La Décima Revelación sugiere que en la dimensión espiritual hay grupos de almas que son otros aspectos de nosotros mismos. Se nos dice que estos grupos de almas siempre se hallan cerca. Están esperando para darnos energía a medida que aumenta nuestra conciencia y cuando pedimos ayuda para cumplir un propósito más elevado. En la novela, las almas de un grupo tienden a parecerse entre sí y a su miembro que vive una vida terrenal. Wil explica: "Cuando soñamos nos reunimos con nuestro grupo de almas y eso activa la memoria de lo que en verdad queríamos hacer en la situación de nuestra vida actual. Vislumbramos brevemente nuestra intención original. Luego, cuando volvemos a lo físico, retenemos ese recuerdo aunque a veces se exprese a través de símbolos arquetípicos".
Si bien muchos podemos no recordar encuentros como éstos, nos conviene mantener la mente abierta a la idea de recibir apoyo no físico durante nuestro tiempo onírico. Tal vez los grupos de almas sean otra manera de describir la energía psíquica. Jung consideraba los sueños como un torrente de ellos, una secuencia deimágenes que representan cierto flujo de energía. Von Franz dice: "Por eso, al observar los sueños, [el final] es tan importante, porque muestra hacia dónde apunta el flujo de energía... Siempre recuerdo la última frase de un sueño... y entonces sé que hasta ahí llegó el flujo de energía psíquica. Así sabemos hacia dónde fluye la corriente vital debajo de la conciencia y hacia dónde apunta, la dirección en que va. La frase inicial del sueño es importante porque muestra la situación actual, muestra dónde se halla la persona que sueña ahora en este mundo de confusión. Luego viene una secuencia de hechos y la frase final marca el rumbo hacia el cual fluye la energía".

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