Las palabras a veces confunden, a nivel humano
responsabilidad y culpabilidad parecen ser lo mismo. Para declarar culpable a
alguien primero se analiza su responsabilidad y a partir de ella, se genera
una declaración de culpabilidad y se dictamina un castigo.
Si se determina que una persona no es
responsable del acto en juicio, ya sea porque no tuvo participación directa en
los hechos o porque habiendo participado no lo hizo
responsablemente, como podría ser el caso de
un enfermo mental, de una persona que actuó enajenada o un menor de edad,
entonces esa persona no es culpable y por lo tanto no merece castigo o merece
una pena inferior.
La responsabilidad presupone conocimiento de
las consecuencias de nuestros actos, tanto para los demás como para nosotros
mismos. A nivel humano, la mayor parte de las veces eres responsable de tus actos. Tú
sabes que, si pasas una luz roja, puedes provocar un accidente y que estás
cometiendo una infracción a una norma conocida por todos.
Hasta aquí es simple y fácil de comprender y
en términos generales la humanidad está de acuerdo en asumir las consecuencias,
que la declaración de culpabilidad de un acto responsable genera.
Sin embargo, a nivel espiritual toda esta
claridad se desmorona. En primer lugar, tu experiencia espiritual no tiene
prácticamente ninguna norma, eres libre de escoger y
no serás juzgado ni declarado culpable por
ningún Juez Supremo y esto se debe a que a los ojos de Dios tú no eres responsable
de tus actos.
No te incomodes con lo que te digo, claro que
no eres responsable de tus elecciones, pues para ser responsable de un acto, lo
primero que se requiere es conocer sus consecuencias y tú no tienes información
completa de cuáles serán esas consecuencias.
Vives el gran desafío de la libertad de
escoger, sin contar con información de las consecuencias de tus actos.
Que no seas responsable, no te libera de las
consecuencias de tus actos sobre ti mismo ni sobre quienes te rodean, todo lo
que haces, piensas y sientes desencadena una línea
creativa en el Universo. Tus elecciones
traerán consecuencias a tu vida y al Universo completo, es lo que muchos llaman
karma, no entendido como castigo, sino como la responsabilidad espiritual de los
actos irresponsables de un humano.
Cada acto de tu vida, por mínimo que te
parezca desencadena una reacción creativa que afecta no sólo tu vida y la de
quienes te rodean, sino la de toda la humanidad.
¿Cómo podría Dios juzgarte por tus elecciones
si abres puertas sin saber que hay tras de ellas? ¿Cómo podría Dios juzgarte si
juegas el desafiante rol de asumir tus responsabilidades sin realmente ser
responsable de tus actos? ¿Para qué Dios habría de infringirte castigo, si tus actos
generan consecuencias en tu vida, que asumirás aún
sin haberlo? Aquí radica el gran desafío de tu vida,
aceptar que eres Creador y que como tal tu creación es tu responsabilidad, no conoces
las consecuencias de tus actos, pero si sabes que tus elecciones generan
consecuencias insospechadas para ti.
Lo que siembras cosechas. Si siembras amor
cosecharás sólo amor donde vayas y el amor sólo generará más amor.
Es difícil que un acto de amor tenga
consecuencias negativas o provoque sufrimiento, no temas amar desde la profundidad
de tu corazón, no temas entregarte sin condiciones, no temas sonreír desde tu alma,
pues cada uno de esos actos será recompensado por el Universo, el cual solícito
te regalará lo que pides a través de tus elecciones.
Despertar es responsabilidad, la
responsabilidad en un humano despierto no es culpa, la responsabilidad ejercida
por un humano despierto es AMOR.
Conversaciones con mi Ser Superior – Jascha

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