Sin embargo, por mucho que
resistimos este divino clamor que nos atosiga durante el día, somos incapaces
de resistir durante el sueño el regreso al ser interior. Entonces somos
capturados por el alma; entonces gozamos en el reposo de nuestra propia
naturaleza, bien que inconscientemente. Éste es un sorprendente pensamiento que
contiene algo de una elevada verdad filosófica.
¿Pero cómo puede una
multitud esclava de los contratiempos y agitaciones de la vida material darse
cuenta de esta verdad maravillosa? Los que son sabios adoptarán el reposo
mental como un ejercicio diario. La quietud calma al espíritu y lo penetra de
la paz profunda y perdurable que reside en el interior de nosotros.
El general Gordon se
aislaba durante una hora todas las mañanas para sus devociones espirituales.
¿Cuánta inspiración para sus actividades profesionales, cuánta fuerza y coraje
no extrajo él de práctica tan sabia?
William T. Stead, famoso
director de diarios y campeón de los perseguidos, una vez permaneció tres meses
en una cárcel porque se atrevió a publicar una verdad. Algunos años después,
Stead declaró que esos fueron los meses más provechosos de su vida.
“Por primera vez en mi vida
tuve tiempo para sentarme a pensar, para sentarme y encontrarme a mí mismo”
declaró.
Thomas A. Edison, cuyo
nombre estará por siempre registrado en la lista de los grandes inventores del
mundo, mediante una práctica constante logró desarrollar la capacidad de
descansar en medio de sus tareas, poniéndose en un estado de recogimiento que
le traía la solución de un buen número de arduos problemas. Un día declaró:
“Las horas que he pasado a solas con el señor Edison me han
aportado las recompensas más grandes de mi carrera; a ellas debo todo lo que he
logrado realizar”.

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