sábado, 13 de febrero de 2021

EL LIBRO DE LA SABIDURIA - Atisha


El conciso compendio de instrucciones sobre el corazón es 
trabaja con las «Cinco Fuerzas»

 Estas son las cinco fuerzas. La primera fuerza es la intensidad, la totalidad; si de verdad quieres transformar tu vida, si de verdad quieres convertirte en una luz para ti mismo, si de verdad quieres saber el misterio último de la existencia y el éxtasis último de estar vivo, entonces la primera fuerza es la intensidad, la totalidad.

Lo que hagas, hazlo con intensidad, óptimamente. No seas descuidado, no seas vago, no lo hagas a medias. Métete en ello completamente, deja que se convierta en una absorción total.

Si bailas, baila tan totalmente que el que baila desaparezca y sólo quede el baile, y entonces habrá transformación. Si amas, ama totalmente, tan totalmente que no se encuentre al que ama. Sólo se encuentra al que ama si estás reteniendo algo; eso que retienes se convierte en el que ama. Si estás reteniendo algo, lo que estás reteniendo se convierte en el que baila, en el que canta. Si estás totalmente en el baile, en la canción, en el amor, ¿quién queda ahí para decir, «soy el que ama, soy el que baila»? No queda nada.

Y la totalidad transforma.

Sólo a los cien grados de intensidad se evapora uno de lo material a lo espiritual, de la tierra al cielo, de lo ordinario a lo extraordinario.

La segunda fuerza es familiarización: haz lo que de verdad quieras hacer y sé lo que de verdad quieras ser. La vida se vive de acuerdo con estructuras que has creado a tu alrededor. Si de verdad quieres ser otra cosa, entonces familiarízate con esa otra cosa. Si quieres tocar la guitarra, practica. Si quieres bailar, practica. Si quieres que algo suceda en tu vida, embébete más y más de ello y deja todo lo que está en su contra. Y la forma de dejarlo es no usarlo, porque usándolo creas caminos para que venga a ti una y otra vez.

La tercera fuerza es la fuerza de las semillas blancas. «Semillas blancas» es una metáfora. Atisha quiere decir deja todo lo que sea negro. Deja de cultivar las semillas negras de la ira, de la envidia, del odio, de la posesión, de la dominación. Deja todas las semillas negras. Incluso si surgen, absórbelas en el corazón y se convertirán en semillas blancas. Y ¿cuáles son las semillas blancas? El amor, la compasión, el servicio, la sinceridad, la sensibilidad, la conciencia, éstas son las semillas blancas. Si un día quieres que tu vida tenga flores blancas, tendrás que sembrar semillas blancas.

Y la cuarta fuerza es la desaprobación, el abjurar completamente de los pensamientos orientados al ego. Observa. Desconéctate inmediatamente de todo lo que sea envanecimiento, de todo lo que emerja del ego. Incluso demorarse en dejarlo es peligroso. Demorarse le dará energía. En el momento en que sepas que proviene del ego, desconéctate de inmediato.

Y todo el mundo sabe cuándo está siguiendo un camino de ego. No es un arte que haya que aprender, todo el mundo ha nacido sabiéndolo. Tú lo sabes. Puedes seguir un camino del ego a pesar de saberlo —ésa es otra cuestión—, pero lo sabes. Cuando el ego asome la cabeza. ¡Corta esa cabeza inmediatamente de un solo tajo!

Y la quinta fuerza es la fuerza del dedicar toda virtud al bienestar de los demás. Comparte de inmediato todo lo bueno que te suceda. Esta es una de las cosas más fundamentales en el budismo. No acumules, no seas avaro. Si surge el amor, compártelo, viértelo. Si no te es posible encontrar a gente, viértelo sobre los árboles, sobre las rocas, pero viértelo. No lo acumules, porque si lo acumulas se vuelve veneno; si lo acumulas se amarga y se agria. Compártelo.

Y cuanto más compartas, más llegará a ti de fuentes desconocidas. Poco a poco, serás capaz de saber los caminos de la economía interna. La economía externa es: acumula si quieres tener cosas. Y la economía interna es justamente lo opuesto: acumula y no tendrás. Da y tendrás, da más y tendrás más.

jueves, 11 de febrero de 2021

EL LIBRO DE LA SABIDURIA - Atisha

 


Para conducir al camino rápidamente cualquier situación 
tan pronto como se dé, únela con meditación.

Pase lo que pase —bueno, malo, éxito, fracaso—, hazte inmediatamente consciente de lo que sucede. No desperdicies ni un solo segundo. No te quedes atrás, permanece presente; y te sorprenderás: los errores empiezan a desaparecer de tu vida. Y entonces, hagas lo que hagas, será correcto.

La gente me pregunta qué es lo correcto y qué es lo incorrecto, y mi respuesta es: si algo surge de la conciencia, es correcto. Si algo surge de la inconsciencia es incorrecto. El que algo sea correcto o incorrecto depende de cómo lo haces no de qué haces. No es una cuestión del qué sino del cómo: meditativamente o sin meditación; alerta, despierto; o haciendo las cosas como un sonámbulo.

martes, 9 de febrero de 2021

EL LIBRO DE LA SABIDURIA - Atisha

 
Para conducir al camino rápidamente cualquier situación, tan pronto como se de únela con meditción.

Y recuerda, cada situación tiene que convertirse en una oportunidad para meditar. ¿Qué es la meditación? Volverse consciente de lo que estás haciendo, volverse consciente de lo que te sucede.

Alguien te insulta, vuélvete consciente. ¿Qué te sucede cuando llega el insulto? Medita sobre ello; hacerlo es cambiar por completo la situación.

Cuando alguien te insulta te concentras en la persona: «¿Por qué me insulta? ¿Qué piensa de mí? ¿Quién se ha creído que es? ¿Cómo puedo vengarme?» Si el otro es fuerte, te rindes, empiezas a menear el rabo. Si no es fuerte, si ves que es débil, saltas sobre él. Pero con todo esto, te olvidas de ti completamente; el otro se convierte en el foco.

Así desperdicias una oportunidad para la meditación. Cuando alguien te insulte, medita.

Gurdjieff relata que:

Cuando mi padre se estaba muriendo, yo contaba sólo nueve años. Él me llamó para que me acercara a su cama y me susurró al oído:

—Hijo mío, no te puedo dejar mucho, no en cosas mundanas. Pero tengo algo que comunicarte, algo que mi padre me dijo cuando estaba en su lecho de muerte. A mí me ha ayudado tremendamente; ha sido mi tesoro. Tú eres todavía muy joven, quizá no entiendas lo que te voy a decir, pero guárdalo, recuérdalo. Un día, cuando seas mayor, quizá puedas entenderlo. Se trata de una llave: abre las puertas de grandes tesoros.

Gurdjieff, por supuesto, en ese momento no pudo entenderlo, pero aquello cambió toda su vida. Y su padre le dijo algo muy sencillo.

Dijo:

—Cuando alguien te insulte, hijo mío, dile que por veinticuatro horas meditarás sobre ello y después volverás y le responderás.

Gurdjieff no podía creer que aquella fuera una llave tan maravillosa. No podía creer que: «Esto es algo tan valioso que haya que recordarlo.» Y a un niño de nueve años se le puede perdonar... pero como aquello se lo dijo su moribundo padre, y Gurdjieff le había amado tremendamente; y como inmediatamente después de decírselo exhaló su último suspiro... se le quedó grabado, no pudo olvidarlo. Cuando recordaba a su padre, recordaba lo que le había dicho.

Sin comprenderlo verdaderamente, Gurdjieff empezó a practicarlo. Si alguien le insultaba decía:

—Durante veinticuatro horas tengo que meditar sobre ello, eso es lo que me dijo mi padre. Y él ya no está aquí. No puedo desobedecer a un anciano que está muerto. Él me amó tremendamente, y yo le amé tremendamente, y ahora no hay manera de desobedecerle. Puedes desobedecer a tu padre cuando está vivo, pero cuando está muerto, ¿cómo vas a desobedecerle? Así que, por favor, perdóname, cuando pasen veinticuatro horas volveré y te responderé.

Y Gurdjieff cuenta que: «El meditar en ello durante veinticuatro horas me ha aportado las más grandes percepciones sobre mi ser. A veces encontraba que el insulto era correcto, que eso es lo que yo soy. Así que iba a la persona y le decía: "Gracias, tenías razón. Lo de ayer no fue un insulto, fue la mención de un hecho. Me llamaste estúpido. Lo soy".»

«O algunas veces sucedía que meditando veinticuatro horas llegaba a saber que aquello era una mentira absoluta. Pero cuando algo es mentira, ¿por qué ofenderse? Así que ni siquiera iba a decirle a la persona que aquello era mentira. Una mentira es una mentira ¿Para qué molestarse?»

Pero observando, meditando, Gurdjieff poco a poco fue haciéndose más y más consciente de sus reacciones, dejando a un lado las acciones de los demás.

domingo, 7 de febrero de 2021

EL LIBRO DE LA SABIDURIA - Atisha


Atisha es verdaderamente científico. Primero dice: carga con toda la responsabilidad. En segundo lugar, dice: sé agradecido con todos. Ahora que ya nadie, excepto tú, es responsable de tu miseria; si todo es tu propia creación, entonces, ¿qué queda?

Sé agradecido con todos

Porque todo el mundo está contribuyendo a crear la situación para que tú te transformes; incluso aquellos que piensan que te están poniendo trabas, incluso aquellos que piensan que son tus enemigos. Tus amigos, tus enemigos, la buena gente y la mala gente, las circunstancias favorables, las circunstancias desfavorables, todo junto está creando el contexto en el que puedes transformarte y convertirte en un buda. Sé agradecido con todos.

En una ocasión, un hombre vino a Buda y le escupió a la cara. Sus discípulos, por supuesto, estaban enfurecidos. Ananda, el discípulo más cercano, dirigiéndose a Buda, dijo:

—¡Esto pasa de la raya! —Ananda estaba rojo de ira.

Y prosiguió:

—¡Dame permiso para que le enseñe a este hombre lo que acaba de hacer!

Buda se limpió la cara y dijo al hombre:

—Gracias. Has creado un contexto en el que he podido comprobar si todavía puede invadirme la ira o no. Y no puede. Y te estoy tremendamente agradecido. Y también has creado un contexto para Ananda: esto le permite ver que todavía puede invadirle la ira. ¡Muchas gracias! ¡Te estamos muy agradecidos! Y de vez en cuando, estás invitado a venir. Por favor, siempre que sientas el imperioso deseo de escupirle a alguien, puedes venir a nosotros.

Fue una conmoción tal para aquel hombre... No podía dar crédito a sus oídos. No podía creer lo que estaba sucediendo. Había venido para provocar la ira en Buda. Y había fracasado.

Aquella noche no pudo dormir, estuvo dando vueltas en la cama y no pudo conciliar el sueño. Los pensamientos le perseguían continuamente: el escupir a Buda —una de las cosas más insultantes—, y el que Buda permaneciese tan sereno, tan en calma como lo había estado antes, como si no hubiera sucedido nada... el que Buda se limpiase la cara y dijera: «Gracias, y cuando sientas el imperioso deseo de escupir a alguien, por favor, ven a nosotros.»

Se acordaba una y otra vez... aquella cara, aquella cara tranquila, serena, aquellos ojos compasivos. Y cuando Buda le dio las gracias, no fue una formalidad, le estaba verdaderamente agradecido. Todo su ser decía que estaba agradecido, Buda desprendía una atmósfera de agradecimiento.

De la misma manera que pudo ver que Ananda estaba rojo de ira... Buda estaba tan sereno, con tanto amor, tan compasivo... ahora él no se lo podía perdonar a sí mismo, ¿qué había hecho? Escupirle a este hombre; un hombre como Buda...

A la mañana siguiente, muy temprano, volvió precipitado, se postró a los pies de Buda y dijo:

—Por favor, perdóname. No he podido dormir en toda la noche.

Buda respondió:

—No tiene la menor importancia. No necesitas pedir perdón por algo que ya no tiene existencia. ¡Ha pasado tanta agua por el Ganges!

Buda estaba sentado a la orilla del Ganges, bajo un árbol. Y le mostró al hombre:

—Mira: ¡discurre tanta agua a cada momento! Han pasado veinticuatro horas; ¿por qué cargas con algo que ya no existe? No pienses más en ello. Y además, yo no te puedo perdonar, porque, en primer lugar, no llegué a enojarme contigo. Si me hubiera enojado, te podría perdonar. Si necesitas perdón, pídeselo a Ananda. Échate a sus pies. Él lo disfrutará.

viernes, 5 de febrero de 2021

EL LIBRO DE LA SABIDURIA - Atisha


El hombre sabio no piensa, el sabio sabe. El pensar es un esfuerzo para saber, es hacer suposiciones, es andar a tientas en la oscuridad, es disparar flechas en la oscuridad.

La sabiduría es saber. Y cuando sabes, no necesitas hacer suposiciones.

Tú no supones que ahora es por la mañana, que los pájaros están cantando y que a los árboles les baña la luz del sol. Tú no supones estas cosas, no piensas que esto es así. Si alguien hace suposiciones sobre esto debe estar ciego, o como mínimo ebrio... se trata de una experiencia, y toda experiencia se valida a sí misma.

Atisha no es un pensador especulativo. Lo que él dice no es una filosofía o un sistema de pensamiento. Él cuenta cómo ha llegado; te muestra el camino. Los budas sólo pueden mostrar el camino. Tú tendrás que andarlo, nadie puede andar por ti. Nadie puede hacerlo por ti; la existencia no admite a representantes en tu nombre.

Sí, los otros pueden comunicar cómo lo han conseguido, qué dificultades hay que evitar, cómo juzgar si vas o no en la dirección correcta, qué energías utilizar y cuáles descartar, qué es lo que ayuda y qué obstaculiza. Pueden darte pequeñas pistas acerca del camino. Y digo «pequeñas pistas», tampoco pueden darte un mapa completo, porque cada individuo tendrá que seguir un camino un poco diferente, y cada individuo irá a través de experiencias únicas. Experiencias que nadie ha tenido antes y que quizá nadie vaya a tener jamás.

Cada individuo es tan único, que no se puede ofrecer un mapa absoluto; tan sólo se pueden ofrecer pistas, pistas vagas, indicaciones.

No tienes que aferrarte a esas indicaciones. Sólo entiéndelas, absórbelas y no seas fanático. No digas: «Esto tiene que ser así; y si no es así, no voy a hacerlo, algo está mal.» Será algo parecido a eso, pero de una manera muy vaga. Tendrá una fragancia similar pero no será exactamente lo mismo. Uno tiene que ser consciente de esto. Si no lo eres, entonces te vuelves fanático. Y los fanáticos no han llegado nunca. Su mismo fanatismo se lo impide.

Estas son pequeñas pistas. No son algo matemático, no son como el dos y dos son cuatro. En el mundo de lo misterioso, algunas veces dos más dos son tres, otras veces dos más dos son cinco. Es muy raro que dos más dos sean cuatro, muy raro. Es una excepción, no es la regla. No son matemáticas, es música. No es lógica, es poesía.

Cuando lees un tratado lógico, lo lees con un tipo de mente. Si lees poesía necesitas otro acercamiento totalmente diferente. En la lógica hay un proceso claro, el proceso del silogismo. Sabes que esto es así, que lo otro es así, y que por consiguiente lo de más allá será así. Hay un «por consiguiente».

En la poesía no hay ningún «por consiguiente». La poesía da saltos cuánticos. La poesía es una visión, no un proceso lógico; una canción, no un silogismo. Sí, incluso la canción posee cierta lógica intrínseca, pero esa lógica no está en la superficie. Y esa lógica no la perciben los que recorren el camino, la perciben los que han llegado.

Una vez que has llegado verás la lógica de cada paso que hayas dado, pero no antes de ello. Verás por qué tuviste que saltar, por qué tuviste que dar un determinado paso. Cuando lo diste, nada estaba claro, nada era absolutamente cierto ni estaba garantizado. Diste el paso de acuerdo con lo que sentías, no de acuerdo con lo que pensabas. Pero más tarde, recapitulando, mirando hacia atrás, se puede revivir el pensamiento. Ahora puedes buscar la corriente lógica subyacente.

Los que han llegado son muy lógicos. Pero si los que están en el camino intentan ser lógicos, nunca sobrevivirán. Ésta es una de las paradojas a comprender.

miércoles, 3 de febrero de 2021

EL LIBRO DE LA SABIDURIA - Atisha


LA MEDITACIÓN ES la fuente, la compasión es el rebosar de la fuente. El hombre sin meditación no tiene energía para el amor, para la compasión, para la celebración. La persona sin meditación está desconectada de su fuente de energía, no está en contacto con el océano. Tiene la poca energía creada por la comida, el aire, la materia... Vive de la energía física.

La energía física tiene limitaciones. Nace en un momento determinado del tiempo y muere en otro momento del tiempo. La energía física existe entre el nacimiento y la muerte. Es como una lámpara que arde por el aceite que contiene. Una vez que el aceite se acaba, la llama se apaga.

La persona meditativa llega a conocer algo del infinito, entra en contacto con la fuente de energía inagotable. Su llama sigue y sigue, no cesa. Su llama no puede desaparecer, porque en realidad nunca aparece; su llama no puede morir, porque no ha nacido.

¿Cómo conectarse con esta fuente inagotable de vida, de abundancia, de riqueza?

A esa fuente inagotable puedes llamarle Dios, o puedes llamarle verdad o darle el nombre que desees. Pero una cosa es absolutamente cierta, que el hombre es una ola de algo infinito.

Si la ola mira hacia adentro encontrará el infinito. Si sigue mirando hacia afuera, se queda desconectada. Desconectada de su propio reino, desconectada de su propia naturaleza. Jesús, a esta naturaleza, le llama el reino de Dios. Él dice una y otra vez: «El reino de Dios está dentro de ti. Ve hacia adentro.»

La meditación es tan sólo un puente para ir hacia adentro. Una vez que la meditación sucede, lo único que falta por suceder es la compasión.

Buda —el maestro original de la línea de Atisha— dice que, a no ser que suceda la compasión, no te des por satisfecho con la meditación. Has andado la mitad del camino, tienes que ir un poco más lejos. La meditación, si es verdadera, rebosará hasta hacerse compasión. Como cuando enciendes una lámpara: inmediatamente empieza a radiarse la luz, inmediatamente comienza a dispersarse la oscuridad. Una vez que la luz interna está encendida, la compasión es su radiación.

La compasión es la prueba de que la meditación ha sucedido. El amor es la fragancia que prueba que la-flor-de-los-mil-pétalos se ha abierto en el fuero más interno de tu ser. El amor es la prueba de que la primavera ha llegado, de que ya no eres la misma persona que solías ser, de que la personalidad ha cesado y de que la individualidad ha nacido. El amor es la prueba de que ya no vives en la oscuridad, de que eres luz.


lunes, 1 de febrero de 2021

EL LIBRO DE LA SABIDURIA - Atisha


El ego es un producto derivado, un producto derivado de la ilusión de que lo que ves es verdadero. Si piensas que los objetos son verdaderos, entonces el ego puede existir. Se trata de un producto derivado. Si piensas que los objetos son sueños, el ego desaparece. Y si piensas continuamente que todo es un sueño, entonces un día, una noche, mientras duermes, te sorprenderás: de repente, en el sueño, recordarás que ¡éste es también un sueño! E inmediatamente, cuando venga el recuerdo, el sueño desaparecerá. Y por primera vez tendrás la experiencia de encontrarte profundamente dormido y al mismo tiempo despierto. Una experiencia muy paradójica, pero extraordinariamente benéfica.

Una vez que has visto desaparecer al sueño —como consecuencia de haberte vuelto consciente de él—, la cualidad de tu consciencia tiene una nueva fragancia. A la mañana siguiente te despertarás con una cualidad totalmente diferente y desconocida. Despertarás por primera vez. Ahora sabrás que todas las otras mañanas eran falsas. No estabas verdaderamente despierto. Los sueños seguían. La única diferencia era que por la noche soñabas con los ojos cerrados y por el día con los ojos abiertos.

Pero si el sueño ha desaparecido por el surgir de la consciencia, ¡te has vuelto consciente en el sueño...! Y recuerda, consciencia y sueño no pueden existir juntos. Aquí surge la consciencia y ahí desaparece el sueño. Cuando duermes y permaneces despierto a la vez... ¡La mañana siguiente será tremendamente importante! ¡Será incomparable! ¡Nunca te habrá sucedido nada parecido! Tus ojos estarán tan claros, tan transparentes... y todo tendrá un aspecto tan psicodélico, tan lleno de color, tan vivo... incluso percibirás que las rocas respiran, que pulsan, que hasta poseen un corazón latente. Cuando te vuelvas despierto, la existencia entera cambiará su cualidad.

Vivimos en un sueño. Estamos dormidos, incluso cuando pensamos que estamos despiertos.