Durante un rato,
el dinero, el cigarrillo, el encuentro sexual, la experiencia espiritual parecen
proporcionarnos alivio de este aprieto; el objeto externo o la persona parecen hacer que
desaparezca la tristeza, la soledad, el miedo, y parecen darnos la completitud que
anhelamos. Me aferró a cualquier cosa que crea que me proporciona integridad. Muchas
enseñanzas espirituales hablan del apego, y ahora podemos entender por qué nos
apegamos: cuando pensamos que esos objetos externos y esas personas nos están dando
integridad, no podemos soltarnos de ellos, porque hacerlo significaría perder la integridad.
Continuar enganchados a ellas puede llegar a ser una cuestión de vida o muerte.
Más
adelante, hablaré de cómo inconscientemente les otorgamos poder a esas personas y objetos
de nuestro mundo que creemos que nos dan integridad, y, al hacerlo, perdemos nuestro
poder y dejamos de confiar en nuestra experiencia. Por eso, el buscador siempre busca un
gurú —algo o alguien que tiene poder sobre él—. El gurú adopta muchas formas
distintas: puede ser un gurú espiritual (que parece tener el poder de la iluminación), un
amante (que parece tener el poder del amor) o una botella de cerveza (que parece tener
un misterioso poder de hacerte sentir mejor). El objeto o la persona teóricamente te
quitan el malestar, durante un tiempo. Durante un tiempo muy breve, el peso del yo, el
peso de la búsqueda desaparece, y sientes un alivio temporal del malestar, del dolor, del
sufrimiento. Cuando estás cerca de tu amante o de tu maestro espiritual, cuando estás
viendo jugar a tu equipo favorito, cuando estás inmerso en la intimidad del encuentro sexual,
en la emoción de los deportes extremos o en las profundidades de la meditación, todo
parece volver a estar bien. La búsqueda se relaja y, durante un rato, dejas de sentir el
peso de ser una ola separada.
Pero he aquí el problema:
cuando retiras el alcohol, el maestro espiritual, el amante o la
actividad, el malestar reaparece, a veces multiplicado. Cuando te separas del objeto buscado —el
objeto de la adicción, aquello que imaginabas que te estaba completando—, la
búsqueda empieza de nuevo. Muchas veces, solo cuando pierdes lo que pensabas que
te completaba te das cuenta de la búsqueda que borboteaba por debajo de ello;
simplemente, no eras consciente de que estuvieras usando a tu «gurú» para que
te completara. La búsqueda era inconsciente.

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