lunes, 4 de mayo de 2015

DE MIS LECTURAS.

Hace un tiempo leí un libro pequeño, en páginas y grande en contenido, voy a ir entresacando algunas reflexiones para leerlas con el corazón y que nos puedan hacer bien en nuestro interior.
Las reflexiones no tienen que ver con un modelo de religión, tampoco pasaría nada con que lo fuesen. Tiene que ver con algo dentro de nosotros como es la espiritualidad. El autor en la contraportada de su obra dice "no existe una espiritualidad autentica si no se produce en la vida cotidiana,: en la fábrica o en el despacho o en la cocina, en los conflictos del día a día... y en las satisfacciones  de cada día también."
El título del libro es "EL ARTE DE BENDECIR" de Pierre Pradervand
Muchas veces nos preguntamos y nos preguntan como y donde meditar y que es la espiritualidad, os copio un pasaje del libro donde nos da una pista a nuestra pregunta.
La co—fundadora de la comunidad eco— espiritual de Findhom, Eileen
Caddy, cuenta que el único lugar en el que podía encontrar la calma para meditar y escuchar a Dios, mientras vivió en una pequeña caravana con su marido, una amiga y sus tres hijos, eran los lavabos públicos. «No había mucha paz y tranquilidad en la caravana, y se me ocurrió ir a los lavabos públicos a meditar. Había tres secciones, y fui a la tercera para no molestar a la gente. En aquellos lavabos recibí las más maravillosas orientaciones de vida. Comprendí que Dios está en nosotros. Me encuentro con muchas madres que me dicen: “¡Sí!, pero tengo niños _y me es totalmente imposible encontrar tiempo para rezar”. Yo les respondo: “¡Qué pena, amiga mía!, pero no acepto lo que me dices. Si tienes suficiente deseo de algo, encontrarás tiempo para hacerlo, aunque eso signifique levantarte una hora antes.
Encontrarás también la manera de hacerlo. Todo depende de tus prioridades, de lo que creas que es lo primero”... Como decía Jesús:
“Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se os dará por añadidura”. Cuando dais todo a Dios, Dios os lo devuelve todo, ¡y con creces!».
Me gusta mucho este relato, porque destruye por completo la pseudo—santidad de esa espiritualidad de mosquita muerta que se expresa en todos esos formalismos atados a un ritual religioso estereotipado, a una «casa de oración» (¡como si la mejor de ellas no fuera la calle¡), a todo tipo de posturas mentales y físicas, a rituales expiatorios, etc. O la espiritualidad se integra en los actos cotidianos más simples (desde cuidar las plantas o el jardín, hasta las relaciones amorosas, pasando por fregar los platos y hacer footing), o ni siquiera merece la pena mencionarla. Por encima de todo, la espiritualidad auténtica es una manera de ser.

 
 

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