LA MEDITACIÓN ES la fuente, la compasión es el rebosar de la fuente. El hombre sin meditación no tiene energía para el amor, para la compasión, para la celebración. La persona sin meditación está desconectada de su fuente de energía, no está en contacto con el océano. Tiene la poca energía creada por la comida, el aire, la materia... Vive de la energía física.
La energía física tiene limitaciones. Nace en un
momento determinado del tiempo y muere en otro momento del tiempo. La energía
física existe entre el nacimiento y la muerte. Es como una lámpara que arde por
el aceite que contiene. Una vez que el aceite se acaba, la llama se apaga.
La persona meditativa llega a conocer algo del
infinito, entra en contacto con la fuente de energía inagotable. Su llama sigue
y sigue, no cesa. Su llama no puede desaparecer, porque en realidad nunca
aparece; su llama no puede morir, porque no ha nacido.
¿Cómo conectarse con esta fuente inagotable de vida,
de abundancia, de riqueza?
A esa fuente inagotable puedes llamarle Dios, o
puedes llamarle verdad o darle el nombre que desees. Pero una cosa es
absolutamente cierta, que el hombre es una ola de algo infinito.
Si la ola mira hacia adentro encontrará el infinito.
Si sigue mirando hacia afuera, se queda
desconectada. Desconectada de su propio reino, desconectada de su propia
naturaleza. Jesús, a esta naturaleza, le
llama el reino de Dios. Él dice una y otra vez: «El reino de Dios está
dentro de ti. Ve hacia adentro.»
La meditación es tan sólo un puente para ir hacia adentro.
Una vez que la meditación sucede, lo único que falta por suceder es la
compasión.
Buda —el maestro original de la línea de Atisha—
dice que, a no ser que suceda la compasión,
no te des por satisfecho con la meditación. Has andado la mitad del camino,
tienes que ir un poco más lejos. La meditación, si es verdadera, rebosará hasta
hacerse compasión. Como cuando enciendes una lámpara: inmediatamente empieza a radiarse la luz, inmediatamente
comienza a dispersarse la oscuridad. Una vez que la luz interna está
encendida, la compasión es su radiación.
La compasión es la prueba de que la meditación ha
sucedido. El amor es la fragancia que
prueba que la-flor-de-los-mil-pétalos se ha abierto en el fuero más interno de tu ser. El amor es la prueba de que
la primavera ha llegado, de que ya no eres la misma persona que solías
ser, de que la personalidad ha cesado y de que la individualidad ha nacido. El
amor es la prueba de que ya no vives en la oscuridad, de que eres luz.

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