martes, 23 de febrero de 2021

Reflexiones - Jeff Foster

 


Una de las cosas más divinas, sagrado, profundamente religiosos que le puede pasar es una pérdida total de su religión personal, una caída de su creencia de segunda mano en Dios y un despertar a lo que la palabra "Dios" siempre ha venido señalando, allá de las palabras y los sonidos y las imágenes y el paso de experiencias. Para confinar a Dios que una palabra, una creencia, una imagen, un sentimiento, un concepto, una historia, un sueño, una ideología, para encarcelar a Dios en un sistema religioso de duración determinada, es poner límites a la inmensidad y darle a Dios un límite, un interior y un exterior, una forma, una forma, un calendario. Creer en Dios, pensar en Dios, a soñar con Dios, para discutir acerca de Dios, para reclamar a Dios como "mío" o "nuestro" de ninguna manera, es separarnos de Dios y entre sí, y crear la división donde hay es ninguno. Esa es la idolatría, la adoración de la forma y la historia y la verdad mental, y no es un pecado sino una gran limitación, un olvido humano de lo que puede ser sólo ha hecho alusión a la metáfora de "Dios".

Dios no puede ser cualquier cosa menos de la totalidad, que todo lo que es tocado, probado, oído, olido, conocido, imaginado y soñado, y si soñamos con el Dios de una religión personal o de la no existencia de Dios, o incluso la muerte, Dios es una palabra, una metáfora, porque lo que da lugar a todo ello, previo a la creencia humana y del conocimiento e incluso la fe. Sí, es tan grande que nuestra fe es demasiado pequeña para contenerla, y nuestra ciencia no puede tocarlo, y sin embargo es tan íntima y evidente y presente como la siguiente respiración ...

A todos nos puede adherirse a las diferentes religiones, y nos aferramos a las diferentes creencias, y el vestido de diferentes maneras, y hablamos diferentes idiomas, pero todos somos secreto íntimo con el mismo Dios.

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