No seas coherente
¿Has oído alguna
vez algo parecido? «No seas coherente.» Cuando lo oigas por primera vez, o
cuando lo leas por primera vez, pensarás que ha habido una equivocación, quizá
un error de imprenta, una errata. Porque los que tú llamas santos te han dicho
justo lo opuesto. «No seas incoherente», dicen, «sé coherente.»
Aquí es donde
Atisha es soberbio. Él dice: No seas
coherente
¿Por qué? ¿Qué es
ser coherente? Ser coherente significa vivir de acuerdo con el pasado. ¿Con qué
vas a ser coherente? Si quieres ser coherente sólo puedes tener una referencia,
y ésa es el pasado. El ser coherente significa vivir de acuerdo con el pasado,
y vivir de acuerdo con el pasado es no vivir en absoluto. Vivir de acuerdo con
el pasado es estar muerto. Entonces tu vida será tan sólo una repetición.
El ser coherente
significa que has decidido que ya no hay más vida, que has llegado a un punto
final. No le permites a la vida que tenga nada nuevo que ofrecerte. Has cerrado
tus puertas. El sol saldrá, pero no permitirás que sus rayos entren en tu
habitación. Y las flores se abrirán, pero tú
no advertirás su fragancia. Las lunas pasarán, pero tú permanecerás
estancado. Has dejado de ser un río.
El río no puede ser
un fenómeno coherente. Sólo una charca puede ser coherente, porque no fluye. El
flujo por su propia naturaleza tiene que ser incoherente, porque tiene que
afrontar nuevas situaciones, nuevos desafíos. Nuevas situaciones se acercan
constantemente; el río tiene que responder con espontaneidad, no de acuerdo con
el pasado.
El hombre coherente
es un hombre lógico, su vida es unidimensional. El hombre coherente vive en la
aritmética, sigue la lógica. Si algo va en contra de la lógica, él simplemente
evita el verlo; actúa como si eso no estuviera ahí, porque de lo contrario su
lógica se ve perturbada.
Y el hombre lógico
es el hombre más pobre del mundo, porque la vida no consiste sólo en lógica.
También hay amor. Y el amor es ilógico. Sólo una pequeña parte de la vida es
lógica, la parte superficial. Cuanto más profundo vas, más avanzas hacia lo
ilógico, o para ser más exacto, hacia lo supralógico.
La lógica es buena
en el mercado, pero no en el templo, no en la
mezquita, no en la iglesia. La lógica es buena en la oficina, en la tienda,
en la fábrica. La lógica no es buena cuando estás con amigos, cuando estás con la persona amada, cuando
estás con tus hijos. La lógica es buena cuando tratas cosas de negocios.
Pero la vida no es sólo negocios; hay algo en la vida que tiene más valor que
cualquier negocio. Deja que haya cabida para ese algo también.
Un profesor de
filosofía fue al médico a pedirle consejo para mejorar su vida sexual.
—Usted parece gozar
de buena condición física —dice el doctor después de examinarle—. Corra diez
kilómetros diarios durante una semana y después llámeme por teléfono.
Una semana más
tarde llama el profesor.
—¿Y bien? —dice el
médico—, ¿ha mejorado su vida sexual con el correr?
—No lo sé —responde
el profesor—, ¡ahora estoy a setenta kilómetros de casa!
Así es como
funciona la mente lógica. Es unidimensional. La vida es multidimensional. No la confines. No la hagas lineal, no vivas
como una línea. Vive las multidimensiones de la vida, las multifases de la
vida; y así no podrás ser coherente, porque la vida es paradójica. Un momento
es alegría, otro momento es tristeza. Si eres muy coherente, entonces tienes
que sonreír de continuo; el que tu corazón
esté llorando o riendo, no importa, tienes que ser coherente. Me
contaron que la mujer de Jimmy Carter tenía que cerrarle la boca todas las
tardes porque seguía sonriendo durante la noche.
Si practicas la
sonrisa durante todo el día, naturalmente, ¿cómo te vas a relajar de repente por la noche? Sigues con el patrón fijo de conducta.
La vida también
consta de tristeza. Y la tristeza también es hermosa; la tristeza tiene su
propia profundidad, su propia delicadeza,
su propia exquisitez, su propio sabor. Un hombre que no conoce la
tristeza es pobre; vive pobremente, muy pobremente. Su risa será superficial,
su risa no tendrá profundidad, porque la profundidad la da la tristeza. Si un
hombre que conoce la tristeza ríe, su risa tendrá profundidad. Su risa tendrá
algo de su tristeza también, su risa tendrá más colorido.
El
hombre que vive la vida en todos sus aspectos es un arco iris; vive todo el espectro del arco iris. Y no puede ser coherente, tiene
que ser incoherente.
Atisha te entrega
algo de tremendo valor. Vive la vida en todos sus estados de humor. Todos son
tuyos y cada uno tiene algo que contribuir a tu crecimiento. No te quedes confinado
en un pequeño espacio. Aunque te parezca confortable y cómodo, no te quedes
confinado en un pequeño espacio. Sé un aventurero. Indaga y busca todas las
facetas de la vida, todos los aspectos de la vida.
Se dice que no se
puede escribir una novela sobre un hombre bueno. Y es verdad; un hombre bueno
no tiene vida en realidad. ¿Qué novela vas a escribir sobre él? Como máximo
puedes escribir un certificado de buena conducta que diga que es bueno. Y eso
es su vida entera. La vida del hombre bueno no merece la pena, porque no tiene
multidimensionalidad.
¡Vive y permite
tanto como te sea posible! Canta, baila, grita, llora, ríe, ama, medita,
relaciónate, permanece solo. Vive entre la gente, y de vez en cuando ve a las
montañas.
La vida es corta.
Vívela de la manera más rica posible, y no intentes ser coherente. El hombre
coherente es un hombre muy pobre. Por supuesto, la sociedad respeta al hombre
coherente, porque el hombre coherente es predecible. Sabes lo que va a hacer
mañana, sabes cómo va a reaccionar. Al hombre coherente se le puede manejar, se
le puede manipular fácilmente. Sabes qué botones hay que apretar para que
actúe. El hombre coherente es una máquina, en verdad no es un hombre. Le puedes
enchufar y desenchufar y se comportará a tu gusto. Un hombre así está en tus
manos.
La sociedad respeta
al hombre coherente. A esa coherencia la sociedad le llama «carácter». Y el
hombre verdadero no tiene carácter. El hombre verdadero es sin carácter o, está
más allá del carácter. El hombre verdadero no se permite tener carácter. No
puede permitírselo, porque el carácter se gana sólo a costa de la vida. Si
renuncias a la vida, puedes tener carácter. Si no renuncias a la vida, vivirás
muchos caracteres, pero no tendrás carácter. Si no renuncias a la vida, ¿cómo vas
a tener carácter? Cada momento la vida es nueva, y así eres tú.
La sociedad no te
respetará, no serás un ciudadano respetable, pero ¿a quién le importa? Sólo la
gente mediocre se preocupa por el respeto de la sociedad. Al hombre verdadero
le interesa sólo una cosa: si estoy viviendo mi vida o no, si la estoy viviendo
de acuerdo con mi propia visión o no. Se trata de mi vida y soy responsable
ante mí mismo.
La responsabilidad
más grande no es hacia la nación, hacia la iglesia o hacia nadie. La verdadera
responsabilidad es hacia ti mismo. Y esa responsabilidad consiste en que tienes
que vivir la vida de acuerdo con tu propia luz. Y tienes que ir a dondequiera
que la vida te lleve, sin hacer ninguna concesión.
El hombre con
carácter hace concesiones. Su carácter no es otra cosa que un esfuerzo para
garantizar a la sociedad que «no soy peligroso», y declararle que «seguiré las
reglas del juego, estoy totalmente a tu disposición».
El
santo tiene carácter, por eso es respetado. El sabio no tiene carácter, por eso
es muy difícil reconocerle. Sócrates es sabio, Jesús es sabio, Lao Tzu es sabio, pero es muy difícil reconocerlos, casi
imposible, porque no dejan rastro. No se ajustan a ningún molde. Son pura
libertad. Son como pájaros volando en el cielo, no dejan huellas.
El tener a un sabio
por maestro es sólo para unas pocas almas sensibles, porque los mediocres
siguen al santo. Solamente muy poca, poquísima gente inteligente, se sintoniza
con el sabio, porque el sabio no tiene carácter y no puede satisfacer ninguna
de tus esperanzas. El sabio te va a ofender, te va a defraudar, te va a agitar
y te va a hacer pedazos de muchas maneras. Poco a poco, te hará tan libre como
lo es él.

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