El hombre sabio no piensa, el sabio sabe. El pensar es un esfuerzo para saber, es hacer suposiciones, es andar a tientas en la oscuridad, es disparar flechas en la oscuridad.
La sabiduría es
saber. Y cuando sabes, no necesitas hacer suposiciones.
Tú no supones que
ahora es por la mañana, que los pájaros están cantando y que a los árboles les
baña la luz del sol. Tú no supones estas cosas, no piensas que esto es así. Si
alguien hace suposiciones sobre esto debe estar ciego, o como mínimo ebrio...
se trata de una experiencia, y toda experiencia se valida a sí misma.
Atisha no es un
pensador especulativo. Lo que él dice no es una filosofía o un sistema de
pensamiento. Él cuenta cómo ha llegado; te
muestra el camino. Los budas sólo pueden mostrar el camino. Tú tendrás
que andarlo, nadie puede andar por ti. Nadie puede hacerlo por ti; la
existencia no admite a representantes en tu nombre.
Sí, los otros
pueden comunicar cómo lo han conseguido, qué dificultades hay que evitar, cómo
juzgar si vas o no en la dirección correcta,
qué energías utilizar y cuáles descartar, qué es lo que ayuda y qué
obstaculiza. Pueden darte pequeñas pistas acerca del camino. Y digo «pequeñas
pistas», tampoco pueden darte un mapa completo, porque cada individuo tendrá
que seguir un camino un poco diferente, y
cada individuo irá a través de experiencias únicas. Experiencias que nadie ha
tenido antes y que quizá nadie vaya a tener jamás.
Cada individuo es
tan único, que no se puede ofrecer un mapa absoluto; tan sólo se pueden ofrecer
pistas, pistas vagas, indicaciones.
No tienes que
aferrarte a esas indicaciones. Sólo entiéndelas, absórbelas y no seas fanático.
No digas: «Esto tiene que ser así; y si no es así, no voy a hacerlo, algo está
mal.» Será algo parecido a eso, pero de una manera muy vaga. Tendrá una
fragancia similar pero no será exactamente lo mismo. Uno tiene que ser
consciente de esto. Si no lo eres, entonces te vuelves fanático. Y los
fanáticos no han llegado nunca. Su mismo fanatismo se lo impide.
Estas son pequeñas
pistas. No son algo matemático, no son como el dos y dos son cuatro. En el
mundo de lo misterioso, algunas veces dos más dos son tres, otras veces dos más
dos son cinco. Es muy raro que dos más dos sean cuatro, muy raro. Es una
excepción, no es la regla. No son matemáticas, es música. No es lógica, es
poesía.
Cuando lees un
tratado lógico, lo lees con un tipo de mente. Si lees poesía necesitas otro
acercamiento totalmente diferente. En la lógica hay un proceso claro, el
proceso del silogismo. Sabes que esto es así, que lo otro es así, y que por
consiguiente lo de más allá será así. Hay un «por consiguiente».
En
la poesía no hay ningún «por consiguiente». La poesía da saltos cuánticos. La poesía es una visión, no un proceso lógico; una
canción, no un silogismo. Sí, incluso la canción posee cierta lógica
intrínseca, pero esa lógica no está en la superficie. Y esa lógica no la
perciben los que recorren el camino, la perciben los que han llegado.
Una vez que has
llegado verás la lógica de cada paso que hayas dado, pero no antes de ello.
Verás por qué tuviste que saltar, por qué tuviste que dar un determinado paso.
Cuando lo diste, nada estaba claro, nada era absolutamente cierto ni estaba
garantizado. Diste el paso de acuerdo con lo que sentías, no de acuerdo con lo
que pensabas. Pero más tarde, recapitulando, mirando hacia atrás, se puede
revivir el pensamiento. Ahora puedes buscar la corriente lógica subyacente.
Los que han llegado son muy lógicos. Pero si los que
están en el camino intentan ser lógicos, nunca sobrevivirán. Ésta es una de las paradojas a comprender.

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