jueves, 20 de septiembre de 2018

LA RESISTENCIA QUE OPONEMOS AL MOMENTO PRESENTE - Jeff Foster - Parte 6


Tal vez este hombre no buscara la iluminación, ni fama, ni gloria, pero, en el momento, era un buscador desesperado. Buscaba urgentemente la manera de controlar y rehuir los sentimientos de debilidad e impotencia frente a la vida. En el momento, se convertía en un buscador de poder, de control y, en última instancia, de amor. Buscaba un modo de escapar de lo que sentía, y pegar a sus hijos le proporcionaba, por un momento, esa vía de escape, la liberación que ansiaba.
Superficialmente, parecía tan solo un padre incapaz de controlar su ira ante las travesuras de sus hijos. Pero cuando uno examina lo que sentía en realidad, ve a alguien que se siente absolutamente frustrado, alguien que se siente un completo imbécil, un fracasado como padre y como hombre, impotente, indefenso y débil, y que busca desesperadamente una manera de salir de semejante aprieto. Y ve a alguien que es incapaz de admitir nada de esto, ni a sí mismo ni ante sus hijos. Por debajo de nuestra cólera, siempre encontraremos un dolor o impotencia no aceptados.
Hasta que se dio cuenta de verdad de la búsqueda que había dentro de aquella experiencia, el hombre tenía la impresión de que su sufrimiento era algo que simplemente le ocurría..., de que era una víctima indefensa de la vida, de que quizá estaba genéticamente programado para enfurecerse o de que la respuesta que daba a sus hijos estaba cósmicamente predestinada, de algún modo, y no había por tanto esperanza de que nada cambiara. Sin embargo, al sacar la búsqueda a la luz, como hizo, pudo ver con claridad exactamente por qué sufría y cómo se creaba ese sufrimiento. Sencillamente, no se permitía a sí mismo sentir lo que sentía en el momento. No se permitía sentirse perdido e indefenso, ni siquiera por un momento. No era capaz de percibir la profunda aceptación que había en su experiencia presente de indefensión.
Al ver finalmente de qué escapaba (de la indefensión), se dio cuenta automáticamente de que ya no necesitaba escapar de ella..., de que no sucedía nada por sentirse indefenso, de que el sentimiento de indefensión, en aquel momento, se podía aceptar totalmente. (Más adelante hablaré sobre cómo y por qué es posible aceptar incluso los sentimientos aparentemente más negativos.) El problema era que nunca se había permitido sentirse verdaderamente indefenso, ni siquiera por un momento (y es seguro que alguna vez tendremos que afrontar un momento de indefensión); siempre había dado por hecho que no estaba bien sentirse así. Al comprobar que estaba perfectamente bien sentirse indefenso, en este momento, y que había incluso una extraña alegría y paz en medio de la indefensión, dejó de sentir la necesidad imperiosa de escapar.

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