El ego es un producto derivado, un producto derivado de la ilusión de que lo que ves es verdadero. Si piensas que los objetos son verdaderos, entonces el ego puede existir. Se trata de un producto derivado. Si piensas que los objetos son sueños, el ego desaparece. Y si piensas continuamente que todo es un sueño, entonces un día, una noche, mientras duermes, te sorprenderás: de repente, en el sueño, recordarás que ¡éste es también un sueño! E inmediatamente, cuando venga el recuerdo, el sueño desaparecerá. Y por primera vez tendrás la experiencia de encontrarte profundamente dormido y al mismo tiempo despierto. Una experiencia muy paradójica, pero extraordinariamente benéfica.
Una vez que has
visto desaparecer al sueño —como consecuencia de haberte vuelto consciente de
él—, la cualidad de tu consciencia tiene una nueva fragancia. A la mañana
siguiente te despertarás con una cualidad totalmente diferente y desconocida.
Despertarás por primera vez. Ahora sabrás que todas las otras mañanas eran falsas. No estabas verdaderamente
despierto. Los sueños seguían. La única diferencia era que por la noche
soñabas con los ojos cerrados y por el día con los ojos abiertos.
Pero si el sueño ha
desaparecido por el surgir de la consciencia, ¡te has vuelto consciente en el
sueño...! Y recuerda, consciencia y sueño no pueden existir juntos. Aquí surge
la consciencia y ahí desaparece el sueño. Cuando duermes y permaneces despierto
a la vez... ¡La mañana siguiente será tremendamente importante! ¡Será
incomparable! ¡Nunca te habrá sucedido nada parecido! Tus ojos estarán tan
claros, tan transparentes... y todo tendrá un aspecto tan psicodélico, tan
lleno de color, tan vivo... incluso percibirás que las rocas respiran, que
pulsan, que hasta poseen un corazón latente.
Cuando te vuelvas despierto, la existencia entera cambiará su cualidad.
Vivimos en un
sueño. Estamos dormidos, incluso cuando pensamos que estamos despiertos.

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