martes, 15 de octubre de 2019

El Cantar de los Cantares


II. Una muchacha ingenua‡
5Soy morena, pero fascinante,
muchachas de Jerusalén,
como las tiendas de Cadar,
como las lonas de Salmá.
6No se fijen en mi tez morena,
el sol me ha bronceado:
mis hermanos se enojaron conmigo:
me pusieron a guardar las viñas;
¡y mi propia viña no la guardé!

II. En este segundo epigrama se presenta una muchacha que no es un dechado de belleza. Conoce sus propios encantos: es «fascinante». Nos dice su oficio: es guardaviñas. Nos confiesa su debilidad: su propia viña no la guardó. Sabemos que sus hermanos se enfadaron con ella (o si nos atenemos a cierta tradición textual, «la prometieron como esposa»), porque la muchacha no supo guardar su propia viña. El autor juega con la doble acepción de viña: el sentido obvio y el figurado: la viña es imagen de Israel (cfr. Jr 12,10; Sal 80,13s, etc.), y alude también al sexo femenino. Es decir, la muchacha ya ha tenido relaciones sexuales, sin que sepamos con quién. El hombre del Cantar es un interlocutor necesario, pero la protagonista es la mujer. La mujer que ahora se presenta ya no es la reina del primer epigrama, sino que puede pasar por ser la amante.

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