miércoles, 12 de diciembre de 2018

Te acuerdas

Hace unos días, mi madre se marcho, envuelta en LUZ, hacia su alma grupal familiar
la misma que la mía, le escribí unas letras de recuerdos. Aquí os lo dejo para que los leáis. Son recuerdos de madre e hijo.

Te acuerdas mamá cuando eras una joven madre, esbelta, guapa, que nada te amedrentaba, siempre trabajando, nada te paraba. Vivíamos en la casa vieja, donde nacimos tanto mi hermana como yo, realmente es, al contrario, primero yo y luego mi hermana, vivía con nosotros la abuela Saturnina.

Te acuerdas mamá cuando tú te ibas a segar y a sacar la mies con papá, trabajabas como un hombre en el campo y cuando llegabas a casa seguías trabajando. Nadie te paraba, eras fuerte. La abuela se ocupaba de nosotros, de mi hermana y de mí, ella hacia lo que podía, su genio era endiablado y con su forma de ser nos iba esculpiendo. Ella se marchó a la Luz siendo muy joven y perdimos a la abuela que conocimos y tu a la madre que tuvo que hacer de padre y de madre ya que tu perdiste a tu padre con tres meses, él se marchó a la Luz, en lo mejor de su vida, cuando acababas de nacer tú.

Te acuerdas mamá, como íbamos creciendo, yo era más “milindres” que mi hermana.

Te acuerdas mamá de nuestro primer día de colegio, seguro que sí, yo lo he vivido muchas veces, te veo en el colegio de párvulos que ese año inauguramos. Muchas veces te he visualizado mirando por la ventana con el mandil puesto y recogido hacia un lado, con una fuerza increíble.

Te acuerdas mama cuando trabajabas, también, limpiando las escuelas de los mayores junto a la Angustias y cuando las dos nos dabais de beber la leche en polvo que preparabais, me acuerdo de llevar el saquito que nos hiciste para llevar el tubo de aluminio de las pastillas efervescente de Redoxon, donde llevábamos el cola cao con el azúcar para el desayuno, con la leche que preparabais.

Te acuerdas mamá cuando te propusiste dejar el pueblo he irnos a Madrid a trabajar en una portería, tú como madre, la organizadora de la casa pensabas más allá y no querías que nosotros, tus hijos estuviéramos en el campo, deseabas una vida mucho más sencilla. No fue fácil, tuviste que enfrentarte a más de una situación conflictiva, la abuela Saturnina, se había marchado y solo quedaba en el pueblo mi abuelo Juan, el padre de tu marido, mi padre. La decisión estaba tomada y un día del mes de agosto cargamos los “trastos” en un camión de la época que tenia el mantero y nos fuimos camino a nuestro nuevo hogar en la portería de una de las calles del barrio de Argüelles en Madrid.

Te acuerdas mamá, cuando trabajabas, además de la portería en el hotel donde trabajaba papá.

Te acuerdas mamá cuando con catorce años, sin cumplir, fuimos a la entrevista de trabajo, donde he pasado más de treinta y cinco años de mi vida.

Te acuerdas mamá de cuando me casé con la mujer de mi vida, lo orgullosa que estabas de llevar a tu hijo al altar, de los años de novios, y de cuando venía Isi a pasar las Navidades con nosotros.

Te acuerdas mamá de cuando fuiste abuela por primera vez, seguro que sí, Alejandra, la mayor de los cuatro nietos que has tenido, después llegaron: Alberto, Eduardo y Diego. Has tenido y has disfrutado de tus dos biznietos Daniela y Álvaro.

Te acuerdas mamá de la boda de mi hermana con mi amigo de la infancia Jesús Antonio, tú quisiste que yo fuera su padrino de boda y allí estuve presidiendo la mesa y representando un papel que no me correspondía, mi padre tendría que haber estado allí.

Te acuerdas mamá de los veranos que pasaban Alejandra y Eduardo con vosotros en el pueblo, de los vestidos que hacías a Alejandra, para la peña de las Volami o el vestido de toledana, vaya tardes de verano que te pasabas con las mamás que, aunque más jóvenes que tú, ninguna te hacía sombra en el trabajo.

Te acuerdas mamá de la vuelta al pueblo cuando se jubiló papá y de los viajes que os habéis hecho, siempre decías qué os gastabais mucho dinero y que no ibas a dejarnos herencia, parece que algo ha quedado.

Te acuerdas mamá de todos los años que hemos pasado juntos en las fiestas y como las disfrutábamos, de la preparación del bocadillo de la mañana del día seis, de los toros en la plaza y de los de pólvora.

Todos estos “te acuerdas”, todos estos recuerdos y más lo hemos vivido juntos hemos vivido momentos muy felices, otros no lo han sido tantos, de estos últimos solo me acuerdo de la marcha a la Luz de mi padre, tú estuviste hasta el último momento a su lado. Todos los agradables y los menos agradables han formado parte de nuestra vida y todos nos han servido para hacernos más grandes y para crecer.

Hoy, no estoy triste por que te hayas marchado a la “habitación de al lado”, todo lo contrario, estoy alegre, en esa habitación estas junto a los tuyos y estas disfrutando de la fiesta de tú regreso y desde allí estas velando por todos nosotros. Siento que estas a mi lado, nuestro lado y te siento más cerca que antes, ahora estas dentro de mí y yo dentro de ti y esto será por toda la eternidad. “Te seguiré llamando por el nombre que te he llamado siempre y hablando como siempre lo he hecho”, “me seguiré riendo y te haré participe de mis risas y de mis lloros”, aunque, ahora tú estas en el mundo de los muertos y yo, nosotros, en el mundo de los vivos, “el hilo no esta cortado”, “porque estaría yo fuera de tu mente, simplemente porque estoy fuera de tu vista”. “Se que no estas muy lejos, justo al otro lado del camino”. “La muerte no es nada”, mamá.

Los entrecomillados no son míos son de San Agustín.  

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por participar y hacer más grande esta página.