Donde
hay separación también hay nostalgia, la nostalgia de acabar con la separación, de curar la
división, de poner fin a la sensación de contracción y de expandirnos de nuevo
en la inmensidad.
Es
como el anhelo de la ola de volver a fundirse con el océano. Aunque no nos demos
cuenta de que jamás hubo ola separada del océano, la ola siempre fue una manifestación
perfecta del océano. La ola siempre estuvo empapada, empapada de Ser, siempre
fue 100% agua.
Jamás hemos estado separados del océano. Jamás hemos
estado separados de la totalidad. Lo único que existe es el sueño de esa
separación. Pero siempre, a pesar de ello, hemos estado buscando el camino de
regreso a nuestro hogar.
Obviamente,
jamás lo reconocimos así, porque esta añoranza se manifestó como el deseo de un
coche nuevo, de tener más dinero, de tener a ese hombre o a aquella mujer.
Pero, por mundana que fuese su manifestación, siempre hemos añorado secretamente
perder el mundo y zambullirnos en la Vida.

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