jueves, 28 de enero de 2021

El hijo del Rajá y la princesa Labam - Cuentos de la India (5)


Aquella noche, lo mismo que las anteriores, la princesa Labam salió al mirador de su palacio. Y asimismo el príncipe estuvo todo el rato con la mirada fija en ella, sintiendo arder su corazón, de amor hacia la hermosa joven.

A las doce y media, un rato después de haberse retirado la princesa, el príncipe sentándose en su cama y se trasladó al dormitorio de su amada. Al llegar allí, sacando la bolsa, le pidió:

- Bolsa, dame el anillo más precioso del mundo.

La bolsa obedeció, entregando a su dueño una sortija hecha con sol del mediodía y adornada con una estrella de medianoche. El hijo del Rajá colocó suavemente el anillo en la mano de la princesa, mas, en este momento, despertándose la joven y le miró asustada.

- ¿Quién eres? -preguntó. - ¿De dónde vienes? ¿Por qué estás en mi

dormitorio?

- No te asustes, hermosísima princesa. No soy un ladrón, sino el hijo de un poderoso Rajá. Hiraman, el rey de los loros de la selva donde yo cazo, me dijo tu nombre e inmediatamente dejé a mi padre y a mi madre para venir a verte.

- Si eres el hijo de un Rajá -murmuró la muchacha, que había quedado prendada del hermoso joven, - no te haré matar, y diré a mis padres que quiero casarme contigo.

Loco de alegría, el príncipe regresó a casa de la anciana; pero era tanta su felicidad, que aquella noche no pudo dormir.

A la mañana siguiente la princesa, que tampoco había podido descansar, dijo a su madre:

- Ha llegado a nuestro país el hijo de un poderoso Rajá y deseo casarme con él. Te suplico por favor que se lo comuniques a mi padre.

- Está bien -asintió el Rajá al enterarse por su esposa del deseo de su hija. - No tengo ningún inconveniente en que ese príncipe se case con mi hija, pero antes ha de hacer lo que yo le diga. Si fracasa le mataré. Voy a darle cincuenta kilos de simiente de mostaza y si no logra extraer en un día todo el aceite que contiene, será decapitado.

Entretanto, el príncipe había despertado y lo primero que hizo fue explicar a la buena mujer que le hospedaba, que pensaba casarse con la princesa Labam.

- ¡Marchaos enseguida de este país y olvidaos de la princesa! -exclamó la anciana. - Muchos Rajás y príncipes han venido a pedir su mano y el rey los ha mandado matar. A todo el que intenta casarse con su hija le impone una serie de condiciones tan terribles que no hay quien pueda cumplirlas.

Si intentáis hacerlo moriréis como los demás.

Aunque los consejos de la anciana eran muy acertados, el príncipe no quiso escucharla. Era joven, adoraba a la princesa y nada podía detenerle.

Al poco rato de sostener esta conversación, llegó a casa de la anciana un mensajero del rey, que invitó al príncipe a acompañarle hasta palacio. Allí, el soberano, rodeado de toda su corte, le entregó cincuenta kilos de semilla de mostaza, ordenándole que extrajese el aceite que contenía y se lo llevara a palacio el día siguiente a la misma hora.

- Quien desee casarse con mi hija tiene que hacer cuanto yo le ordene - explicó el Rajá. - Si no es capaz de ello, tengo que matarlo. Por lo tanto, si no consigues extraer todo el aceite de esas simientes, te mandaré decapitar.

Al oír esto y ver lo que abultaban los cincuenta kilos de semilla, el príncipe sintiéndose muy desanimado, pues comprendió que le sería imposible salir airoso de aquella prueba.

Como no podía hacer otra cosa, cogió la semilla y se la llevó a casa de la anciana. Estuvo reflexionando varias horas acerca de su situación, sin llegar a decidir nada. De pronto, acordándose de la reina de las hormigas, y apenas acababa de pensar en ella la vio aparecer.

- ¿Cuál es el motivo de tu tristeza? -preguntó el animalito

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