípulos. Un joven experto que había decidido establecerse y enseñar en los alrededores quiso ir un día a provocar a este famoso Maestro con el fin de terminar con su reinado.
El experto se presentó en la escuela del Maestro. Un anciano le abrió la puerta y le pregunto que deseaba. El joven anunció sin dudar su intención. El anciano, visiblemente contrariado, le explicó que esa idea era un suicidio ya que la eficacia del Maestro era temible.
El experto, con el fin de impresionar a este viejo medio chocho que dudaba de su fuerza, cogió una plancha de madera que andaba por allí y de un rodillazo la partió en dos. El anciano permaneció imperturbable. El visitante insistió de nuevo en combatir con el Maestro, amenazando con romperlo todo para demostrar su determinación y sus capacidades. El buen hombre le rogó que esperara un momento y desapareció. Poco tiempo después volvió con un enorme trozo de bambú en la mano. Se lo dio al joven y le dijo:
El Maestro tiene la costumbre de romper con un puñetazo los bambúes de este grosor. No puedo tomar en serio su petición si usted no es capaz de hacer lo mismo.
El joven presuntuoso se esforzó en hacer con el bambú lo mismo que había hecho con la plancha de madera, pero finalmente renunció, exhausto y con los miembros doloridos. Dijo que ningún hombre podía romper ese bambú con la mano desnuda.
El anciano replicó que el Maestro podía hacerlo. Aconsejó al visitante que abandonara su proyecto hasta el momento que fuera capaz de hacer lo mismo. Abrumado, el experto juró volver y superar la prueba.
Durante dos años se entrenó intensivamente rompiendo bambúes. Sus músculos y su cuerpo se endurecían día a día. Sus esfuerzos tuvieron sus frutos y un día se presentó de nuevo en la puerta de la escuela, seguro de sí. Fue recibido por el mismo anciano. Exigió que le trajeran uno de esos famosos bambúes de la prueba y no tardo en calarlo entre dos piedras. Se concentró durante algunos segundos, levanto la mano y lanzando un terrible grito rompió el bambú. Con una gran sonrisa de satisfacción en los labios se volvió hacía el frágil anciano. Este le declaró un poco molesto:
Decididamente soy imperdonable. Creo que he olvidado precisar un detalle: el Maestro rompe el bambú… sin tocarlo.
El joven, fuera de sí, contestó que no creía en las promesas de este Maestro cuya simple existencia no había podido verificar. En ese momento, el anciano cogió un bambú y lo ató a una cuerda que colgaba del techo. Después de haber respirado profundamente, sin quitar los ojos de bambú, lanzó un terrible grito que surgió de lo más profundo de su ser, al mismo tiempo que su mano, igual que un sable, hendió el aire y se detuvo a 5 centímetros del bambú… que saltó en pedazos.
Subyugado por el choque que acababa de recibir, el experto se quedó durante varios minutos sin poder decir una palabra, estaba petrificado. Por último, pidió humildemente perdón al anciano Maestro por su odioso comportamiento y le rogó que lo aceptara como discípulo.

viernes, 8 de noviembre de 2019

Atisha (10)


No caigas en la trampa del demonio celestial.
Al ego se le llama el demonio celestial. Cada momento de tu vida tiene que convertirse en un recordatorio continuo de que el ego es muy sutil y de que regresa una y otra vez de la forma más astuta. Recuérdalo constantemente. El ego te sigue hasta el final, mantiene las esperanzas de que caigas en la trampa hasta el ultimísimo momento. Sé consciente de ello.
En las escrituras cristianas, mahometanas y judías al ego se le llama el demonio. Se trata de tu propia mente, el centro mismo de tu propia mente.
Al principio, prueba a vivir sin «yo» por algunos momentos.
Estás cavando un hoyo en el jardín, simplemente cava el hoyo, conviértete en el cavar y olvídate de que «yo lo estoy haciendo». Deja que se evapore el que lo hace. Sudarás bajo el sol, y no habrá quién lo haga; y el cavar continuará. Y te vas a admirar de lo divina que es la vida cuando el ego desaparece, aunque sólo sea por un instante.
Al ducharte, deja que el agua caiga sobre ti, pero no te quedes ahí como «yo». Relájate, deja el «yo»; y te admirarás. La ducha no sólo refresca tu cuerpo, sino que refresca también tu núcleo más interno.
Y si buscas, en la vida diaria encontrarás muchos momentos en los que se puede dejar el ego a un lado. Y la alegría de ello es tan grande, que una vez que lo has probado querrás hacerlo una y otra vez. Y poco a poco, te vuelves capaz de desconectar el ego y de mantenerlo así a no ser que sea absolutamente necesario.
Y después, llega también el día dichoso en que sabes que el ego no es necesario en absoluto. Y le dices el último adiós. El día en que muere el ego, has alcanzado el punto del no-yo. Ése es tu verdadero ser. El no ser es tu verdadero ser. No ser es ser por primera vez.


miércoles, 6 de noviembre de 2019

Atisha (9)


No mantengas puntos de vista equivocados.
Todos los puntos de vistan está equivocados. La vida tiene que vivirse sin puntos de vista, la vida hay que vivirla en contacto inmediato con la realidad. Pero si esto no es posible, entonces por lo menos no mantengas puntos de vista equivocados. ¿Cuáles son los puntos de vista equivocados? Puntos de vista que se basan en prejuicios, odio, ira, avaricia, ambición, violencia.
Lo primero es: no mantengas puntos de vista. Vive la vida sin filosofías. No se necesita ninguna filosofía para vivir la vida; de hecho, la mejor vida y la más gloriosa es la que se vive sin filosofías. Una vida simple, inocente, espontánea.
Pero si eso ahora mismo no es posible, entonces, empieza al menos abandonando los puntos de vista equivocados. No vivas con prejuicios, no vivas con ira, no vivas en un estado de odio, no vivas con avaricia y ambición, no vivas de sueños. Sé más real, sé más realista. Estate un poco más alerta, más atento, observando cada acto cuidadosamente, porque cada acto crea una cadena de acciones. Lo que hagas quedará en el mundo incluso después de que te hayas ido, porque la cadena continuará. Si no puedes hacer algo hermoso en el mundo, por lo menos no hagas algo feo. La posibilidad más elevada es vivir sin puntos de vista, simplemente vivir, simplemente ser. La segunda mejor es: por lo menos deja la parte negativa y sigue la positiva. Y poco a poco verás que si puedes dejar la parte negativa también la positiva se puede dejar. De hecho, dejar la negativa es más difícil que dejar la positiva.
La persona que puede dejar el no, puede dejar el sí fácilmente, porque él no fortalece al ego más que el sí. La persona que puede dejar la ira, el odio y la avaricia puede dejar fácilmente los sentimientos positivos. Y la trascendencia de todas las dualidades es la meta última de Atisha y de todos los grandes maestros.


lunes, 4 de noviembre de 2019

Atisha (8)


No traslades la carga de la vaca al toro.
La gente está siempre tratando de encontrar chivos expiatorios. Como no pueden responder al fuerte, se vengan con el débil.

Hay una historia de Mulla Nasruddin. Mulla se encontraba en la corte de un gran rey. Era el bufón de la corte. Y dijo algo muy gracioso, pero el rey se sintió ofendido y le dio una bofetada. Ahora Mulla quería devolvérsela, pero hacerlo era arriesgado, hacerlo era peligroso, así que abofeteó al hombre que estaba de pie a su lado.
El hombre se quedó sorprendido y dijo:
—¿Qué haces? Yo no te he hecho nada.
Y Mulla respondió:
—¿Por qué discutes conmigo? Puedes sacudir al que está a tu lado. El mundo es grande, cuando la bofetada venga de vuelta, ya veremos. Ahora déjala fluir: pásasela al siguiente.

Eso es lo que hace la gente, eso es en realidad lo que hace la gente. No es tan sólo una historia. El jefe humilla al marido y cuando éste llega a casa le lanza su ira a la mujer sin razón ninguna. O quizá encuentre una razón, siempre puedes encontrar una razón, es muy fácil encontrarla. Las verduras tienen demasiada sal o el pescado está quemado, o cualquier otra cosa. ¡Cualquier cosa! El marido encontrará una razón y estará convencido de que su enojo se debe a esa razón.

La verdad es que está enojado con su jefe. Pero el jefe es un hombre poderoso. Si el empleado dice cualquier cosa, puede ser peligroso, puede costarle el puesto. Así que mientras el jefe le insultaba, él sonreía; se puso a menear el rabo. Ahora proyecta al jefe en su mujer.
Si la historia sucede en los países de Occidente, la mujer puede también saltar sobre el marido. Pero si sucede en Oriente, la mujer no puede hacer nada. En Oriente, los maridos les han inculcado a las mujeres que ellos tienen que ser tratados como dioses. La mujer no puede decir nada; tendrá que esperar a que el hijo venga del colegio para entonces hacer con él lo que quiso hacer con el marido. La madre golpeará al niño. El niño ha llegado tarde, ha vuelto a romper la ropa, ha vuelto a hacer esto y lo otro, ha vuelto a juntarse con malas compañías.
Y ¿qué puede hacer el niño? Se meterá en su habitación y golpeará o destrozará sus juguetes. Y así sigue la bola.
Atisha dice: por favor, no transfieras cosas; si lo haces, estarás toda la vida transfiriendo y transfiriendo. Responsabilízate, arriésgate. Responde a la situación, cueste lo que cueste. No traslades la “carga de la vaca al toro”.


viernes, 1 de noviembre de 2019

Atisha (7)


No golpees al corazón
Atisha está diciendo: critica la opinión de la gente, critica sus ideologías, critica sus sistemas de pensamiento, critícalo todo, pero nunca critiques el amor de nadie, nunca critiques la confianza de nadie. ¿Por qué? Porque el amor es tan valioso, la confianza es tan inmensamente valiosa... el destruirlos, el criticarlos, el hacerlos pedazos por el método que sea, es el mayor daño que se le puede hacer a cualquiera.
Puedes criticar la opinión —la opinión debe ser criticada—, pero no el corazón. Cuando veas algo que pertenece al corazón, evita la tentación de criticarlo.
La gente hace justo lo contrario. Pueden tolerar tu ideología, pueden tolerar tu opinión, pero en el momento en que ven tu amor, tu confianza, saltan sobre ti. No pueden tolerar tu confianza; no la pueden soportar.
Te dirán que eso es hipnosis, que te han hipnotizado, que te han engañado, que vives en una ilusión; que el amor es locura, que el amor es ciego; que la lógica tiene ojos y el amor es ciego.
La verdad es justamente lo opuesto. La lógica es ciega, ¡critícala! El amor tiene ojos, sólo el amor tiene ojos, porque sólo el amor puede ver a Dios. Critica las creencias, porque las creencias no son nada excepto dudas escondidas detrás de bellas palabras. Critica las creencias, pero no critiques la confianza de nadie.
Y ¿cuál es la diferencia? La confianza tiene la cualidad del amor. La creencia es una forma de acercamiento racional. Si alguien dice: «Creo en Dios porque hay pruebas de su existencia», entonces critícale, porque las pruebas sólo demuestran la creencia. Pero no critiques a alguien que diga: «Amo a Dios. No sé por qué, sencillamente le amo. El amor me invade. No tengo pruebas; de hecho, todas las pruebas están en su contra, pero aun así le amo.»
Recuerda la famosa frase de Tertuliano, un gran místico cristiano: credo quia absurdum...
Alguien preguntó a Tertuliano: —¿Por qué crees en Dios?
Y él dijo:
—Porque Dios es absurdo. Porque no se puede creer en él, por eso creo en Dios.
Se puede creer en cualquier cosa, pero en Dios no se puede creer. Pero creyendo en aquello en lo que no se puede creer, uno crece. Eso es intentar alcanzar lo imposible.
Así que cuando veas a alguien que tenga amor, alguien que tenga confianza, evita la tentación de criticarle. Criticarlo es fácil, lanzar veneno a la historia de amor de alguien es fácil. Pero no sabes que así eres destructivo; no sabes que así destruyes algo de inmensa belleza. Has lanzado una roca contra una rosa.