Primero
entró Rabí Eliezer ben Horkenos quien le dijo: -Adán, elprimer
hombre, tuvo un hijo que murió, y sin embargo se consoló ysiguió
su vida familiar con Eva y así también tú tienes que consolarte.
-
¿No son suficientes mis desgracias -dijo Rabí Iojanan- que me recuerdas las de
Adán?
Luego
entró Rabí Ioshúa que les mencionó a Job y sus hijos e hijas
que
fallecieron en un solo día y que, no obstante, se consoló.
Rabí
Iojanan le dio la misma respuesta que a Rabí Eliezer.
Y
así fueron pasando Rabí Iosi y Rabí Shimón que le recordaron
al
Sumo Sacerdote Aarón que perdió dos hijos y al rey David que
perdió
a su hijo Abshalóm.
Para
todos la respuesta fue la misma.
Por
último, entró Rabí Eliezer ben Azaria, quien se sentó y le pidió
permiso
para contarle una parábola que pensaba era adecuada para esa circunstancia: -Un
rey le dio a una persona de su entorno un objeto valioso para que se lo cuide y
ese hombre lo cuidó con dedicación, pero siempre se lamentaba de que el rey no
le retiraba el objeto, para liberarlo de tanta responsabilidad, tú también,
maestro, tuviste un hijo brillante y
se fue de este mundo íntegro, libre de pecado. Debes consolarte, por haber
devuelto al Creador lo que te dio como un depósito valioso.
Muy
conmovido, Rabí Iojanan exclamó:
-Bendito
seas, Eliézer, me has consolado y reconfortado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por participar y hacer más grande esta página.