martes, 8 de octubre de 2019

El Cantar de los Cantares


VII. Rosas y manzanos
1 Soy un narciso de la llanura,
una rosa de los valles.
2 Como rosa entre espinas
es mi amada entre las mozas.
3 Como manzano entre arbustos
es mi amado entre los mozos:
quisiera yacer a su sombra,
que su fruto es sabroso.
VIII. La mujer herida
4 Me llevaron a un banquete
y el Amor me declaró la guerra.
5 Tiéndanme sobre tortas de pasas,
recuéstenme sobre manzanas,
porque he sido herida por el Amor.
6 Su izquierda bajo mi cabeza
y su derecha me abraza.
7¡Les conjuro, muchachas de Jerusalén,
por las gacelas y ciervas del campo
que no despierten ni desvelen al amor
hasta que a él le plazca!
IX. Primavera
8 ¡Un rumor...! ¡Mi amado!
Véanlo, aquí llega saltando por los montes,
brincando por las colinas!
9 Es mi amado un gamo,
parece un cervatillo.
Véanlo parado tras la cerca,
mirando por las ventanas,
atisbando por la reja.
10 Habla mi amado y me dice:
¡Levántate, amada mía,
preciosa mía, vente!
11 Mira, el invierno ya ha pasado,
las lluvias han cesado, se han ido.
12 Brotan flores en el campo,
llega el tiempo de los cánticos,
el arrullo de la tórtola
se oye en nuestra tierra;
13 en la higuera despuntan las yemas,
las vides abultadas perfumean.
¡Levántate, amada mía,
hermosa mía, vente!
14 Paloma mía, en las grietas de las rocas,
en el escondrijo escarpado,
déjame ver tu figura,
déjame escuchar tu voz:
¡Es tan dulce tu voz,
es tan fascinante tu figura!
15 Atrápennos las raposas,
las raposas pequeñitas,
que destrozan nuestras viñas,
nuestras abultadas viñas.
16 Mi amado es mío y yo suya,
¡se deleita entre las rosas!
17 Hasta que surja el día,
y huyan las tinieblas,
ronda, amado mío,
sé cómo un gamo
aseméjate a un cervatillo
por las colinas hendidas.

VII. Continuamos en el escenario campestre. La muchacha se experimenta encantadora, como un narciso o como una rosa, y libre en la sombra del valle. El muchacho ratifica lo que acaba de decir la joven: para él es la mujer más bella que existe. Intervienen en esta escena dos jóvenes: la amante que se presentó en el comienzo del libro y su interlocutor. Quien tiene la iniciativa, una vez más, es ella.
VIII. Un cambio de escenario en este nuevo epigrama. Estamos ahora en la sala de «un banquete». En esta sala irrumpe un guerrero inesperado: el Amor (en hebreo está sin artículo, y debemos entender que se trata de una personificación). La mujer es herida súbitamente y pide socorro. La herida es tan profunda, que sólo podrá sanar con la presencia y la figura del amado. Éste ha desparecido tan rápidamente como apareció, y ha dejado herida a la mujer. Si las compañeras de esta mujer no quieren pasar por semejante trance, que no despierten ni
desvelen al amor (ahora con artículo, debiendo traducirse por «el amor»), hasta que a él le plazca. El campo de batalla nos permite pensar en el tercer personaje femenino presentado en el prólogo del libro: en la prostituta.
IX. Es el primer idilio del Cantar. Los verbos de movimiento y la voz dan unidad a la composición. Protagonista del idilio es la muchacha «fascinante» (14), que se presentó en el prólogo del libro (1,5). Ha soportado un invierno de ausencia. Ha llegado la primavera. Las flores del campo, las higueras que despuntan, las viñas abultadas, la estación de los cánticos, el arrullo de la tórtola, todo invita a celebrar el amor y a gozar de él. El oído despierto percibe la proximidad del amado, aunque no sea más que «un rumor...». A partir de ese momento
se imagina cómo se acerca presuroso, cual gamo o cervatillo, cómo mira y atisba por la ventana y por la reja. Oye su voz, o ella misma pone palabras en boca del amado: «Levántate... Vente». Pero la muchacha se resiste. Convierte su casa en palomar, a pesar de que anhelaba como nadie la presencia del amado. El juego del amor es, a veces, demasiado cruel (Cant 8,6). El muchacho se contentaría tan sólo con ver la figura «fascinante» de la muchacha y con escuchar su «dulce voz». Tras el conjuro contra las raposas que son un peligro para la viña no guardada en otro tiempo, la muchacha declara solemnemente: «Mi amado es mío y yo suya, ¡se deleita entre las rosas!». Mientras dure la noche, es tiempo de que el gamo o cervatillo ronde por las colinas hendidas. El lenguaje
es alusivo y delicado. Aunque tanto la muchacha como el muchacho tienen voz en este bellísimo idilio, acaso sea tan sólo una fantasía de la muchacha, que sueña con la donación y posesión total.

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