domingo, 7 de febrero de 2021

EL LIBRO DE LA SABIDURIA - Atisha


Atisha es verdaderamente científico. Primero dice: carga con toda la responsabilidad. En segundo lugar, dice: sé agradecido con todos. Ahora que ya nadie, excepto tú, es responsable de tu miseria; si todo es tu propia creación, entonces, ¿qué queda?

Sé agradecido con todos

Porque todo el mundo está contribuyendo a crear la situación para que tú te transformes; incluso aquellos que piensan que te están poniendo trabas, incluso aquellos que piensan que son tus enemigos. Tus amigos, tus enemigos, la buena gente y la mala gente, las circunstancias favorables, las circunstancias desfavorables, todo junto está creando el contexto en el que puedes transformarte y convertirte en un buda. Sé agradecido con todos.

En una ocasión, un hombre vino a Buda y le escupió a la cara. Sus discípulos, por supuesto, estaban enfurecidos. Ananda, el discípulo más cercano, dirigiéndose a Buda, dijo:

—¡Esto pasa de la raya! —Ananda estaba rojo de ira.

Y prosiguió:

—¡Dame permiso para que le enseñe a este hombre lo que acaba de hacer!

Buda se limpió la cara y dijo al hombre:

—Gracias. Has creado un contexto en el que he podido comprobar si todavía puede invadirme la ira o no. Y no puede. Y te estoy tremendamente agradecido. Y también has creado un contexto para Ananda: esto le permite ver que todavía puede invadirle la ira. ¡Muchas gracias! ¡Te estamos muy agradecidos! Y de vez en cuando, estás invitado a venir. Por favor, siempre que sientas el imperioso deseo de escupirle a alguien, puedes venir a nosotros.

Fue una conmoción tal para aquel hombre... No podía dar crédito a sus oídos. No podía creer lo que estaba sucediendo. Había venido para provocar la ira en Buda. Y había fracasado.

Aquella noche no pudo dormir, estuvo dando vueltas en la cama y no pudo conciliar el sueño. Los pensamientos le perseguían continuamente: el escupir a Buda —una de las cosas más insultantes—, y el que Buda permaneciese tan sereno, tan en calma como lo había estado antes, como si no hubiera sucedido nada... el que Buda se limpiase la cara y dijera: «Gracias, y cuando sientas el imperioso deseo de escupir a alguien, por favor, ven a nosotros.»

Se acordaba una y otra vez... aquella cara, aquella cara tranquila, serena, aquellos ojos compasivos. Y cuando Buda le dio las gracias, no fue una formalidad, le estaba verdaderamente agradecido. Todo su ser decía que estaba agradecido, Buda desprendía una atmósfera de agradecimiento.

De la misma manera que pudo ver que Ananda estaba rojo de ira... Buda estaba tan sereno, con tanto amor, tan compasivo... ahora él no se lo podía perdonar a sí mismo, ¿qué había hecho? Escupirle a este hombre; un hombre como Buda...

A la mañana siguiente, muy temprano, volvió precipitado, se postró a los pies de Buda y dijo:

—Por favor, perdóname. No he podido dormir en toda la noche.

Buda respondió:

—No tiene la menor importancia. No necesitas pedir perdón por algo que ya no tiene existencia. ¡Ha pasado tanta agua por el Ganges!

Buda estaba sentado a la orilla del Ganges, bajo un árbol. Y le mostró al hombre:

—Mira: ¡discurre tanta agua a cada momento! Han pasado veinticuatro horas; ¿por qué cargas con algo que ya no existe? No pienses más en ello. Y además, yo no te puedo perdonar, porque, en primer lugar, no llegué a enojarme contigo. Si me hubiera enojado, te podría perdonar. Si necesitas perdón, pídeselo a Ananda. Échate a sus pies. Él lo disfrutará.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por participar y hacer más grande esta página.