La felicidad es para mí tan natural como para
ti lo es respirar.
La felicidad consiste en recordar quién eres:
manifestación divina en constante creación.
Para ser feliz no necesitas nada, por el
contrario, la felicidad te lo da todo, pues para quien vibra en consonancia con
su esencia todo es posible, nada le es negado al hijo de Dios que se reconoce a
sí mismo como tal.
Paradojamente, cuando estás en estado de
felicidad pareces no necesitar nada, no hay algo en este mundo que luzca brillante
ante el resplandor de tu propia esencia.
¿Por qué te conformarías con piedras si puedes
tener diamantes?
Búscame en tu interior, siente mi viva
presencia, palpita con mi fulgor y entonces te preguntarás ¿qué es la
infelicidad?
Has buscado la felicidad en cada rincón de tu
vida, inventándote metas. Has gastado dinero, tiempo, relaciones, vida y sueños
y ¿Qué has obtenido a cambio? Una lista de
insatisfacciones.
Cada vez que has conseguido alcanzar una meta
ilusoria, ha sido tan corto el placer como corta es la satisfacción del drogadicto
que recibe su dosis.
El placer es tan efímero, que no logra calmar
tus intensas ansias de ser feliz. Cumplida una meta, el placer se agota tan rápido
como rápido se despierta en ti la necesidad de otra meta. Entonces partes otra
vez con tu desquiciado afán, de encontrar afuera lo que tienes adentro.
No hay nada que puedas hacer para ser feliz,
pues la felicidad no se gana, se recupera.
Conversaciones con mi Ser Superior – Jascha

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por participar y hacer más grande esta página.