
Arnaud
Desjardins, fundador del ashram de Hauteville (Francia), ha escrito un artículo
con un título espléndido, «La vida nos ama, absolutamente, en cada instante»,
donde subraya que, en el fondo de
nosotros mismos, somos ya aquello en
lo que aspiramos a convertirnos.
Sólo una falsa visión de nosotros mismos (y de los demás, desde
luego) nos impide tomar conciencia de ello. Desjardins subraya que demasiado a
menudo no hemos sido aceptados totalmente como niños, porque para responder a
los deseos de nuestros padres (que proyectaban en nosotros la imagen de lo que ellos
querían que fuésemos) deberíamos haber sido distintos de lo que éramos espontáneamente.
Esto creó en nosotros una división y ese juicio negativo que con demasiada frecuencia formulamos (a veces
inconscientemente) sobre nosotros mismos. «Hay
en nosotros una extraña exigencia —extraña desde el punto de vista de la
sabiduría y de nuestro verdadero bien,
pero perfectamente comprensible
desde el punto de vista de la psicología una exigencia
de ser distintos de lo que somos.
Porque nos exigimos a nosotros mismos, y se nos exigió, cuando éramos niños, ser distintos
de lo que éramos: un rechazo de nuestra verdad. ¿Y eso es un callejón sin
salida!».
Armand
Desjardins dice que ha llegado a la conclusión de que el mensaje más importante
que él puede hoy compartir es «que la Vida nos ama absolutamente. Es ella la
que nos ha creado y la que nos anima. Nosotros somos una expresión de esa Vida sobreabundante.
Dios nos ama incondicionalmente. Si una educación religiosa un tanto severa nos
convenció de que aquí y ahora, en mi pecado, Dios no puede amarme, estamos en
el mayor de los errores.
Dios nos ama, la
Realidad nos ama, la Vida que nos anima nos ama»
Bendecirse
a sí mismo constituye un precioso instrumento para aprender a aceptarse y a
amarse. Adopta una posición confortable, pero manteniéndote perfectamente
alerta, asegurándote de que nadie va a molestarte y de que tienes suficiente
tiempo por delante.
Piensa luego
cuánto te ama la vida; piensa que existe una fuerza de amor infinito que te
dirige y te ama incondicionalmente, hasta el punto de experimentar «éxtasis de
alegría» por tu causa. Intenta sentirlo en el nivel del corazón, más que en el
de la mente (se trata de cualquier cosa, menos de un proceso intelectual).
Luego empieza a bendecirte —por tu perfecta salud y tu bondad, por tu capacidad
de perdonar y de amar sin condiciones—, en una palabra, en todos los terrenos
en los que quieres progresar. Para empezar, practícalo tranquilamente durante
cinco o diez minutos cada día, y obtendrás frutos maravillosos, no sólo con
respecto a ti mismo, sino también en tus relaciones con los demás.
El
amor inteligente a uno mismo, el auténtico respeto por uno mismo, es una de las
necesidades más urgentes de nuestra sociedad actual.
Es muy difícil bendecir a los demás desde el fondo del corazón si no nos amamos
y nos bendecimos antes a nosotros mismos, porque ¿cómo vas a dar a los demás lo
que te niegas a ti mismo?
Necesitamos
aceptar en un nivel profundo a la persona maravillosa, bella, infinitamente
digna de amor, que somos cada uno de nosotros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por participar y hacer más grande esta página.