Atisha es verdaderamente científico. Primero dice: carga con toda la responsabilidad. En segundo lugar, dice: sé agradecido con todos. Ahora que ya nadie, excepto tú, es responsable de tu miseria; si todo es tu propia creación, entonces, ¿qué queda?
Sé agradecido con todos
Porque todo el mundo está contribuyendo a crear la situación para que tú te transformes; incluso aquellos que piensan que te están poniendo trabas, incluso aquellos que piensan que son tus enemigos. Tus amigos, tus enemigos, la buena gente y la mala gente, las circunstancias favorables, las circunstancias desfavorables, todo junto está creando el contexto en el que puedes transformarte y convertirte en un buda. Sé agradecido con todos.
En una ocasión, un hombre vino a Buda y le escupió a
la cara. Sus discípulos, por supuesto, estaban enfurecidos. Ananda, el
discípulo más cercano, dirigiéndose a Buda, dijo:
—¡Esto pasa de la raya! —Ananda estaba rojo de ira.
Y prosiguió:
—¡Dame permiso para que le enseñe a este hombre lo
que acaba de hacer!
Buda se limpió la cara y dijo al hombre:
—Gracias. Has creado un contexto en el que he podido
comprobar si todavía puede invadirme la ira o no. Y no puede. Y te estoy
tremendamente agradecido. Y también has creado un contexto para Ananda: esto le
permite ver que todavía puede invadirle la ira. ¡Muchas gracias! ¡Te estamos
muy agradecidos! Y de vez en cuando, estás invitado a venir. Por favor, siempre
que sientas el imperioso deseo de escupirle a alguien, puedes venir a nosotros.
Fue una conmoción tal para aquel hombre... No podía
dar crédito a sus oídos. No podía creer lo que estaba sucediendo. Había venido
para provocar la ira en Buda. Y había fracasado.
Aquella noche no pudo dormir, estuvo dando vueltas
en la cama y no pudo conciliar el sueño. Los pensamientos le perseguían
continuamente: el escupir a Buda —una de las cosas más insultantes—, y el que
Buda permaneciese tan sereno, tan en calma como lo había estado antes, como si
no hubiera sucedido nada... el que Buda se limpiase la cara y dijera: «Gracias,
y cuando sientas el imperioso deseo de escupir a alguien, por favor, ven a
nosotros.»
Se acordaba una y otra vez... aquella cara, aquella
cara tranquila, serena, aquellos ojos compasivos. Y cuando Buda le dio las
gracias, no fue una formalidad, le estaba verdaderamente agradecido. Todo su
ser decía que estaba agradecido, Buda desprendía una atmósfera de
agradecimiento.
De la misma manera que pudo ver que Ananda estaba
rojo de ira... Buda estaba tan sereno, con tanto amor, tan compasivo... ahora
él no se lo podía perdonar a sí mismo, ¿qué había hecho? Escupirle a este
hombre; un hombre como Buda...
A la mañana siguiente, muy temprano, volvió
precipitado, se postró a los pies de Buda y dijo:
—Por favor, perdóname. No he podido dormir en toda
la noche.
Buda respondió:
—No tiene la menor importancia. No necesitas pedir
perdón por algo que ya no tiene existencia. ¡Ha pasado tanta agua por el
Ganges!
Buda estaba sentado a la orilla del Ganges, bajo un
árbol. Y le mostró al hombre:
—Mira: ¡discurre tanta agua a cada momento! Han
pasado veinticuatro horas; ¿por qué cargas con algo que ya no existe? No
pienses más en ello. Y además, yo no te puedo perdonar, porque, en primer
lugar, no llegué a enojarme contigo. Si me hubiera enojado, te podría perdonar.
Si necesitas perdón, pídeselo a Ananda. Échate a sus pies. Él lo disfrutará.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por participar y hacer más grande esta página.