"La
terapia, en el sentido más profundo de la palabra, no tiene nada que ver con
reparar un ser roto y separado. Cualquier terapia que intente enmendar y
perfeccionar un ser deficiente, simplemente perpetuará la ilusión de que
estamos divididos de la Fuente, del todo, de nuestro derecho de nacimiento.
La
verdadera terapia, la verdadera sanación, espiritualidad incluso, es el redescubrimiento
de nuestra integridad DENTRO de nuestro quebrantamiento, DENTRO de nuestro dolor,
nuestras lágrimas, nuestras pérdidas, nuestra más profunda humanidad. Es un
recordar, un regresar, un reconocimiento: No hay nada que reparar, porque ya
somos Divinos, ya somos completos, hermosos, incluso en nuestro dolor, incluso
en nuestro miedo, incluso en nuestra rabia y en nuestra profunda duda y pérdida
de fe. No hay nada malo en el centro mismo de nosotros. Nuestros corazones son
enormes y pueden contenerlo todo, desde el más profundo dolor hasta la más
explosiva alegría, como el Cielo puede contener todos los climas, incluyendo
las tormentas eléctricas y las lluvias torrenciales.
Dejemos
de intentar repararnos a nosotros mismos y a los demás, dejemos de dar
soluciones y consejos de segunda mano, dejemos de patologizar nuestra
vulnerable humanidad, dejemos de escapar del momento presente y comencemos a
celebrar nuestras imperfecciones, a confiar en nuestros síntomas, permitirnos a
nosotros mismos tener nuestra experiencia presente, por incómoda o intensa o
desordenada o inconveniente que sea. Confiemos, confiemos, confiemos...y
confiemos incluso en los momentos en que no podemos confiar.
Deja
que lo falso muera. Deja que lo nuevo emerja. Respira en el Ahora. Bendice el
enredo de este momento. Porque algo Vasto nos está sosteniendo, y algo Infinito
nos acoge. Vivimos, cada día, en los brazos Terapéuticos de la vida".
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