la misma que la mía, le escribí unas letras de recuerdos. Aquí os lo dejo para que los leáis. Son recuerdos de madre e hijo.
Te acuerdas mamá cuando eras una joven madre, esbelta,
guapa, que nada te amedrentaba, siempre trabajando, nada te paraba. Vivíamos en
la casa vieja, donde nacimos tanto mi hermana como yo, realmente es, al
contrario, primero yo y luego mi hermana, vivía con nosotros la abuela
Saturnina.
Te acuerdas mamá cuando tú te ibas a segar y a sacar la
mies con papá, trabajabas como un hombre en el campo y cuando llegabas a casa
seguías trabajando. Nadie te paraba, eras fuerte. La abuela se ocupaba de
nosotros, de mi hermana y de mí, ella hacia lo que podía, su genio era
endiablado y con su forma de ser nos iba esculpiendo. Ella se marchó a la Luz
siendo muy joven y perdimos a la abuela que conocimos y tu a la madre que tuvo
que hacer de padre y de madre ya que tu perdiste a tu padre con tres meses, él
se marchó a la Luz, en lo mejor de su vida, cuando acababas de nacer tú.
Te acuerdas mamá, como íbamos creciendo, yo era más
“milindres” que mi hermana.
Te acuerdas mamá de nuestro primer día de colegio, seguro
que sí, yo lo he vivido muchas veces, te veo en el colegio de párvulos que ese
año inauguramos. Muchas veces te he visualizado mirando por la ventana con el
mandil puesto y recogido hacia un lado, con una fuerza increíble.
Te acuerdas mama cuando trabajabas, también, limpiando
las escuelas de los mayores junto a la Angustias y cuando las dos nos dabais de
beber la leche en polvo que preparabais, me acuerdo de llevar el saquito que
nos hiciste para llevar el tubo de aluminio de las pastillas efervescente de
Redoxon, donde llevábamos el cola cao con el azúcar para el desayuno, con la
leche que preparabais.
Te acuerdas mamá cuando te propusiste dejar el pueblo he
irnos a Madrid a trabajar en una portería, tú como madre, la organizadora de la
casa pensabas más allá y no querías que nosotros, tus hijos estuviéramos en el
campo, deseabas una vida mucho más sencilla. No fue fácil, tuviste que
enfrentarte a más de una situación conflictiva, la abuela Saturnina, se había
marchado y solo quedaba en el pueblo mi abuelo Juan, el padre de tu marido, mi
padre. La decisión estaba tomada y un día del mes de agosto cargamos los
“trastos” en un camión de la época que tenia el mantero y nos fuimos camino a
nuestro nuevo hogar en la portería de una de las calles del barrio de Argüelles
en Madrid.
Te acuerdas mamá, cuando trabajabas, además de la
portería en el hotel donde trabajaba papá.
Te acuerdas mamá cuando con catorce años, sin cumplir,
fuimos a la entrevista de trabajo, donde he pasado más de treinta y cinco años
de mi vida.
Te acuerdas mamá de cuando me casé con la mujer de mi
vida, lo orgullosa que estabas de llevar a tu hijo al altar, de los años de
novios, y de cuando venía Isi a pasar las Navidades con nosotros.
Te acuerdas mamá de cuando fuiste abuela por primera vez,
seguro que sí, Alejandra, la mayor de los cuatro nietos que has tenido, después
llegaron: Alberto, Eduardo y Diego. Has tenido y has disfrutado de tus dos
biznietos Daniela y Álvaro.
Te acuerdas mamá de la boda de mi hermana con mi amigo de
la infancia Jesús Antonio, tú quisiste que yo fuera su padrino de boda y allí
estuve presidiendo la mesa y representando un papel que no me correspondía, mi
padre tendría que haber estado allí.
Te acuerdas mamá de los veranos que pasaban Alejandra y
Eduardo con vosotros en el pueblo, de los vestidos que hacías a Alejandra, para
la peña de las Volami o el vestido de toledana, vaya tardes de verano que te
pasabas con las mamás que, aunque más jóvenes que tú, ninguna te hacía sombra
en el trabajo.
Te acuerdas mamá de la vuelta al pueblo cuando se jubiló
papá y de los viajes que os habéis hecho, siempre decías qué os gastabais mucho
dinero y que no ibas a dejarnos herencia, parece que algo ha quedado.
Te acuerdas mamá de todos los años que hemos pasado
juntos en las fiestas y como las disfrutábamos, de la preparación del bocadillo
de la mañana del día seis, de los toros en la plaza y de los de pólvora.
Todos estos “te acuerdas”, todos estos recuerdos y más lo
hemos vivido juntos hemos vivido momentos muy felices, otros no lo han sido
tantos, de estos últimos solo me acuerdo de la marcha a la Luz de mi padre, tú
estuviste hasta el último momento a su lado. Todos los agradables y los menos
agradables han formado parte de nuestra vida y todos nos han servido para
hacernos más grandes y para crecer.
Hoy, no estoy triste por que te hayas marchado a la “habitación de al lado”, todo lo contrario, estoy alegre, en esa habitación estas junto a los tuyos y estas disfrutando de la fiesta de tú regreso y desde allí estas velando por todos nosotros. Siento que estas a mi lado, nuestro lado y te siento más cerca que antes, ahora estas dentro de mí y yo dentro de ti y esto será por toda la eternidad. “Te seguiré llamando por el nombre que te he llamado siempre y hablando como siempre lo he hecho”, “me seguiré riendo y te haré participe de mis risas y de mis lloros”, aunque, ahora tú estas en el mundo de los muertos y yo, nosotros, en el mundo de los vivos, “el hilo no esta cortado”, “porque estaría yo fuera de tu mente, simplemente porque estoy fuera de tu vista”. “Se que no estas muy lejos, justo al otro lado del camino”. “La muerte no es nada”, mamá.
Los entrecomillados no son míos son de San Agustín.

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