jueves, 10 de octubre de 2019

El Cantar de los Cantares


IV. Encantos femeninos
9 Te comparo, amada mía,
a la yegua de la carroza del Faraón.
10 ¡Qué bellos tus flanco oscilantes,
y tu cuello entre collares!
11 Te haremos collarines de oro,
con engastes de plata.
V. Una noche de amor
12 Mientras el rey estaba en su diván,
mi nardo exhalaba su perfume.
13 Bolsita de mirra es mi amado para mí:
entre mis pechos descansa.
14 Manojito de alheña es mi amado para mí,en las viñas de Engadí.
VI. Diálogo en el bosque
15 ¡Qué hermosa eres, amada mía,
qué hermosa eres!
¡Palomas son tus ojos!
16 ¡Qué hermoso eres, amado mío,
qué delicioso!
17 ¡Y nuestro lecho es frondoso!
Las vigas de nuestra casa son de cedro,
nuestro artesonado, de ciprés.

IV. Por primera vez escuchamos la voz del varón. Este cuarto epigrama, en efecto, puede ser asignado a la primera mujer que aparece en el Cantar: a la esposa (reina), aunque no se la nombre, ni se mencione al rey.  
V. La esposa (reina) evoca una noche de amor con el rey. Los perfumes se meten por los sentidos: nardo, mirra, alheña. El nardo aparece sólo en el Cantar (Prov 7 enumera siete perfumes, pero olvida el nardo). Este perfume entrará en el Nuevo Testamento a través de una escena importantísima: la mujer anónima que unge a Jesús con nardo (Mc 14,3-5). Se hará memoria de esta mujer dondequiera que se anuncie la Buena Noticia (Mc 14,9). Los perfumes, en esta escena del Cantar, significan el placer que experimentan el rey y la reina en su encuentro.  
VI. Del interior del palacio nos vamos al campo: el joven se encuentra con su amada en campo abierto. La naturaleza es el templo del amor para la joven enamorada, de la que sabemos, por confesión propia, que su vida transcurre en el campo. Una vez más la mujer toma la iniciativa y se insinúa.

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