El aliento ártico enrosca las montañas,
Haciendo castañetear los huesos del bosque.
Las gotas se aferran de las ramas:
Adornos enjoyados arrojados a la tierra.
Los árboles pierden sus hojas en invierno. Algunos árboles
pueden incluso caer durante las tormentas, pero la mayoría resiste
pacientemente y aguanta su suerte.
Soportan la lluvia, la nieve, el viento y el frío. Resisten sin
preocuparse el adorno de gotas de lluvia como glicerina, trémulos carámbanos de
hielo, o coronas de nieve. No les importa cuando tal lustroso esplendor es
estrellado contra el suelo. Resisten y esperan, el poder de su crecimiento
aparentemente dormido. Pero por dentro, un florecimiento se construye
imperceptiblemente.
Suya es la tolerancia de ser fieles a su naturaleza interna. Es
con ese poder que resisten tanto las vicisitudes como los adornos de la vida,
porque ni la mala fortuna ni la buena suerte alterarán lo que son. Nosotros
deberíamos ser del mismo modo. Puede que tengamos una gran fortuna o mala
suerte, pero deberíamos cargar con ambas pacientemente. Sin importar qué
suceda, siempre debemos ser fieles a nuestro yo interior.

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