sábado, 19 de octubre de 2019

Atisha (1)



Primero aprende los preliminares.

Piensa que todos los fenómenos son como sueños.

Examina la naturaleza de la conciencia nonata.

Deja incluso que el remedio se vaya libremente por sí mismo.

Asiéntate en la naturaleza de la cognición básica, la esencia.

Entre sesiones, considera los fenómenos como fantasmas.

Ejercita la unión, enviando y tomando sucesivamente.

Haz esto cabalgando sobre la respiración.

Tres objetos, tres venenos, tres pilares de virtud.

Ejercita frases en todo tipo de conductas.

No te causes dolor por deleites espurios.

Todas las absorciones se efectúan en una.

Un método corregirá todo lo incorrecto.

Al principio y al final hay que hacer dos cosas.

Sé paciente, ocurra una u otra cosa.

Observa dos preceptos, incluso si con ello arriesgas la vida.

Supera las tres dificultades.

Abraza las tres partes de la causa principal.

Medita sobre las tres cosas que no deben ser destruidas.


Haz que las tres sean inseparables de la virtud.

jueves, 17 de octubre de 2019

El Cantar de los Cantares


I. La esposa
2 ¡Béseme con besos de su boca!
¡Son tus amores mejores que el vino!,
3 ¡Qué exquisito el olor de tus perfumes; aroma que se expande es tu nombre,por eso se enamoran de ti las doncellas!
4 Llévame contigo, ¡corramos!,
¡introdúceme, oh rey, en la alcoba;
disfrutemos y gocemos juntos,
saboreemos tus amores embriagadores!
¡Con razón de ti se enamoran!

1. La expresión «Cantar de los cantares» es un superlativo relativo. Puede ser traducida de otros modos: «El Cantar más bello, más sublime, sin rival...». Se le atribuye a Salomón, sin que Salomón sea el autor del libro. El Cantar es un conjunto de poemas, que pudieron circular de forma independiente, pero que, recopilados en un libro, recibieron cierta unidad y adquirieron un dinamismo, o trama, impuestos por el redactor. En la traducción y comentario prescindo de las voces (él – ella – coro, que es la forma habitual de presentar el libro) y me atengo a las posibles estrofas aisladas tras un análisis estructural del libro.  

I. La primera canción es un epigrama, que exalta apasionadamente el amor físico: desde los besos de la boca hasta el sabor de los «amores embriagadores»: el abrazo amoroso. El interlocutor es el rey. La mujer se supone que es la reina. El lugar para saborear la bebida del amor, el interior del palacio, la alcoba real. El lenguaje es delicado y alusivo, carente del realismo y de la tosquedad que leemos en otras páginas bíblicas (cfr. Ez 16; 26; 20; 23, por ejemplo). Este epigrama, por lo demás, es un buen proemio del libro: presentación de la mujer (en este caso la esposa) y del varón (que es el «rey»; la mujer sería la reina), plantas y aromas, sabores y el sentido del gusto, movimiento y presura, doncellas y enamoramiento... Toda esta temática se desarrollará a lo largo del Cantar.

martes, 15 de octubre de 2019

El Cantar de los Cantares


II. Una muchacha ingenua‡
5Soy morena, pero fascinante,
muchachas de Jerusalén,
como las tiendas de Cadar,
como las lonas de Salmá.
6No se fijen en mi tez morena,
el sol me ha bronceado:
mis hermanos se enojaron conmigo:
me pusieron a guardar las viñas;
¡y mi propia viña no la guardé!

II. En este segundo epigrama se presenta una muchacha que no es un dechado de belleza. Conoce sus propios encantos: es «fascinante». Nos dice su oficio: es guardaviñas. Nos confiesa su debilidad: su propia viña no la guardó. Sabemos que sus hermanos se enfadaron con ella (o si nos atenemos a cierta tradición textual, «la prometieron como esposa»), porque la muchacha no supo guardar su propia viña. El autor juega con la doble acepción de viña: el sentido obvio y el figurado: la viña es imagen de Israel (cfr. Jr 12,10; Sal 80,13s, etc.), y alude también al sexo femenino. Es decir, la muchacha ya ha tenido relaciones sexuales, sin que sepamos con quién. El hombre del Cantar es un interlocutor necesario, pero la protagonista es la mujer. La mujer que ahora se presenta ya no es la reina del primer epigrama, sino que puede pasar por ser la amante.

domingo, 13 de octubre de 2019

El Cantar de los Cantares


III. El pastor inaccesible
7 Dime, amado mío, dónde pastoreas,
dónde recuestas tu rebaño al mediodía,
para que no vaya como una prostituta
tras los rebaños de tus compañeros.
8 Si no lo sabes por ti misma,
la más bella de las mujeres,
sigue las huellas del rebaño,
y lleva a pastar tus cabritillas
junto a las chozas de los pastores.

III. El tercer epigrama está estructurado sobre una pregunta y una respuesta. Los personajes son ahora una pastora y un pastor. La mujer que habla en este epigrama no quiere continuar siendo una prostituta, no una mujer «errante», como se traduce habitualmente. No sabemos quién responde, puede ser la misma que pregunta: ¿por qué encapricharse sólo de uno si la belleza de la muchacha cautiva a tantos otros pastores? Sea quien sea el que responde, la mujer (ahora pastora) ha de renunciar al pastor inaccesible y ha de seguir las huellas de los pastores.
Se la condena a continuar ejerciendo su oficio.

jueves, 10 de octubre de 2019

El Cantar de los Cantares


IV. Encantos femeninos
9 Te comparo, amada mía,
a la yegua de la carroza del Faraón.
10 ¡Qué bellos tus flanco oscilantes,
y tu cuello entre collares!
11 Te haremos collarines de oro,
con engastes de plata.
V. Una noche de amor
12 Mientras el rey estaba en su diván,
mi nardo exhalaba su perfume.
13 Bolsita de mirra es mi amado para mí:
entre mis pechos descansa.
14 Manojito de alheña es mi amado para mí,en las viñas de Engadí.
VI. Diálogo en el bosque
15 ¡Qué hermosa eres, amada mía,
qué hermosa eres!
¡Palomas son tus ojos!
16 ¡Qué hermoso eres, amado mío,
qué delicioso!
17 ¡Y nuestro lecho es frondoso!
Las vigas de nuestra casa son de cedro,
nuestro artesonado, de ciprés.

IV. Por primera vez escuchamos la voz del varón. Este cuarto epigrama, en efecto, puede ser asignado a la primera mujer que aparece en el Cantar: a la esposa (reina), aunque no se la nombre, ni se mencione al rey.  
V. La esposa (reina) evoca una noche de amor con el rey. Los perfumes se meten por los sentidos: nardo, mirra, alheña. El nardo aparece sólo en el Cantar (Prov 7 enumera siete perfumes, pero olvida el nardo). Este perfume entrará en el Nuevo Testamento a través de una escena importantísima: la mujer anónima que unge a Jesús con nardo (Mc 14,3-5). Se hará memoria de esta mujer dondequiera que se anuncie la Buena Noticia (Mc 14,9). Los perfumes, en esta escena del Cantar, significan el placer que experimentan el rey y la reina en su encuentro.  
VI. Del interior del palacio nos vamos al campo: el joven se encuentra con su amada en campo abierto. La naturaleza es el templo del amor para la joven enamorada, de la que sabemos, por confesión propia, que su vida transcurre en el campo. Una vez más la mujer toma la iniciativa y se insinúa.

martes, 8 de octubre de 2019

El Cantar de los Cantares


VII. Rosas y manzanos
1 Soy un narciso de la llanura,
una rosa de los valles.
2 Como rosa entre espinas
es mi amada entre las mozas.
3 Como manzano entre arbustos
es mi amado entre los mozos:
quisiera yacer a su sombra,
que su fruto es sabroso.
VIII. La mujer herida
4 Me llevaron a un banquete
y el Amor me declaró la guerra.
5 Tiéndanme sobre tortas de pasas,
recuéstenme sobre manzanas,
porque he sido herida por el Amor.
6 Su izquierda bajo mi cabeza
y su derecha me abraza.
7¡Les conjuro, muchachas de Jerusalén,
por las gacelas y ciervas del campo
que no despierten ni desvelen al amor
hasta que a él le plazca!
IX. Primavera
8 ¡Un rumor...! ¡Mi amado!
Véanlo, aquí llega saltando por los montes,
brincando por las colinas!
9 Es mi amado un gamo,
parece un cervatillo.
Véanlo parado tras la cerca,
mirando por las ventanas,
atisbando por la reja.
10 Habla mi amado y me dice:
¡Levántate, amada mía,
preciosa mía, vente!
11 Mira, el invierno ya ha pasado,
las lluvias han cesado, se han ido.
12 Brotan flores en el campo,
llega el tiempo de los cánticos,
el arrullo de la tórtola
se oye en nuestra tierra;
13 en la higuera despuntan las yemas,
las vides abultadas perfumean.
¡Levántate, amada mía,
hermosa mía, vente!
14 Paloma mía, en las grietas de las rocas,
en el escondrijo escarpado,
déjame ver tu figura,
déjame escuchar tu voz:
¡Es tan dulce tu voz,
es tan fascinante tu figura!
15 Atrápennos las raposas,
las raposas pequeñitas,
que destrozan nuestras viñas,
nuestras abultadas viñas.
16 Mi amado es mío y yo suya,
¡se deleita entre las rosas!
17 Hasta que surja el día,
y huyan las tinieblas,
ronda, amado mío,
sé cómo un gamo
aseméjate a un cervatillo
por las colinas hendidas.

VII. Continuamos en el escenario campestre. La muchacha se experimenta encantadora, como un narciso o como una rosa, y libre en la sombra del valle. El muchacho ratifica lo que acaba de decir la joven: para él es la mujer más bella que existe. Intervienen en esta escena dos jóvenes: la amante que se presentó en el comienzo del libro y su interlocutor. Quien tiene la iniciativa, una vez más, es ella.
VIII. Un cambio de escenario en este nuevo epigrama. Estamos ahora en la sala de «un banquete». En esta sala irrumpe un guerrero inesperado: el Amor (en hebreo está sin artículo, y debemos entender que se trata de una personificación). La mujer es herida súbitamente y pide socorro. La herida es tan profunda, que sólo podrá sanar con la presencia y la figura del amado. Éste ha desparecido tan rápidamente como apareció, y ha dejado herida a la mujer. Si las compañeras de esta mujer no quieren pasar por semejante trance, que no despierten ni
desvelen al amor (ahora con artículo, debiendo traducirse por «el amor»), hasta que a él le plazca. El campo de batalla nos permite pensar en el tercer personaje femenino presentado en el prólogo del libro: en la prostituta.
IX. Es el primer idilio del Cantar. Los verbos de movimiento y la voz dan unidad a la composición. Protagonista del idilio es la muchacha «fascinante» (14), que se presentó en el prólogo del libro (1,5). Ha soportado un invierno de ausencia. Ha llegado la primavera. Las flores del campo, las higueras que despuntan, las viñas abultadas, la estación de los cánticos, el arrullo de la tórtola, todo invita a celebrar el amor y a gozar de él. El oído despierto percibe la proximidad del amado, aunque no sea más que «un rumor...». A partir de ese momento
se imagina cómo se acerca presuroso, cual gamo o cervatillo, cómo mira y atisba por la ventana y por la reja. Oye su voz, o ella misma pone palabras en boca del amado: «Levántate... Vente». Pero la muchacha se resiste. Convierte su casa en palomar, a pesar de que anhelaba como nadie la presencia del amado. El juego del amor es, a veces, demasiado cruel (Cant 8,6). El muchacho se contentaría tan sólo con ver la figura «fascinante» de la muchacha y con escuchar su «dulce voz». Tras el conjuro contra las raposas que son un peligro para la viña no guardada en otro tiempo, la muchacha declara solemnemente: «Mi amado es mío y yo suya, ¡se deleita entre las rosas!». Mientras dure la noche, es tiempo de que el gamo o cervatillo ronde por las colinas hendidas. El lenguaje
es alusivo y delicado. Aunque tanto la muchacha como el muchacho tienen voz en este bellísimo idilio, acaso sea tan sólo una fantasía de la muchacha, que sueña con la donación y posesión total.

jueves, 3 de octubre de 2019

Cuentos y fábulas de Buda.


La Anciana Mendiga
En la época de Buda vivió una anciana mendiga llamada
―Confiar en la Alegría. Esta mujer observaba cómo reyes, príncipes y demás personas hacían ofrendas a Buda y sus discípulos, y nada le habría gustado más que poder hacer ella lo mismo.
Así pues, salió a mendigar, y después de un día entero sólo había conseguido una monedita. Fue al vendedor de aceite para comprarle un poco, pero el hombre le dijo que con tan poco dinero no podía comprar nada.
Sin embargo, al saber que quería el aceite para ofrecérselo a Buda, se compadeció de ella y le dio lo que quería.
La anciana fue con el aceite al monasterio y allí encendió una lamparilla, que depositó delante de Buda mientras le expresaba este deseo:
–No puedo ofrecerte nada más que esta minúscula lámpara. Pero, por la gracia de esta ofrenda, en el futuro sea yo bendecida con la lámpara de la sabiduría.
Pueda yo liberar a todos los seres de sus tinieblas. Pueda purificar todos sus oscurecimientos y conducirlos a la iluminación A lo largo de la noche se agotó el aceite de todas las demás lamparillas, pero la de la anciana mendiga aún seguía ardiendo al amanecer cuando llegó Maudgalyayana, discípulo de Buda, para retirarlas.
Al ver que aquella todavía estaba encendida, llena de aceite y con una mecha nueva, pensó: No hay motivo para que esta lámpara permanezca encendida durante el día, y trató de apagarla de un soplido. Pero la lámpara continuó encendida. Trató de apagarla con los dedos, pero siguió brillando. Trató de extinguirla con su túnica, pero aun así siguió ardiendo.
Buda, que había estado contemplando la escena, le dijo:
–¿Quieres apagar esa lámpara, Maudgalyayana? No podrás. No podrías ni siquiera moverla, y mucho menos apagarla. Si derramaras toda el agua del océano sobre ella, no se apagaría. El agua de todos los ríos y lagos del mundo no bastaría para extinguirla.
–¿Por qué no?
–Porque esta lámpara fue ofrecida con devoción y con pureza de mente y corazón. Y esa motivación la ha hecho enormemente beneficiosa.
Cuando Buda terminó de hablar, la mujer se le acercó, y él profetizó que en el futuro llegaría a convertirse en un buda perfecto llamado ―Luz de la lámpara. Así pues, es nuestra motivación, ya sea buena o mala, la que determina el fruto de nuestros actos. Shantideva dijo:
"Toda la dicha que hay en este mundo,
Toda proviene de desear que los demás sean felices;
Y todo el sufrimiento que hay en este mundo,
Todo proviene de desear ser feliz yo
Puesto que la ley del karma es inevitable e infalible, cada vez que perjudicamos a otros nos perjudicamos directamente a nosotros mismos, y cada vez que les proporcionamos felicidad, nos proporcionamos a nosotros mismos felicidad futura.