viernes, 16 de diciembre de 2022

Pensamientos de Marco Aurelio

Dentro de breves instantes tu cuerpo no será más que cenizas, osamentas desecadas; solo quedará un nombre, ¿qué digo?, ni esto siquiera: el nombre no es más que un ruido vago, un eco lejano. Lo que en mayor estima se tiene en esta vida es solo vanidad, podredumbre, miseria; y esto nos recuerda a los perros juguetones, que terminan por pelearse, o a los niños caprichosos, que ríen un momento y lloran después. La buena fe, el pudor, la justicia y la verdad han huido hacia el Olimpo, lejos de la faz terrena. ¿Qué es, pues, lo que te retiene todavía en este mundo si los objetos sensibles no tienen consistencia ni estabilidad; si tus sentidos, desprovistos de sutileza, están sujetos a sufrir engañosas impresiones; si tus órganos vitales no son más que un vapor de la sangre; si la comunicación entre los mortales es tan efímera? ¿Qué hacer entonces? Esperar con paciencia que tu alma se extinga o que emigre de tu cuerpo. Y en tanto que llegue este momento, ¿qué debes hacer para vivir satisfecho, sino honrar y bendecir a los dioses, hacer bien a los hombres y soportarlos y no hacerles el menor perjuicio, y, en fin, tener presente que todo lo que es ajeno a tu miserable carne y al débil aliento que la anima no es tuyo ni depende de ti?

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