- No temas -dijo. - Lo que ante todo
hay que hacer es descubrir la verdadera fuerza del mago, pues deseo libertar
también a mi padre y mis tíos a quienes tiene convertidos en piedras y árboles.
Durante tu cautiverio te has mostrado esquiva con el brujo. Pues bien, ahora
haz ver que ya no le odias. Dile que, como has perdido la esperanza de volver a
ver a tumarido, consientes en casarte con él.
Haz lo posible por enterarte de si es inmortal o no.
Balna decidió seguir el consejo de su
hijo. Al día siguiente, hizo llamar a Punchkin y le habló en la forma indicada
por el príncipe.
El brujo, entusiasmado por aquella
noticia, le suplicó que se casara con él lo más pronto posible.
La princesa dijo que antes era
conveniente que ambos tratasen, a fin de ir cobrando confianza, pues, después
de tantos años de ser enemigos, la amistad debía llegar poco a poco.
- Y decidme - añadió. - ¿Sois
realmente inmortal? ¿Os respetará siempre la muerte?
- ¿Por qué me preguntáis eso?
- Porque, habiendo decidido ser
vuestra esposa, deseo estar enterada de todo cuanto pueda ser de importancia
para vos, así evitaré los males que pudieran atacaros.
Satisfecho con esta contestación, el
brujo dijo:
- En verdad no soy como los demás.
Lejos, muy lejos, en plena selva virgen, hay un claro rodeado de altas
palmeras. En él se encuentran seis recipientes llenos de agua, colocados uno
encima de otro. Debajo de esos recipientes hay una jaula con un loro verde. De
la vida de ese animal depende la mía. Si muriese, yo moriría también. Sin
embargo, es muy improbable que lo maten pues, aparte que el lugar es
inaccesible, está defendido por una legión de genios que asesinan a todo el que
consigue
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