Intentamos cultivar en nosotros cualidades como el amor, la paz, la aceptación y el desapego. Nos agotamos intentando amar, intentando aceptar, intentando relajarnos, intentando no juzgar y no identificarnos con nada, e incluso intentando poner fin a la búsqueda de una vez por todas. Pero cuando descubrimos quiénes somos realmente, nos damos cuenta de que todas estas cualidades no son resultado del esfuerzo de una persona separada, sino que están ya presentes de modo natural en quienes somos antes de que nos identifiquemos como personas separadas. Lo que somos es por naturaleza expresión de amor y aceptación, está profundamente relajado y siempre en paz, nunca apegado a ninguna forma, v nunca ha buscado nada. Por naturaleza, no juzga ni elige, y está siempre libre de toda identificación. Es el océano, siempre en reposo en medio de la tormenta, permitiendo eternamente la existencia de cada ola, sin juzgarla, sin oponerle resistencia ni apegarse a ella. El final de la búsqueda de toda una vida no es una meta futura, sino lo que ya somos.
¿Qué aspecto tiene la vida cuando se mira desde este lugar de profunda aceptación, desde este lugar de completud siempre presente? ¿Qué aspecto tiene la vida cuando comprendes que no eres una persona separada, una ola separada e incompleta en el vasto océano, en busca del hogar, sino el propio océano, ya completo, ya en casa, ocurra lo que ocurra en este momento? ¿Qué aspecto tiene la vida cuando sabes que eres el espacio plenamente abierto de la aceptación, en el que todos los pensamientos, sentimientos y sensaciones, todas las olas de experiencia, tienen un profundo permiso para ir y venir?
Y una vez que comprendes que eres este vasto océano, qué relación tienes entonces con las olas? ¿Están separadas de lo que eres, o eres ahora íntimamente inseparable de cada una de ellas?

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por participar y hacer más grande esta página.