El conciso compendio de instrucciones sobre el corazón es trabaja con las «Cinco Fuerzas»
Lo que hagas, hazlo
con intensidad, óptimamente. No seas descuidado, no seas vago, no lo hagas a
medias. Métete en ello completamente, deja que se convierta en una absorción
total.
Si bailas, baila
tan totalmente que el que baila desaparezca y sólo quede el baile, y entonces
habrá transformación. Si amas, ama totalmente, tan totalmente que no se
encuentre al que ama. Sólo se encuentra al que ama si estás reteniendo algo;
eso que retienes se convierte en el que ama. Si estás reteniendo algo, lo que
estás reteniendo se convierte en el que baila, en el que canta. Si estás
totalmente en el baile, en la canción, en el amor, ¿quién queda ahí para decir,
«soy el que ama, soy el que baila»? No queda nada.
Y la totalidad
transforma.
Sólo a los cien
grados de intensidad se evapora uno de lo material a lo espiritual, de la
tierra al cielo, de lo ordinario a lo extraordinario.
La segunda fuerza
es familiarización: haz lo que de verdad quieras hacer y sé lo que de verdad
quieras ser. La vida se vive de acuerdo con estructuras que has creado a tu
alrededor. Si de verdad quieres ser otra cosa, entonces familiarízate con esa
otra cosa. Si quieres tocar la guitarra, practica. Si quieres bailar, practica.
Si quieres que algo suceda en tu vida, embébete más y más de ello y deja todo
lo que está en su contra. Y la forma de dejarlo es no usarlo, porque usándolo
creas caminos para que venga a ti una y otra vez.
La tercera fuerza
es la fuerza de las semillas blancas. «Semillas blancas» es una metáfora.
Atisha quiere decir deja todo lo que sea negro. Deja de cultivar las semillas
negras de la ira, de la envidia, del odio, de la posesión, de la dominación.
Deja todas las semillas negras. Incluso si surgen, absórbelas en el corazón y
se convertirán en semillas blancas. Y ¿cuáles son las semillas blancas? El
amor, la compasión, el servicio, la sinceridad, la sensibilidad, la conciencia,
éstas son las semillas blancas. Si un día quieres que tu vida tenga flores
blancas, tendrás que sembrar semillas blancas.
Y la cuarta fuerza
es la desaprobación, el abjurar completamente de los pensamientos orientados al
ego. Observa. Desconéctate inmediatamente de todo lo que sea envanecimiento, de
todo lo que emerja del ego. Incluso demorarse en dejarlo es peligroso.
Demorarse le dará energía. En el momento en que sepas que proviene del ego, desconéctate
de inmediato.
Y todo el mundo
sabe cuándo está siguiendo un camino de ego. No es un arte que haya que
aprender, todo el mundo ha nacido sabiéndolo. Tú lo sabes. Puedes seguir un
camino del ego a pesar de saberlo —ésa es otra cuestión—, pero lo sabes. Cuando
el ego asome la cabeza. ¡Corta esa cabeza inmediatamente de un solo tajo!
Y la quinta fuerza
es la fuerza del dedicar toda virtud al bienestar de los demás. Comparte de
inmediato todo lo bueno que te suceda. Esta es una de las cosas más fundamentales
en el budismo. No acumules, no seas avaro. Si surge el amor, compártelo,
viértelo. Si no te es posible encontrar a gente, viértelo sobre los árboles,
sobre las rocas, pero viértelo. No lo acumules, porque si lo acumulas se vuelve
veneno; si lo acumulas se amarga y se agria. Compártelo.
Y cuanto más
compartas, más llegará a ti de fuentes desconocidas. Poco a poco, serás capaz
de saber los caminos de la economía interna. La economía externa es: acumula si
quieres tener cosas. Y la economía interna es justamente lo opuesto: acumula y
no tendrás. Da y tendrás, da más y tendrás más.

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