martes, 13 de octubre de 2020

Cuentos Sufís - EL VINO


Había un emir que era un buen vividor y apreciaba mucho el vino. Su morada era el refugio de los pobres y de los inconscientes. Su corazón encerraba, como el océano, perlas y oro.
En aquella época, que era la de Jesús, se permitía beber vino. Una noche, nuestro emir recibió la visita inesperada de otro emir cuyo carácter era muy semejante al suyo. Para que nada faltase a su alegría, se hicieron traer vino.
Pero, como quedaba muy poco, el emir llamó a su esclavo y le pidió que fuese a buscar vino a casa de un sacerdote vecino suyo.
"Toma esta cántara, le dijo, y ve a llenarla de vino de ese sacerdote, pues su vino es puro. ¡En una sola gota de esa bebida, se encuentra un efecto que se buscaría inútilmente en un tonel de otro vino!"
El esclavo tomó, pues, una cántara y corrió al monasterio. Adquirió vino y pagó en moneda de oro. Dio guijarros y recibió joyas. ¡Pues el vino, que anima incluso los huesos, cambia, para el que lo bebe, el trono en un vulgar trozo de madera!
Así pues, provisto de su preciosa carga, el esclavo se volvió hacia el palacio
de su amo. Pero, de pronto, apareció en su camino un asceta de aspecto triste.
Su cuerpo estaba como consumido por el fuego de su corazón. Y sus duras pruebas lo habían marcado profundamente. Vivía noche y día en contacto con la tierra y con la sangre. Su paciencia y su lucidez no se apagaban sino pasada la medianoche. Este asceta preguntó al esclavo:
"¿Qué contiene esa cántara?
- ¡Vino! respondió éste.
- ¿Y para quién es ese vino? prosiguió el asceta.
- ¡Para mí amo! respondió el esclavo.
- ¿Cómo es posible buscar la verdad cuando se entrega uno a los placeres de la bebida? exclamó el asceta. ¿Se puede beber el vino de Satanás cuando la razón nos falla? La razón se dispersa sin que nos demos cuenta y conviene añadir razón a la misma razón. ¡Cuando uno se embriaga tan tontamente, se encuentra como el pájaro cogido en el cepo!"
Y, tomando una piedra, la lanzó contra la cántara, que se rompió. El esclavo huyó y fue a refugiarse en la casa de su amo. Este le preguntó si había encontrado vino y el esclavo le contó lo que había sucedido. El emir entró entonces en una violenta cólera y pidió que se le indicara la casa de aquel asceta.
"¡Se ha ganado un buen estacazo! exclamó. ¡Qué especie de asno!
¿Qué podría saber él del orden de la sabiduría? ¡Habrá querido hacerse notar adquirir renombre por la hipocresía! ¡Cuando un loco se enreda en calumnias, el látigo es un excelente remedio para hacer salir a Satanás de su cabeza!"
Vociferando así, con su estaca en la mano el emir llegó, medio ebrio, a la casa del asceta, con la intención de matarlo. El asceta, asustado, se ocultó bajo unos fardos de lana. Al oír desde su escondite las imprecaciones del emir se dijo:
"¡Desde luego hace falta un gran valor para atreverse a decir a la gente la verdad en su cara! Sólo los espejos son capaces de ello. Hay que tener una cara tan dura como un espejo de metal para atreverse a decir a un hombre semejante:
"¡Mira el horror de tu cara!»
Finalmente, el emir acabó por encontrar al asceta y se dedicó a la tarea de molerlo a palos. Hizo tanto ruido que todo el barrio estuvo pronto sobresaltado.
El asceta estaba magullado por todas partes.
¡Oh, emir! ¡Perdónalo! Este pobre asceta es un desdichado que ha soportado muchos sufrimientos. ¡Oh, queridos amigos! ¡Tened piedad de los que aman! Pues son como muertos en este mundo de muerte. También tú has roto muchas cántaras por ignorancia. Y tu corazón espera, sin embargo, el perdón.
Entonces, perdona tú también si quieres ser perdonado.
El emir exclamó:
"¿Quién es él para haberse atrevido a romper esta cántara? Hasta el león me mira con temor. ¿Cómo ha tenido este asceta el atrevimiento de lastimar el corazón de mi esclavo y avergonzarme ante mi invitado? ¡Ha derramado un vino más precioso que la sangre y ahora intenta escapar como una mujer! Aunque fuera un pájaro, ni siquiera eso impediría que la flecha de mi cólera desgarrase sus alas. ¡Aunque se protegiese bajo toneladas de rocas, sería para mí un juego hacer estallar su refugio! ¡Mi intención es apalearlo de tal modo que eso sea una lección para todos los de su especie!"
Su cólera era tan viva que escupía fuego ebrio de sangre. Al oír estas amenazas, la gente se puso a interceder en favor del asceta. Besaron las manos y los pies del emir:
"¡Oh, emir! ¿Son dignas de ti tal cólera y tal rabia? Aunque tu vino haya sido derramado, ¿no quieres buscar la alegría sin el vino? La atracción que experimentas por esa bebida proviene de ti. Tu corpulencia y el color de tus mejillas hacen esclavos tuyos a todos los vinos y vuelven celosos a todos los bebedores. Nada tienes que hacer con un vino del color de las rosas. Porque tú mismo eres de ese color. ¡En realidad, el vino en su tonel se estremece de afecto por tus mejillas! Tú eres un océano. ¿Qué es una gota para ti? Tú eres la fuente de las alegrías y del placer. ¿Por qué tomarte ese trabajo por un poco de vino?
"¡La joya es el hombre y los cielos no están hechos sino para él! Lo esencial es el hombre y todo lo demás no es más que detalle. No te mancilles, pues la razón, la idea y la previsión son esclavas tuyas. Toda criatura tiene por misión servirte. Puesto que tú eres la joya, no está bien que halagues tu montura. ¡Ay! ¡Tú buscas la ciencia en los libros y en el gusto de los dulces! Pero tú eres un océano de ciencia oculto en una gota. Todo el universo está escondido en tu cuerpo. Pues, ¿qué es el vino, el sama (danza de los derviches) o la fornicación, para que tú esperes encontrar en eso placer o utilidad? ¿Cómo podría tomar el sol algo de las chispas? Tú eres un alma libre, pero ¡ay! te has convertido en prisionero de las condiciones. ¡Apiadémonos del sol enredado en sus ataduras!"
El emir respondió:
"¡No! El vino es mi pasión y no puedo contentarme con vuestros placeres inocentes. Querría ser como el jazmín que se estremece al viento. Querría liberarme de toda esperanza y de todo temor. Querría ser como el sauce que se derrama por todos lados. Querría jugar con el viento, como hacen sus ramas."

domingo, 11 de octubre de 2020

Cuentos Sufís - EL GATO Y LA CARNE


Un hombre tenía una mujer de carácter desabrido, sucia y mentirosa, que derrochaba todo lo que su marido traía a la casa. Un día, este hombre, que era muy pobre, compró carne para obsequiar a sus invitados. Pero la mujer se la comió a escondidas, rociándola con un poco de vino. En el momento de la comida, el hombre le dijo:
"¡Los invitados están aquí! ¿Dónde está la carne y el pan? ¡Sirve a mis invitados!
-El gato se ha comido toda la carne, respondió la mujer. ¡Vuelve a comprar, si quieres!"
El hombre tomó entonces al gato y lo pesó en una balanza. Encontró que el animal pesaba cinco kilos. Exclamó:
"¡Oh, mujer mentirosa! ¡La carne que he comprado pesaba también cincokilos! Si acabo de pesar el gato, ¿dónde está la carne? Pero si es la carne lo que acabo de pesar, entonces ¿adónde ha ido a parar el gato?"


viernes, 9 de octubre de 2020

Cuentos Sufís - ALMUÉDANO


Había una vez un almuédano cuya voz era muy estridente. Tenía como tarea llamar a los fieles a la oración, pero, cada vez que empezaba a cantar, le decían:
"¡Por piedad! ¡Detente, pues tu canto no hace sino aumentar nuestras divergencias!"
Un día, un infiel llegó con unas vestiduras de seda, una vela y dulces, así como toda clase de presentes y pidió ver al almuédano.
"¡Su voz es tan hermosa, dijo, que proporciona descanso al espíritu!"
Los demás dijeron entonces:
"¿Cómo puede proporcionar descanso una voz semejante?"
El hombre respondió:
"Tengo una hija que es muy hermosa. Ahora bien, un día tuvo la tentación de abrazar la fe. Intenté disuadirla de ello, pero en vano. Esta pasión por la fe la poseía tan fuertemente que mi pena aumentaba de día en día. Nada logró hacerla cambiar de idea, salvo el canto del almuédano pues, al oírlo, mi hija exclamó: "¡Qué voz! ¡Mis oídos están aterrados! ¡En toda mi vida no he oído un canto peor!" Su hermana le dijo entonces que era la llamada a los fieles para la oración. Ella no quiso creerlo y se informó por todos lados. Cuando quedó
convencida de que era exacto, el amor por la fe se enfrió en su corazón. Mis temores se disiparon y recobré el sueño. ¡Encontré, pues, el descanso, gracias a esta voz y traigo estos regalos al almuédano como muestra de agradecimiento!"
Lo llevaron ante el almuédano y le dijo:
"¡Acepta estos regalos pues, gracias a ti, he encontrado el descanso! ¡Soy tu servidor!"
Así es como vuestra fe, llena de mentiras, es un obstáculo en el camino.
Sucede con todo eso como con aquellas dos mujeres que, al ver a dos asnos copular en un prado, se dijeron:
"¡Eso sí que es realmente virilidad! Si eso es amor, entonces ¡qué poca cosa son nuestros maridos!"

miércoles, 7 de octubre de 2020

Sabiduría del Talmud - Se moderado en todo.


Una canasta de suculentos dátiles le fue traída en una ocasión a Ulah como obsequio.
'Cuantas canastas de dátiles como estas' pregunto el, 'puedo comprar con un Zuz (Zuz era una medida monetaria).
'Tres,' le contestaron.
'Que cantidad tan enorme de miel por un Zuz!' exclamo.
Sin embargo, los dátiles eran muy deliciosos que se los comió todos sin parar y pago la penalidad por comer demasiado.
'Oh!,' se quejó en dolor, 'que gran cantidad de veneno por un Zuz!'
Elabora el Talmud sobre el tema:
Moderación en todas las cosas es deseable.

lunes, 5 de octubre de 2020

Sabiduría del Talmud - El castigo del egoísta.

Un hombre muy anciano se encontraba plantando un árbol de higos a un lado del camino en Tiberias cuando el emperador Adrián pasaba y se detuvo.
'Si has trabajado en tu juventud,' dijo el emperador, 'no deberías trabajar en tu vejez. Seguramente que no esperas vivir para comer de los frutos de ese árbol.'
'Honrado señor,' contesto el anciano, 'en mi juventud trabaje y trabajo en mi vejez también. Mi ruego es vivir para disfrutar del fruto de este árbol a pesar de que he vivido cien años ya.'
'Bien, si llegas a vivir para comer de los higos de este árbol,' dijo su majestad, 'Te pido me lo hagas saber.'
Sucedió que el anciano vivió hasta que comió del fruto de ese árbol y recordando las palabras del emperador, lleno una pequeña canasta con los higos más selectos del árbol y toco a la puerta del palacio para presentárselos al emperador.
El emperador no le reconoció inicialmente cuando le admitieron pasar a su presencia, pero el anciano le dijo: 'No me recuerda usted?' Soy el anciano a quien usted vio plantando un árbol de higos, y recuerda sus palabras. - Si llegas a vivir para comer los higos de este árbol, te pido me lo hagas saber. He aquí, he venido a traerle de lo más selecto del fruto de ese árbol, para que usted los
disfrute igualmente.'
Este amable y considerado acto del anciano complació mucho al emperador y acepto los higos y en agradecimiento lleno el canasto del anciano con monedas de oro, y lo envió felizmente de regreso.
Sucedió que al lado del anciano vivía una mujer muy egoísta quien mostro mucho interés en la historia que el anciano conto a su regreso. Lleno una inmensa canasta con higos y le dijo al esposo, 'lleva esta canasta al emperador, le encantan los higos y te llenara el canasto con monedas de oro en retribución.'
Al llegar a las puertas del palacio les dijo a los guardias: 'Estos higos traigo de obsequio a su majestad. Vacíen mi canasto, les pido, y llénenlo con oro.
Cuando el mensaje fue entregado al emperador, ordeno que trajeran al hombre frente al palacio para que cualquiera que pasara le arrojase higos, cuando se acabaron los higos, le permitieron regresar a casa.
Humillado y triste, le conto a su esposa sobre su experiencia. 'No te fijes.' lo consoló ella, 'agradece que fueron higos y no cocos, o hubieses sufrido peores heridas.'

sábado, 3 de octubre de 2020

Sabiduría del Talmud - La cola de la serpiente.


Un día, la cola de la serpiente le dijo a la cabeza: 'Porque no yo también lidero algunas veces? Siempre me quedo detrás mientras que tú siempre apareces primero. Acaso no soy capaz de liderar también como tú'
'Puedes tener tu deseo,' contesto la cabeza, cediendo la conducción a la cola.
Lo primero que hizo la cola fue arrastrar al cuerpo a una zanja lodosa. Después, ingreso a un horno incandescente y al escapar de este, se encontró atorada en una mata espinosa.
A este punto, comprendió que no daba el ancho y que le faltaba habilidad para liderar y estaba dispuesta a delegar el liderazgo a la cabeza y volver a su lugar donde pertenecía.
Elabora el Talmud sobre el tema:
Uno no debe ponerse la corona ameritada, si no dejar que otros lo hagan, como está escrito: 'Que otro hombre te alabe, y no tu propia boca; un extraño, y no tus propios labios.

jueves, 1 de octubre de 2020

Sabiduría del Talmud - No calumnies (No difames).


Un importante documento legal llego a Rabbi Yehuda el príncipe para su consideración, y, al leerlo, encontró muchos errores en él.
Mirando a su hijo, Shimon, quien era un escriba, le pregunto:
'Tu escribiste esto?'
'No padre mío,' contesto, 'fue escrito por Jayta.'
'No debiste decir eso, hijo mío,' Respondió el padre. 'Hubiese sido suficiente que dijeras que no habías sido tu quien lo escribió, la información adicional, que me has dado, incrimina a otro, lo cual no era necesario, y tal cosa cuenta como difamación.'
Elabora el Talmud sobre el tema:
'Nunca veo al rededor cuando hablo de alguna persona para ver si está presente,' dijo Rabbi Yosef, 'ya que nunca he dicho nada en la ausencia de alguna persona que no haya dicho en su presencia.'