UNA ANTIGUA HISTORIA... Jesús, el hijo de María, se encontró en una ocasión con un anciano que vivía en las montañas al aire libre, sin cobijo del frío o del calor, y le preguntó que por qué no se había construido una casa.
—¡Ah, espíritu de
Dios! —dijo el anciano—. Profetas antes de tu venida predijeron que yo viviría
sólo setecientos años. No merece la pena el esfuerzo de asentarse.
La vida es un
vagar, no es un hogar. La vida es la búsqueda del hogar, pero en sí misma no es el hogar. La vida es una exploración, una
aventura. No está garantizado que vayas a tener éxito. El éxito es muy raro,
porque la búsqueda es muy compleja y hay mil y una dificultades en el camino.
Deja que esta sea
la primera comprensión sobre los sutras de hoy. Son sutras de gran valor.
Cuando medites y te internes más y más en ellos, te sorprenderás: estos sutras
son como océanos contenidos en gotas de rocío.
Mahoma dice: «Soy
como un jinete que se cobija bajo un árbol y después sigue su camino.» Sí; esta
vida es estancia para una noche, es un caravasar. No te asientes. Usa la
oportunidad para llegar más y más alto, y mucho más alto; porque no hay límite
para las alturas, para las profundidades. Pero siempre recuerda, no pienses que
el estar aquí ya es suficiente: la vida es sólo una oportunidad... Con inmenso
potencial e inmensas posibilidades.
Pero, si piensas
que, puesto que has venido a la vida, ya has llegado, te equivocas
absolutamente.
Jesús dice una y
otra vez: «Este mundo es como un puente. No es un lugar para detenerse.» Úsalo
como puente, puede llevarte hacia Dios. Cuando la vida se convierte en un
puente hacia Dios, la vida es divina. Pero si no la usas como puente hacia
Dios, se queda en algo mundano, espurio, ilusorio, imaginario, ficticio.

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