Elmer Schettler, el cultivador de soja que mencioné en el Capítulo 1, contó hace poco su experiencia en buscar presagios y tomar conciencia de los dones que nos aportan los animales. "Descubrí que cuando no fuerzo las cosas y dejo que fermenten, por decirlo de alguna manera, obtengo mis respuestas -dijo-. Tengo dos grandes amigos, Tom y Judy Crowley. Tom y yo hablamos una vez por semana, y un día me llamó para invitarme porque era Pascua. Iba volando en mi avión, y de pronto noté que tenía un 119 triple en mi sistema de navegación. Orientación 119, rumbo 119 y velocidad 119. Enseguida me acordé de 1983, cuando leí el libro de Kushner, When Bad Things Happen to Good People. Recordé con claridad que en la página 119 decía que, cuando rezamos, Dios nos manda gente. Cuando leí eso, yo iba en el vuelo 119 de United y era la 1:19 de la tarde. De modo que, mientras iba volando, me dieron escalofríos y pensé que aquél tenía que ser un día significativo.
"Tom, Judy y yo fuimos al servicio de Pascua en la iglesia de la Unidad, y el sermón giró en torno de varias cosas en las que yo estaba pensando. Después, cuando salíamos del estacionamiento, Tom giró "por error" hacia la derecha en vez de la izquierda. Mientras dábamos vuelta, un tejón se cruzó en nuestro camino. Nunca se ven tejones de día. Judy dijo enseguida: `Tenemos que buscar al tejón en el libro de Medicina Animal' (que yo le había regalado). Lo buscamos, y era perfecto, porque el mensaje tenía que ver con ser más firme.
"La idea de fondo es, sí, que rezamos y Dios nos envía mensajes sólo si tenemos la presencia anímica de prestarles atención. El universo nos habla todo el tiempo. Cuando llegué a casa, empecé de manera consciente a pedir `energía de tejón' para que me ayudara a ser firme, no agresivo, sino firme en las áreas de mi vida en las que necesitaba hacerme oír.












