Estos
pensamientos giran en torno a la posibilidad de que la búsqueda de nuestro
verdadero hogar sea una búsqueda vana, porque lo cierto es que jamás lo hemos
abandonado.
Siempre
hemos estado en casa.
En
las siguientes lineas contemplaremos la posibilidad de acabar con la búsqueda, la
incesante y agotadora búsqueda de algo más, de algo “fuera de aquí”, de algo,
en el futuro para “mí”.
Pero
esa búsqueda puede acabar definitivamente.
…y,
con ella, también puede acabar la sensación de ser una persona separada.
Porque,
cuando la búsqueda desaparece, también desaparece la sensación de ser un buscador
separado.
Y
lo que, en ausencia de ese buscador, puede revelarse… está completamente más allá
de las palabras.
Lo
que entonces puede revelarse es… la liberación.
La
liberación en plena vida cotidiana.
La
liberación en el mismo lugar en que te encuentres.
Y,
para una mente atrapada en la búsqueda espiritual, para una mente atrapada en creencias,
prácticas e ideologías, la simplicidad de lo que entonces se revela es sorprendente,
sencillamente sorprendente, asombrosamente sorprendente.
Y
no tiene absolutamente nada que ver con lo que anteriormente creíamos.
¡Son
tantas, Dios mío, ¡las ideas que tenemos sobre la liberación! ¿Pero qué otra
cosa podrían ser esas ideas sino pensamientos, conceptos y recuerdos traídos
del pasado?
Nuestras ideas
sobre la liberación son siempre de segunda mano.
No
hay idea ni concepto que pueda contener la belleza de esto. Esto
es demasiado vivo, demasiado presente.
Esto
es la muerte del individuo separado, la muerte del buscador y la zambullida en algo
mucho más misterioso.

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