9 Te comparo, amada mía,
a la yegua
de la carroza del Faraón.
10 ¡Qué bellos tus flanco oscilantes,
y tu
cuello entre collares!
11 Te haremos collarines de oro,
con
engastes de plata.
V. Una noche de amor
12 Mientras el rey estaba en su diván,
mi nardo
exhalaba su perfume.
13 Bolsita de mirra es mi amado para mí:
entre mis
pechos descansa.
14 Manojito de alheña es mi amado para mí,en las
viñas de Engadí.
VI. Diálogo en el bosque
15 ¡Qué hermosa eres, amada mía,
qué
hermosa eres!
¡Palomas
son tus ojos!
16 ¡Qué hermoso eres, amado mío,
qué
delicioso!
17 ¡Y nuestro lecho es frondoso!
Las vigas
de nuestra casa son de cedro,
nuestro artesonado, de
ciprés.
IV. Por
primera vez escuchamos la voz del varón. Este cuarto epigrama, en efecto, puede
ser asignado a la primera mujer que aparece en el Cantar: a la esposa (reina),
aunque no se la nombre, ni se mencione al rey.
V. La esposa
(reina) evoca una noche de amor con el rey. Los perfumes se meten por los
sentidos: nardo, mirra, alheña. El nardo aparece sólo en el Cantar (Prov 7
enumera siete perfumes, pero olvida el nardo). Este perfume
entrará en el Nuevo Testamento a través de una escena importantísima: la mujer
anónima que unge a Jesús con nardo (Mc 14,3-5). Se hará memoria de
esta mujer dondequiera que se anuncie la Buena Noticia (Mc 14,9). Los
perfumes, en esta escena del Cantar, significan el placer que experimentan el
rey y la reina en su encuentro.
VI. Del
interior del palacio nos vamos al campo: el joven se encuentra con su amada en
campo abierto. La naturaleza es el templo del amor para la joven enamorada, de
la que sabemos, por confesión propia, que su vida transcurre en el campo. Una
vez más la mujer toma la iniciativa y se insinúa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por participar y hacer más grande esta página.