lunes, 22 de octubre de 2018

A ti que tienes dudas


A ti que tienes dudas, a ti que no te animas a hablarme, a ti que cuando me hablas no consigues escuchar mi respuesta.
A ti que estás leyendo estas líneas y que te preguntas si algún día serás capaz de conversar conmigo.
Sí, a ti te hablo, para ti son estas palabras.
Reconocerte a ti mismo en tu verdadera dimensión, es el acto de humildad más grande que puedas realizar en tu vida, reconocer al Dios que habita en ti, es lo mismo que ser capaz de reconocer al Dios que habita en el otro, cuando bajas la guardia y escuchas mi palabra, todo lo que te rodea comienza a teñirse de tu propia divinidad.
Mi mensaje pasa por tu mente, no te esfuerces en intentar diferenciar si es tu mente la que te habla o soy yo quien lo hace, mi voz es tan clara y nítida que no tendrás dudas de donde proviene la respuesta que buscas. Mis palabras no requieren explicaciones ni justificaciones, tu alma las recibirá ansiosa y gustosa, pues se sentirá conmovida de darse cuenta de que jamás se alejó de casa.
A ti que quieres escucharme, pero no lo consigues dirijo estas palabras, estés donde estés cierra tus ojos, calma por un segundo tus expectativas y recibe el regalo que tengo para darte, mi regalo representa tu esencia que se manifiesta.
Recibe tu propia divinidad, como si regresara a ti, dale la bienvenida como si hubieses estado separado de ella por un largo tiempo, regocíjate pues los tiempos difíciles han
quedado atrás. Al hijo de Dios no hay nada que lo doblegue, el mundo completo se reordena adecuándose a tu majestuosidad, el velo de la ilusión se levanta y de pronto
me descubres en los ojos de los otros, especialmente en los de aquellos a quien antes le habías dado el poder de dañarte.
No temas reconocerte, muy por el contrario, teme a esa voz que te hace dudar, teme a esa voz que te induce a postergar nuestro encuentro y que te quiere hacer fracasar, tu peor enemigo eres tú mismo.
Estás asustado de reconocer quién eres, pues tanto te han dicho y te has dicho que tienes que hacer méritos para recibirme, tanto te has vanagloriado de lo alejado que estás de mí, que, ahora leyendo estas palabras, tu corazón salta de alegría al darse cuenta de que el velo ha caído.
YO estoy en ti y nada ni nadie podrá impedirlo, ni siquiera tú mismo.

Conversaciones con mi Ser Superior - Jascha




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