Aceptar su
sentimiento de indefensión significaba que ya no era una víctima de la vida. La
indefensión ya no tenía dominio sobre él, porque ahora estaba permitido
que el sentimiento apareciera y desapareciera en él. Y lo
que descubrió fue que, al permitirse finalmente sentirse débil e indefenso
—totalmente indefenso—, se sentía menos indefenso y con
más control de sí mismo que nunca. La fuerza no es lo opuesto de la debilidad.
La verdadera fuerza reside en abrazar la debilidad por completo. (Veremos más
adelante cómo, en verdad no hay opuestos en la experiencia presente.)
Cuando ves
lo que buscas, y cuando ves que aquello de lo que intentas
escapar está perfectamente bien, ese reconocimiento es, en sí mismo, el final
de la búsqueda. Ver es el final de la
búsqueda. Y no hay un siguiente paso. No se necesita ningún método.
Más adelante
explicaré con más detalle cómo, en cada momento, todas las distintas partes de
tu experiencia presente han
sido profundamente aceptadas. Pero, por ahora, solo quiero indicar que en toda
experiencia de sufrimiento cuando dejas de enfocar toda tu atención en los
detalles de la situación, en el relato de lo que está sucediendo, en las
circunstancias externas y vuelves realmente a la experiencia presente —a los pensamientos,
sentimientos y sensaciones corporales presentes—, siempre encontrarás la búsqueda,
incluso aunque esa búsqueda esté actuando de maneras muy sutiles. Siempre encontrarás
que hay algo que no te permites experimentar plenamente, algo que inocentemente
intenta expresarse en ti, pero que choca de frente con el miedo y la resistencia.
Siempre encontrarás una invitación a aceptar profundamente este momento, por
muy inaceptable que parezca.
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