sábado, 26 de octubre de 2019

Atisha (4)


No seas coherente
¿Has oído alguna vez algo parecido? «No seas coherente.» Cuando lo oigas por primera vez, o cuando lo leas por primera vez, pensarás que ha habido una equivocación, quizá un error de imprenta, una errata. Porque los que tú llamas santos te han dicho justo lo opuesto. «No seas incoherente», dicen, «sé coherente.»
Aquí es donde Atisha es soberbio. Él dice: No seas coherente
¿Por qué? ¿Qué es ser coherente? Ser coherente significa vivir de acuerdo con el pasado. ¿Con qué vas a ser coherente? Si quieres ser coherente sólo puedes tener una referencia, y ésa es el pasado. El ser coherente significa vivir de acuerdo con el pasado, y vivir de acuerdo con el pasado es no vivir en absoluto. Vivir de acuerdo con el pasado es estar muerto. Entonces tu vida será tan sólo una repetición.
El ser coherente significa que has decidido que ya no hay más vida, que has llegado a un punto final. No le permites a la vida que tenga nada nuevo que ofrecerte. Has cerrado tus puertas. El sol saldrá, pero no permitirás que sus rayos entren en tu habitación. Y las flores se abrirán, pero tú no advertirás su fragancia. Las lunas pasarán, pero tú permanecerás estancado. Has dejado de ser un río.
El río no puede ser un fenómeno coherente. Sólo una charca puede ser coherente, porque no fluye. El flujo por su propia naturaleza tiene que ser incoherente, porque tiene que afrontar nuevas situaciones, nuevos desafíos. Nuevas situaciones se acercan constantemente; el río tiene que responder con espontaneidad, no de acuerdo con el pasado.
El hombre coherente es un hombre lógico, su vida es unidimensional. El hombre coherente vive en la aritmética, sigue la lógica. Si algo va en contra de la lógica, él simplemente evita el verlo; actúa como si eso no estuviera ahí, porque de lo contrario su lógica se ve perturbada.
Y el hombre lógico es el hombre más pobre del mundo, porque la vida no consiste sólo en lógica. También hay amor. Y el amor es ilógico. Sólo una pequeña parte de la vida es lógica, la parte superficial. Cuanto más profundo vas, más avanzas hacia lo ilógico, o para ser más exacto, hacia lo supralógico.
La lógica es buena en el mercado, pero no en el templo, no en la mezquita, no en la iglesia. La lógica es buena en la oficina, en la tienda, en la fábrica. La lógica no es buena cuando estás con amigos, cuando estás con la persona amada, cuando estás con tus hijos. La lógica es buena cuando tratas cosas de negocios. Pero la vida no es sólo negocios; hay algo en la vida que tiene más valor que cualquier negocio. Deja que haya cabida para ese algo también.

Un profesor de filosofía fue al médico a pedirle consejo para mejorar su vida sexual.
—Usted parece gozar de buena condición física —dice el doctor después de examinarle—. Corra diez kilómetros diarios durante una semana y después llámeme por teléfono.
Una semana más tarde llama el profesor.
—¿Y bien? —dice el médico—, ¿ha mejorado su vida sexual con el correr?
—No lo sé —responde el profesor—, ¡ahora estoy a setenta kilómetros de casa!

Así es como funciona la mente lógica. Es unidimensional. La vida es multidimensional. No la confines. No la hagas lineal, no vivas como una línea. Vive las multidimensiones de la vida, las multifases de la vida; y así no podrás ser coherente, porque la vida es paradójica. Un momento es alegría, otro momento es tristeza. Si eres muy coherente, entonces tienes que sonreír de continuo; el que tu corazón esté llorando o riendo, no importa, tienes que ser coherente. Me contaron que la mujer de Jimmy Carter tenía que cerrarle la boca todas las tardes porque seguía sonriendo durante la noche.
Si practicas la sonrisa durante todo el día, naturalmente, ¿cómo te vas a relajar de repente por la noche? Sigues con el patrón fijo de conducta.
La vida también consta de tristeza. Y la tristeza también es hermosa; la tristeza tiene su propia profundidad, su propia delicadeza, su propia exquisitez, su propio sabor. Un hombre que no conoce la tristeza es pobre; vive pobremente, muy pobremente. Su risa será superficial, su risa no tendrá profundidad, porque la profundidad la da la tristeza. Si un hombre que conoce la tristeza ríe, su risa tendrá profundidad. Su risa tendrá algo de su tristeza también, su risa tendrá más colorido.
El hombre que vive la vida en todos sus aspectos es un arco iris; vive todo el espectro del arco iris. Y no puede ser coherente, tiene que ser incoherente.
Atisha te entrega algo de tremendo valor. Vive la vida en todos sus estados de humor. Todos son tuyos y cada uno tiene algo que contribuir a tu crecimiento. No te quedes confinado en un pequeño espacio. Aunque te parezca confortable y cómodo, no te quedes confinado en un pequeño espacio. Sé un aventurero. Indaga y busca todas las facetas de la vida, todos los aspectos de la vida.
Se dice que no se puede escribir una novela sobre un hombre bueno. Y es verdad; un hombre bueno no tiene vida en realidad. ¿Qué novela vas a escribir sobre él? Como máximo puedes escribir un certificado de buena conducta que diga que es bueno. Y eso es su vida entera. La vida del hombre bueno no merece la pena, porque no tiene multidimensionalidad.
¡Vive y permite tanto como te sea posible! Canta, baila, grita, llora, ríe, ama, medita, relaciónate, permanece solo. Vive entre la gente, y de vez en cuando ve a las montañas.
La vida es corta. Vívela de la manera más rica posible, y no intentes ser coherente. El hombre coherente es un hombre muy pobre. Por supuesto, la sociedad respeta al hombre coherente, porque el hombre coherente es predecible. Sabes lo que va a hacer mañana, sabes cómo va a reaccionar. Al hombre coherente se le puede manejar, se le puede manipular fácilmente. Sabes qué botones hay que apretar para que actúe. El hombre coherente es una máquina, en verdad no es un hombre. Le puedes enchufar y desenchufar y se comportará a tu gusto. Un hombre así está en tus manos.
La sociedad respeta al hombre coherente. A esa coherencia la sociedad le llama «carácter». Y el hombre verdadero no tiene carácter. El hombre verdadero es sin carácter o, está más allá del carácter. El hombre verdadero no se permite tener carácter. No puede permitírselo, porque el carácter se gana sólo a costa de la vida. Si renuncias a la vida, puedes tener carácter. Si no renuncias a la vida, vivirás muchos caracteres, pero no tendrás carácter. Si no renuncias a la vida, ¿cómo vas a tener carácter? Cada momento la vida es nueva, y así eres tú.
La sociedad no te respetará, no serás un ciudadano respetable, pero ¿a quién le importa? Sólo la gente mediocre se preocupa por el respeto de la sociedad. Al hombre verdadero le interesa sólo una cosa: si estoy viviendo mi vida o no, si la estoy viviendo de acuerdo con mi propia visión o no. Se trata de mi vida y soy responsable ante mí mismo.
La responsabilidad más grande no es hacia la nación, hacia la iglesia o hacia nadie. La verdadera responsabilidad es hacia ti mismo. Y esa responsabilidad consiste en que tienes que vivir la vida de acuerdo con tu propia luz. Y tienes que ir a dondequiera que la vida te lleve, sin hacer ninguna concesión.
El hombre con carácter hace concesiones. Su carácter no es otra cosa que un esfuerzo para garantizar a la sociedad que «no soy peligroso», y declararle que «seguiré las reglas del juego, estoy totalmente a tu disposición».
El santo tiene carácter, por eso es respetado. El sabio no tiene carácter, por eso es muy difícil reconocerle. Sócrates es sabio, Jesús es sabio, Lao Tzu es sabio, pero es muy difícil reconocerlos, casi imposible, porque no dejan rastro. No se ajustan a ningún molde. Son pura libertad. Son como pájaros volando en el cielo, no dejan huellas.
El tener a un sabio por maestro es sólo para unas pocas almas sensibles, porque los mediocres siguen al santo. Solamente muy poca, poquísima gente inteligente, se sintoniza con el sabio, porque el sabio no tiene carácter y no puede satisfacer ninguna de tus esperanzas. El sabio te va a ofender, te va a defraudar, te va a agitar y te va a hacer pedazos de muchas maneras. Poco a poco, te hará tan libre como lo es él.



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