Sí, es fácil creer
que no buscas nada cuando todo te va bien, cuando tienes lo que quieres y la
vida se porta bien contigo. Dices: «¡No necesito nada para completarme!
¡Estoy completo!».
Pero entonces pierdes tu dinero, tus posesiones, la salud, a tu pareja, a tu
gurú espiritual, la fama, el éxito, tu aspecto, los recuerdos de tu experiencia
de iluminación;
pierdes el objeto, la persona o la experiencia que pensabas que te
completaba..., y
la consiguiente completitud, la consiguiente soledad, la profunda insatisfacción con
la vida —todo lo que se suponía que tus «poderosos» objetos o personas habían
hecho desaparecer— vuelve a aflorar. Ni el objeto, ni la persona, ni la experiencia
pasajera tenían en realidad ningún poder..., al menos no el poder que tú realmente
anhelabas: el poder de poner fin a la búsqueda, de una vez por todas.
Así es,
normalmente no nos damos cuenta de que estamos buscando hasta que
experimentamos la
pérdida; y la pérdida puede ser algo terrible..., o una auténtica
oportunidad de
comprender que, para estar completos, nunca hemos necesitado lo que
creíamos
necesitar.
¿Qué crees que
necesitas para estar completo? ¿Qué tienes miedo de perder?
¿Qué, en caso de que lo perdieras, te haría estar
incompleto?
La verdadera
libertad no depende de ninguna fuente exterior. La verdadera libertad es ser
libre de toda dependencia, es dejar de depender de las fuentes externas para que
te completen. El cigarrillo, los encuentros sexuales, la afectuosa mirada de un
gurú no pueden darte una libertad permanente. Solo cuando tu atención gire
ciento ochenta
grados para contemplar las olas no deseadas de las que
huyes, existe la posibilidad de quedescubras la libertad total y la paz en tu
propia experiencia.

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