Tus días pueden transcurrir perpetuamente dichosos, si quieres seguir por el buen camino, es decir, si piensas y obras con rectitud. Hay dos prerrogativas comunes al espíritu de Dios y al del hombre como ser racional: la de no hallarse obstruido por otro y la de fundar el bien en intenciones y en actos que están de acuerdo con la justicia, limitando en ella todas sus aspiraciones.

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