sábado, 26 de diciembre de 2020

EL MIEMBRO DURO - Cuentos Sufís (2)


Cuando un león ve su reflejo en un pozo, lo ataca y acaba por caer en el pozo. Es preciso que el hombre no esté en intimidad con la mujer, pues el hombre y la mujer son como el fuego y el algodón. Para que un fuego semejante siguiera siendo inocente, sería preciso que, como el de José, fuese regado con el agua de la verdad.

En el camino de regreso, el valiente guerrero estableció su campamento en un bosque. Estaba tan dominado por el fuego del amor que no distinguía ya la tierra del cielo. Entrando de nuevo en su tienda, se precipitó al encuentro de la hermosa esclava.

En un instante así ¿Qué es de la razón? ¿Qué es del miedo al sultán?

Cuando el deseo carnal redobla el tambor, la razón se derrumba. Y nuestros ojos ofuscados consideran al sultán como si fuese un mosquito.

Así pues, el valiente guerrero se aligeró la ropa y se tendió al lado de la bella esclava. En el mismo instante en que su miembro alcanzaba su forma acabada, estalló un gran ruido en el exterior. Nuestro héroe se levantó apresuradamente, se apoderó de su espada y salió de su tienda. Allí vio un león que provocaba el pánico entre los soldados. Los caballos huían derribando las tiendas a su paso. El guerrero se puso sin temor ante el león y le cortó la cabeza de un solo tajo con su espada. Después, se volvió a la tienda junto a la bella esclava, que estaba llena de admiración por su valor. Pero el miembro del guerrero, que había permanecido en erección durante su combate con el león, se ablandó de pronto cuando la tomaba en sus brazos.

Nuestro héroe ha perdido el camino recto a causa de una falsa aurora.

Como un mosquito, se ha ahogado en una olla de leche. Bastaron unos días para que experimentara remordimientos: por temor al sultán, hizo jurar a la hermosa esclava que no revelaría su secreto.

Cuando el sultán vio a la esclava, quedó enajenado.

"¿Se ha visto nunca algo semejante? exclamó. ¡No puedo creer lo que veo!

¡Esto supera todo lo que me habían referido!"

¿De qué sirve poseer el Oriente y el Occidente si todo esto es tan efímero como el relámpago? El sultán, lleno de deseo, condujo a la hermosa esclava a su habitación con el fin de consumar el acto de amor. Pero, mientras que estaba sentado entre las piernas de esta última, un incidente vino a cortarle el camino del placer. Se oyó el ruido de un ratón y su miembro se ablandó de repente sin que pudiese remediarlo. Temía, en efecto, que fuese alguna serpiente disimulada en la paja del lecho.

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