Las
relaciones más saludables no son necesariamente las que se ven 'más felices' a
simple vista.
No
son necesariamente en las que se ven dos personas siempre tomadas de la mano,
riendo, bailando y cantando rodeados de mariposas, en donde nunca pasa 'nada
malo' y donde la vida luce perfecta.
La
perfección externa puede ocultar fácilmente una devastación interna,
desconexión y una discreta y silenciosa desesperación por ser libre, o por lo
menos por estar solo.
Las
relaciones más sanas son las honestas, esas que no siempre parecen 'felices' o
'sin preocupaciones' desde fuera. Esas que podrían no encajar en la imagen de
lo que 'debería' ser o aparentar una relación.
En
donde dos personas dicen la verdad de hoy y continuamente dejan ir sus ideas
preconcebidas acerca del otro.
En
donde la relación es siempre renovada en el horno de la honestidad. En donde podría
haber rupturas, falsas interpretaciones, incluso intensos sentimientos de duda
y desconexión, PERO ¡en donde hay una disposición mutua para enfrentar ese
aparente desorden! Mirar - con ojos bien abiertos - la presente ruptura, y no
huir o aferrarse al pasado.
Sentarse
juntos en medio de todos esos sueños y expectativas en común desmoronándose, y
trabajar para encontrar un espacio de reconexión, aquí, ahora, hoy.
En
donde la relación pueda verse como el yoga más elevado - como una aventura
constante de profundización y redescubrimiento mutuo, un reconocimiento
constante y no como un futuro destino, ni como una conclusión fija, ni un punto
de llegada o una conveniente historia para contar a los demás en una
conversación.
Como
dice Eckhart Tolle, las relaciones no son para hacernos felices (porque la
verdadera felicidad reside dentro de cada uno de nosotros) - ellas están aquí
para hacernos profundamente conscientes.

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