miércoles, 13 de mayo de 2015

DE MIS LECTURAS - Continuación 4


Querida amiga, querido amigo, ¿no te has parado nunca a reflexionar en la clase de persona única y maravillosa que eres y hasta qué punto el universo y la Providencia se complacen en ti? ¿No has pensado nunca en el hecho de que esa Realidad que, por convención o por educación, llamamos «Dios» pasa su tiempo bendiciéndote y alegrándose de tu existencia? En palabras de un vidente llamado Sofonías: «El Señor, tu Dios, es dentro de ti un soldado victorioso que goza y se alegra contigo, renovando su amor, se llena de júbilo por ti, como en día de fiesta» (Sof 3,17).

¿Has pensado alguna vez en tu Creador/Creadora experimentando un éxtasis de alegría por tu causa? ¿Has comprendido alguna vez lo que significa el hecho de que el Principio de armonía y de amor infinito que dirige esta asombrosa sinfonía que llamamos el universo se preocupa directamente de tu felicidad, y nunca te dejará antes de que tú lo hayas integrado? ¿Que su responsabilidad se ha comprometido por el simple hecho de que tú existes, y que cumplirá con ella hasta las últimas consecuencias?

Entonces, ¡no te olvides de bendecirte a ti mismo! Recuerda que, sea cual sea la imagen que puedas tener de ti mismo, existe en el fondo de tu ser un espacio de belleza infinita, de reposo y de perdón absoluto e incondicional, un espacio de bondad sin límites y de calma indestructible, de alegría que danza y de vida que juega, de visión sin fronteras y de abundancia infinita. Y ese espacio constituye tu identidad profunda, tu Ser verdadero. Somos hijos de la luz, y lo seremos siempre, sea cual sea la oscuridad que hayamos soportado en nuestra vida o que experimentemos quizá en este mismo momento.

Entonces, bendice a esa persona maravillosa que eres tú en tu verdadera naturaleza (y que tal vez sea muy diferente de la apariencia exterior, de la máscara que la mayoría de nosotros llevamos puesta). No podrás amar de verdad a tu prójimo mientras no hayas aprendido a amarte a ti mismo; y el bendecirse uno a sí mismo es uno de los recursos privilegiados de dicho aprendizaje.

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