sábado, 15 de marzo de 2025

El tigre, el bracmán y el chacal - Cuentos de la India y (2)

 Regresaron, pues, junto a la trampa en donde el tigre esperaba el regreso del brahmán.

- Has tardado mucho -le reconvino. - Pero, en fin, te perdono. Disponte a servirme de cena.

- Dadme unos minutos -pidió el brahmán. - Quisiera explicar al chacal cómo ha ocurrido la cosa. Es un poco duro de cabeza y no me ha entendido bien.

El tigre consintió en ello y el brahmán empezó de nuevo la historia, sin omitir detalle alguno.

- ¡Qué cabeza la mía! -dijo el chacal, apretándose las sienes. - Repetid otra vez ese cuento. Vos estabais en la trampa, y en esto aparece el tigre...

- ¡Idiota! exclamó el tigre. - Yo era quien estaba dentro de la trampa.

- ¡Sí, sí, claro, ya comprendo! Yo estaba dentro de la trampa y... -el chacal se apretó de nuevo las sienes. - ¡No, no era yo! ¡No sé cómo tengo el

cerebro! El tigre había caído dentro del brahmán y llegó la jaula... ¡No, tampoco es esto!

- ¡Claro que no! -rugió el tigre, enfadado por la estupidez del chacal. - Te lo

voy a explicar gráficamente, con detalles. Yo soy el tigre, ¿me entiendes?

- Sí, señor tigre.

- Este es el brahmán.

- Sí, señor tigre,

- Yo estaba dentro de la trampa. Yo, ¿entiendes?

- Sí... No... no le entiendo mucho, ¿podría...?

- ¿Qué? -aulló impaciente el tigre.

- ¿Podría explicarme cómo cayó en la trampa?

- ¿Cómo? Pues como se cae en una trampa.

- No, no, así no nos entenderemos. La cabeza vuelve a darme vueltas.

¿Cuál es la manera de caer dentro de una trampa?

Al oír esto el tigre agotó la paciencia y saltando dentro de la trampa gritó:

- ¡Esta! ¿Has entendido ahora cómo es?

- Perfectamente -sonrió el chacal, y cerrando diestramente la puerta, añadió:

- Con vuestro permiso, señor tigre, os diré que ahora las cosas quedan como antes y podréis reflexionar acerca de la conveniencia de cumplir la palabra que se da.


jueves, 13 de marzo de 2025

El tigre, el bracmán y el chacal - Cuentos de la India (1)

Hubo una vez un tigre que cayó en una trampa. En vano trató de salir por entre los barrotes; tuvo que darse por vencido y lo proclamó con fuertes rugidos.

Por casualidad un brahmán pasaba por allí y al verle el tigre le dijo:

- Por favor, venerable santo, ayúdame a salir.

- De ninguna manera, amigo mío -replicó el brahmán. - Si lo hiciese me devorarías.

- No lo haré -aseguró el tigre. - Al contrario, te quedará eternamente agradecido y seré tu esclavo. 

Tantas fueron las lágrimas que vertió el tigre, que el santo hombre se compadeció de su infortunio y consintió en abrir la trampa.

Libre, el tigre saltó sobre el brahmán, y le dijo:

- ¡Qué estúpido has sido! ¿Quién puede impedirme devorarte en un momento? He estado encerrado mucho tiempo y me muero de hambre.

En vano intentó el brahmán convencerle de lo injusto de su sentencia; la única cosa que logró fue que el juez se atuviera al juicio de las tres primeras cosas a quienes el brahmán interrogara. Si éstas decidían que la condena era injusta, el tigre no lo devoraría.

El brahmán interrogó primero a una acacia, pero el árbol le contestó fríamente:

- ¿De qué te quejas? ¿No doy yo sombra a los cansados pastores y sin embargo ellos arrancan mis ramas para alimentar el ganado? No llores; sé hombre.

El brahmán siguió su camino hasta encontrar un cebú que hacía girar una noria. Sin embargo, la respuesta que obtuvo no fue mejor que la anterior.

- ¡Eres un imbécil si confías en la gratitud! ¡Fíjate en mí! Mientras he dado leche me han alimentado a cuerpo de rey, pero ahora que ya no sirvo para ello, me atan a esta noria que terminará conmigo.

El brahmán reanudó la marcha por la carretera, a la cual preguntó su opinión acerca del caso.

- Lo encuentro muy natural, santo padre -replicó la carretera. - Lo que no encuentro natural es que vos, esperaseis otro pago. ¡Fijaos en mí! Soy útil a todos, ricos y pobres, grandes y pequeños, y ¿qué obtengo de ello? Que me abran profundos surcos en mi carne y me tiren los residuos de sus comidas.

El brahmán, abatido, apartóse del camino. En esto tropezó con un chacal que le preguntó:

- ¿Qué os ocurre, santo brahmán? Parecéis como un pez fuera del agua.

El brahmán explicó al chacal lo que le ocurría.

- ¡Qué historia tan enredada! -exclamó el chacal. - ¿Queréis repetírmela de nuevo, a fin de que me haga cargo de todo lo que ha pasado?

El brahmán repitió su historia, pero el chacal movió la cabeza indicando que no entendía aún.

- Es muy extraño -murmuró, - pero me da la impresión de que me entra por un oído y me sale por otro. Será mejor que vayamos al sitio donde ha ocurrido eso y así, tal vez, pueda entenderlo mejor.


martes, 11 de marzo de 2025

La hermosa Laili - Cuentos de la India y (3)

Los soldados condujeron a Laili a presencia del Rajá, a quien dijo:

- He venido a casarme contigo. Hace veinticuatro años fuiste a cazar a las tierras de mi padre, el Rajá de Falana. Entonces quise casarme contigo, pero te marchaste antes de que pudiera decírtelo y desde entonces te he buscado por toda la India.

- Perfectamente -replicó el Rajá. - Nos casaremos cuando tú quieras.

- Antes es necesario que pidas a Kuda que nos vuelva otra vez jóvenes.

El soberano rogó a Kuda que devolviese la juventud que él y la princesa habían perdido, y Kuda, le susurró al oído:

- Toca las ropas de Laili y arderán. Cuando se apaguen las llamas, ella y tú seréis de nuevo jóvenes.

Así ocurrió y durante varias semanas el reino celebró grandes festejos en señal de alegría por el casamiento de su soberano con la hermosa princesa Laili.

Al cabo de un tiempo de casados, el Rajá y Laili se trasladaron al reino de Falana, a visitar a los padres de la princesa. Estos, habían llorado tanto la pérdida de su hija que estaban ciegos, pero Kuda, accediendo a los ruegos de Laili, les devolvió la vista.

Para celebrar este acontecimiento hubo numerosos festejos en el reino, y los esposos permanecieron allí durante tres años.

Transcurrido este tiempo se despidieron del Rajá Munsuk y regresaron al reino de Maxnun.

De cuando en cuando, los esposos solían a cazar, y un día el Rajá quiso entrar en una selva muy espesa.

- No entremos -le dijo Laili. - Tengo el presentimiento de que en esta selva puede ocurrirnos algo malo.

Maxnun se rió de los temores de su esposa y la hizo entrar en la selva.

Kuda que les observaba desde el cielo se dijo:

- Me gustaría saber cuánto quiere Maxnun a Laili. ¿Se sentirá muy desolado si muriese? ¿Volvería a casarse? Voy a verlo.

Llamando a uno de sus ángeles le ordenó que descendiera a la selva adoptando la forma de un faquir. El ángel lo hizo así, y al llegar encima de la princesa, tiró unos polvos mágicos, y Laili cayó al suelo convertida en un montón de pavesas.

El Rajá Maxnun lloró copiosamente al ver a su amada Laili convertida en cenizas, y lanzando grandes sollozos regresó a su palacio, del cual no salió en muchos años.

Al fin, el dolor fue menguando, y de nuevo reanudó sus paseos con su amigo Husain. Los cortesanos le aconsejaron que volviera a casarse, pero el Rajá se negó.

- Mi esposa sólo será Laili -contestó firmemente.

- Pero ¿cómo puedes casarte con Laili, si está muerta? -le preguntó Husain. - Ella no puede volver a ti.

- Entonces no tendré otra esposa.

Al pronunciar el Rajá estas palabras, sonó un trueno y de un rosal próximo cayó una rosa al suelo. Una nubecilla de humo brotó de la flor, y al disiparse, apareció más bella que nunca la princesa Laili.

Maxnun se arrodilló ante ella y derramando abundantes lágrimas, le juró que nunca más dejaría de seguir su consejo.

Y cuentan las crónicas del país, que los dos soberanos reinaron más de cien años, sin que ninguno de ellos envejeciera nunca.

El día en que cumplía el siglo de su reinado, Maxnun y Laili, salieron al mirador de su palacio y en aquel momento sonó un trueno lejano y el cielo se oscureció unos segundos. Cuando volvió a hacerse la luz, los esposos habían desaparecido, y cuando los cortesanos salieron al mirador en su busca, vieron sorprendidos que de las losas de mármol habían brotado toda clase de rosas.

Y aunque jamás se regaron, aquellos rosales siguieron viviendo en el mármol y fuera verano o invierno, siempre tenían rosas.

Cuentan los palaciegos que cada vez que se cumple un nuevo centenario de la desaparición de los reyes, las rosas se agitan, aunque no haga viento, y en el mirador se oye una voz femenina que dice:

- Maxnun, Maxnun.

Y una voz de hombre replica:

- Laili, Laili.


sábado, 8 de marzo de 2025

La hermosa Laili - Cuentos de la India (2)

Al oír dentro de su estómago estas palabras, Roú llevóse un susto enorme, y queriendo huir de la extraña cosa, metióse dentro del río y nadó, nadó, durante doce años hasta que ya no pudo más, que fue al llegar al reino de Falana.

Un chacal que tomaba el sol junto al río quedó muy asombrado al oír al pez gritar:

- Maxnun, Maxnun; quiero casarme con Maxnun.

- ¿Qué te ocurre, Roú? -preguntó.

- No lo sé -replicó con lágrimas en los ojos el pez. - Tengo algo dentro de micuerpo que me hace hablar como los humanos. ¿Quieres decirme qué es?

- Tendré que meterme dentro de tu cuerpo, pues desde fuera no puedoverlo.

- Métete -contestó Roú.- Quiero verme libre de una vez de esta molestia.

El pez abrió la boca todo lo que pudo, y el chacal metióse dentro de él. A los pocos minutos salió asustado, diciendo:

- Roú, tienes una bruja dentro del cuerpo. Me marcho porque tengo miedo de que me coma.

Tras el chacal llegó una enorme serpiente, que se detuvo ante el pez, al oírte decir:

- Maxnun, Maxnun; quiero casarme con Maxnun.

- ¿Qué significan esas voces? -preguntó.

- Por favor -suplicó Roú, - dime qué es lo que tengo dentro del estómago.

- Abre la boca y me meteré hasta tu estómago, y así descubriré este misterio.

El pez abrió de nuevo la boca, y la serpiente se deslizó hasta su estómago, de donde salió al momento, diciendo asustada:

- En el estómago tienes una bruja terrible, y si no la sacas pronto de tu cuerpo, acabará devorándote.

- Pero ¿cómo me desharé de ella? -contestó muy triste el pez.

- Hay un medio. Si quieres te abriré el vientre con un cuchillo y te sacaré ala bruja.

- Pero si haces eso me matarás.

- No lo creas, porque luego te daré una medicina y quedarás igual que antes.

Convencido por estas palabras, Roú consintió en que le abriesen el vientre, y la serpiente, armada de un cuchillo muy afilado, hizo un largo corte, por el cual salió Laili.

La princesa era ya muy vieja. Doce años había pasado en la selva virgen, y otros doce en el estómago de Roú; no era ya una belleza, y le faltaban todos los dientes.

La serpiente, entregó al pez una botella lleno de un líquido mágico, y tomando sobre sus lomos a la princesa, la condujo al palacio del Rajá Maxnun.

Unos soldados que le oyeron decir: "Maxnun; ¿dónde estás?", lepreguntaron qué buscaba.

- Quiero ver al Rajá -contestó la princesa.

Los soldados avisaron al Rajá, diciéndole:

- Una vieja muy vieja, quiere veros, Majestad.

- Hacedla pasar y que exponga sus deseos -contestó el soberano.


jueves, 6 de marzo de 2025

La hermosa Laili - Cuentos de la India (1)

Érase una vez un Rajá llamado Dantal, poseedor de montones de rupias, soldados, caballos y elefantes. Tenía también un hijo llamado el príncipe Maxnun, que era un jovencito de dientes como perlas, mejillas sonrosados, cabello color de fuego, labios como rubíes, y cutis como la nieve que cubre las cimas del Himalaya.

Al príncipe le gustaba mucho jugar con Husain, el hijo del Visir, y se pasaban los dos las tardes en los jardines del Palacio, que estaban llenos de árboles y flores. Con sus cuchillos de oro, los dos niños mondaban los frutos y se los comían. También iban los dos a estudiar a las órdenes del profesor que el Rajá había tomado para su hijo.

Un día, cuando los dos muchachos se hubieron convertido en hombres, el príncipe dijo a su padre:

- Husain y yo quisiéramos ir de caza.

El soberano no opuso el menor inconveniente, y los dos jóvenes mandaron preparar sus caballos y arreos de caza. El lugar que escogieron para cazar fue la región de Falana, más no obstante pasar el día entero en ella, sólo encontraron chacales y pájaros pequeños.

El Rajá de la región de Falana, se llamaba Munsuk, y tenía una hija de peregrina belleza, la princesa Laili. Esta princesa recibió una noche la visita de un ángel que le envió Kuda con la orden de que debía casarse con el príncipe Maxnun. Al despertarse, la princesa contó a sus padres la visión del ángel, pero el Rajá no prestó atención.

Desde aquella noche, Laili no dejaba de pronunciar el nombre del esposo que Kuda le destinaba.

- Maxnun, Maxnun; quiero casarme con Maxnun.

Hasta durante las comidas pronunciaba el nombre del Príncipe. Y a tal extremo llegó, que su padre, irritado, le preguntó un día.

- Pero ¿quién es ese Maxnun? ¿Quién ha oído hablar de él?

- Es el hombre con quien Kuda me ha ordenado que me case.

Pasaron los días y Maxnun y Husain llegaron a la región de Falana. La hermosa Laili, que había salido a respirar el puro aire del campo, y por casualidad encontróse detrás de los cazadores, iba murmurando como de costumbre:

- Quiero casarme con Maxnun; Maxnun, Maxnun. El príncipe oyó su nombre, y volviéndose preguntó:

- ¿Quién me llama?

Laili, le miró fijamente y al momento quedó locamente enamorada.

- Estoy segura de que ese es el príncipe Maxnun con quien tengo que casarme.

Sin esperar más, corrió a Palacio y le dijo a su padre que deseaba casarse con el príncipe Maxnun que había llegado al país.

- Muy bien -replicó el padre, - te casarás con él. Mañana le pediremos que acceda a ser tu esposo.

La princesa consintió en esperar, aunque estaba muy impaciente. Pero ocurrió que el príncipe y su amigo abandonaron aquella misma noche el reino de Falana, y cuando se enteró de ello la princesa, creyó enloquecer de dolor. Sin hacer caso de sus padres ni de sus servidores, corrió a la selva y se fue alejando, murmurando mientras caminaba:

- Maxnun, Maxnun; ¿dónde estáis?

Y así caminó durante doce años.

Al cabo de este tiempo encontró un faquir (en realidad era un ángel, pero la princesa lo ignoraba), que le preguntó:

- ¿Por qué vas diciendo "Maxnun, Maxnun; quiero casarme con Maxnun"?

- Soy la hija del Rajá de Falana, y quiero encontrar al príncipe Maxnun.

Dime dónde está su reino.

- No creo que jamás consigas llegar allí -replicó el faquir. - Ese reino está muy lejos y tendrás que cruzar infinidad de ríos.

Laili replicó que no le importaba, que su único deseo era llegar junto al príncipe Maxnun.

- Está bien -replicó el faquir. Cuando llegues al río Bagirati encontrarais un enorme pez que se llamó Roú. Pídele que te lleve al país del príncipe Maxnun.

La princesa llegó al río Bagirati y vio en efecto un enorme pez que se llamaba Roú. En aquel momento estaba bostezando y, sin vacilar un momento, Laili se lanzó dentro del cuerpo del pez. Mientras hacía esto iba murmurando:

- Maxnun, Maxnun; quiero casarme con Maxnun.


martes, 4 de marzo de 2025

La cigüeña cruel y el cangrejo listo - Cuentos de la India

En un espeso bosque había un pequeño estanque lleno de truchas. Como la estación era muy calurosa y el río que vertía sus aguas en el estanque muy poco caudaloso, pronto los peces se encontraron con que el lugar les resultaba bastante incómodo.

Una blanca cigüeña que les estaba observando se dijo:

- Es necesario que encuentre la manera de engordar a esos peces y convertirlos en mi comida.

Mientras buscaba la solución el problema, acercóse al estanque y se sentó a su orilla.

Al cabo de un rato, los peces, extrañados de verla allí, le preguntaron en qué pensaba.

- En vosotros -contestó el ave.

- ¿De veras? ¿Y qué es lo que piensas?

- Pues me decía que en este estanque hay muy poca agua y por lo tanto muy poca comida, por lo cual muchos de vosotros no tendréis apenas qué llevaros a la boca.

- Eso que dices es verdad -contestó un viejo barbo. - Pero ¿qué solución puede haber a un problema semejante?

- Hay una solución muy sencilla. Si queréis os llevaré a un estanque que hay cerca de aquí. Es un estanque muy profundo y está lleno de flores de loto. Puedo cogeros uno por uno, con el pico, y trasladaros a ese lugar.

- No estaría mal si fuese verdad, pero las cigüeñas tenéis la mala costumbre de comeros a los peces, y ya comprenderéis que no vamos a exponernos a perder la vida.

- Estáis muy equivocados; ni por un momento se me ha ocurrido comerme a ninguno de vosotros. Si queréis, puedo llevar a uno de vosotros a que vea el estanque tan hermoso que hay a pocos pasos de aquí. Si vuelve con vida será señal de que no quiero causaros daño alguno.

Estas palabras convencieron algo a los peces, quienes delegaron a uno de ellos para que hiciera el viaje en el pico de la cigüeña. Era una trucha vieja y tuerta, que había demostrado en mil ocasiones que era suficientemente capaz de salir por sí misma de cualquier apuro.

El ave cogió con todo cuidado a la trucha y la llevó a que viese el magnífico estanque. Después la devolvió con sus compañeras, a las cuales explicó que la cigüeña había dicho verdad al describir el estanque.

Los peces celebraron consejo y al fin decidieron trasladarse al otro estanque, y así se lo comunicaron a la cigüeña, quien emprendió el primer viaje con la trucha tuerta.

Al llegar junto al estanque, en vez de tirar la trucha al agua, el ave la mató de un picotazo y se la comió con gran apetito, tirando las espinas al pie de un árbol.

Cuando hubo terminado con la primera trucha, regresó al estanque diciendo:

- Ya he trasladado al primer pez, ahora trasladaré al segundo.

Y como había hecho con el primero, hizo con las demás truchas y barbos que fueron lo bastante tontos para dejarse engañar por ella.

Sin embargo, aún quedaba un cangrejo muy viejo, y al verle, la cigüeña se dijo que debería estar muy sabroso, tanta era su gordura.

- ¿No quieres reunirte con tus amigos, buen cangrejo? -preguntó con voz dulce la cigüeña.

- Ya quisiera, pero no veo la forma en que me podrás llevar.

- Te sostendré con el pico.

- No podrías, y quizá cayese por el camino.

- No tengas miedo -insistió el ave. - Te aseguro que te sostendré lo mejor que pueda.

El cangrejo reflexionó unos instantes.

- Esa cigüeña es incapaz de coger un pez con el pico y soltarlo en un estanque -se dijo. - Si me trasladase a otro sitio mejor, sería maravilloso, pero si fuera a parar a su estómago me causaría un profundo disgusto.

Seguiré reflexionando.

Pasaron unos minutos, y la cigüeña empezó a impacientarse. Por fin el cangrejo asomó la cabeza fuera del agua y dijo:

- Bien, señora cigüeña, estoy dispuesto a que me trasladéis al estanque ese de que me habéis hablado. Sin embargo, utilizando el sistema que habéis empleado con los demás peces no conseguiríamos nada. Se me ha ocurrido un medio mejor. Con mis tenazas me agarraré a vuestro cuello y así, cuando lleguemos al estanque no tendré que hacer más que soltarme y caer al agua.

- Perfectamente -asintió la cigüeña. Y bajando la cabeza dejó que el cangrejo se le cogiese al cuello con sus fuertes tenazas.

Al llegar junto al estanque de los lotos, el cangrejo vio que la cigüeña no se dirigía hacia el agua, sino hacia el árbol junto al cual había devorado a los demás peces.

- ¡Eh, amiga! -llamó el cangrejo. - El estanque está en otro sitio. ¿Dónde me

lleváis?

- ¿Por quién me habías tomado? -replicó furiosa la cigüeña. - ¿Crees acaso que soy tu esclava? Si te he traído aquí ha sido para comerte, lo mismo que he hecho con tus demás compañeros. Al pie de ese árbol tienes sus restos.

- Si mis compañeros fueron lo bastante tontos para dejarse devorar por ti, yo no lo soy. Al contrario, quien va a perecer sois vos, amiga cigüeña. Sin duda no os habéis dado cuenta de que estás en mi poder, y que sí bien yo moriré, vos seréis destruido antes que yo.

Y al decir esto apretó sus tenazas alrededor del cuello del ave.

Este sintió que le faltaba la respiración y gruesas lágrimas brotaron de sus ojos. Vio la muerte muy cerca y como amaba la vida, tartamudeó:

- Os juro que no quería comeros, señor cangrejo. No me apretéis más el cuello y os prometo llevaros al estanque. ¡Os doy mi palabra de honor!

- Bien -asintió el cangrejo. - Si es así llévame al estanque de los lotos.

La cigüeña obedeció presurosa y depositó el cangrejo a la orilla del estanque. Pero el cangrejo, que había sido muy buen amigo de las truchas y los barbos del estanque, decidió vengarlos, y antes de que la cigüeña pudiera retirarse cerró con fuerza sus tenazas y le cortó la cabeza, que cayó dentro del agua.

Al ver esto, el genio que habitaba el sauce, junto al cual la cigüeña había devorado a las truchas, agitó sus hojas y murmuró al viento:

- El malvado nunca prospera en el ejercicio del mal y tarde o temprano acaba como la cigüeña, que se dejó engañar por el cangrejo.


sábado, 1 de marzo de 2025

El violín mágico - Cuentos de la India

Érase una vez siete hermanos y una hermana. Los hermanos estaban casados, pero sus esposas no cocinaban, ya que este trabajo quedaba reservado para la hermana. Por este motivo las esposas sentían una profunda antipatía por su cuñada y decidieron desposeerla de este privilegio, que todas ambicionaban.

- Ella no sale a trabajar a los campos como nosotras, -decía una- sino que permanece sentada en casa y mi siquiera tiene preparadas las comidas a tiempo.

Reunidas todas las cuñadas fueron a ver a un brujo que vivía cerca de su casa y le pidieron les librara de la odiada parienta. El brujo, que les estaba agradecido por unos favores que le habían hecho, prometió hacerlo, y así, al día siguiente, cuando la joven fue a buscar agua para la comida, un genio enviado por el brujo la empujó tirándola al río, donde se ahogó.

Pasó algún tiempo, y un día su espíritu reencarnó en un hermoso bambú que creció junto al río, en el mismo sitio donde ella se había ahogado. Enpocos días alcanzó un tamaño enorme y un yogui que acertó a pasar por allí, lo vio y se dijo que con la madera podía hacerse un magnífico violín. Al día siguiente volvió al lugar con una afilada hacha y se dispuso a cortar el alto y grueso bambú.

En el momento en que se disponía a descargar el primer hachazo, una voz sonó dentro del bambú, diciendo:

- Por favor, no me cortes por la raíz, corta un poco más arriba.

Al disponerse a descargar un golpe en el sitio indicado, volvió a oír la voz del bambú que le decía:

- No, por ahí no cortes, corta por las raíces.

Cuando de nuevo el yogui iba a cortar el bambú por las raíces, el espíritu volvió a hablar:

- Corta más arriba.

Y así continuó hasta que el yogui se dio cuenta de que el espíritu aquel se estaba burlando de él y sin vacilar más, cortó el bambú por las raíces y llevándoselo, se hizo con él un violín, tan magnífico, que cuantos lo oían quedaban maravillados de su tono.

De cuando en cuando visitaba la casa de los hermanos de la ahogada, quienes siempre que oían la música de aquel violín no podían contener las lágrimas. El hermano mayor pidió varias veces al yogui que le vendiera el violín, ofreciéndole mantenerlo un año entero, pero el hombre, que conocía el inmenso valor de su violín se negó a desprenderse de él. 

Ocurrió que un día el yogui fue a visitar al jefe de un poblado y después de tocar unas piezas con el violín, pidió algo para comer.

El jefe del poblado le pidió le vendiera el violín, ofreciéndole por el mismo un elevado precio, pero el yogui se negó a venderlo replicando que el instrumento era su medio de vida.

Cuando el jefe vio que no podría adquirir el violín, decidió emborrachar al yogui, y para ello sirvió una excelente comida acompañada de los mejores vinos. Cuando hubo terminado de comer, el yogui estaba completamente borracho, y valiéndose de su estado, el jefe cambió su violín por otro viejo y malo.

Al volver en sí, el yogui se dio cuenta de que le habían cambiado el violín, y protestó airado, pero el jefe negó haberle robado el instrumento, y al fin tuvo que marcharse con el violín viejo.

El hijo del jefe del poblado había aprendido música y en sus manos el violín daba unas notas tan maravillosas que causaba la emoción de cuantos lo oían.

Cuando todos los habitantes de la casa estaban ausentes, ocupados en sus trabajos en los campos, el espíritu que habitaba dentro del violín salía del mismo y preparaba la comida de la familia.

De momento, los dueños de la casa supusieron que alguna joven que estaba enamorada del hijo del jefe demostraba de aquella manera su amor, y no se molestaron en averiguar quién era, suponiendo que ella misma se presentaría cuando llegara la oportunidad.

Sin embargo, el hijo empezó a sentirse intrigado por aquella constancia y al fin decidió averiguar cuál era la muchacha que tanto se preocupaba por él. Para ello ocultóse detrás de un montón de leña y desde allí vio salir a la joven que habitaba dentro del violín. Con profundo asombro la vio peinarse y preparar la comida, y prendado de su belleza, salió de su escondite y la cogió entre sus brazos y trató de besarla.

- Vete, -exclamó ella. - Tú y yo no podemos casarnos, pues yo soy mitad espíritu y mitad humana.

- De ninguna manera -replicó el joven. - Tú serás de hoy en adelante mi esposa, porque al quererte yo, volverás a ser sólo humana.

Y así fue, y toda la familia se sintió muy feliz al ver a la mujer que el hijo del jefe tomaba por esposa.

Pasaron los años y en la casa reinaba la mayor alegría, pues la joven administraba a la perfección los bienes de su marido, y tanta fue su buena administración que cada día fueron más ricos y poderosos.

En cambio, los hermanos de ella eran cada día más pobres, y llegó un día en que tuvieron que acudir al jefe del poblado, pues ya ni siquiera podían comer.

La joven les reconoció enseguida, aunque ellos no supieron que era su hermana, y después de servirles excelentes viandas, les contó su historia, fingiendo que era la de una amiga suya. Los hermanos se avergonzaron de no haber procurado salvarla, y hasta el final de sus días se lamentaron de su mal proceder.

Y ésta fue toda la venganza de la joven del violín encantado.