Estoy hablando sobre reconocer un significado más profundo de que todo está bien, incluso cuando en la superficie las cosas no lo estén, sobre percibir una completud más profunda, incluso cuando en la superficie las cosas no parezcan estar completas. De lo que hablo es de la relajación suprema, de la paz suprema, del reposo supremo. No de ti, no de que una persona separada se sienta relajada o en paz, o intente hallar reposo, sino de un sentimiento de relajación más profundo que nace de saber que todo pensamiento, toda sensación, todo sentimiento, incluidos los dolorosos, ya se han aceptado en el espacio que eres. Saber que, en el momento, incluso tu falta de aceptación se ha aceptado profundamente es algo que puede desintegrar de raíz incluso el más férreo sufrimiento.
Podría decirse que tal vez todo sufrimiento
sea sencillamente la ceguera a esta profunda aceptación.
Visto desde esta perspectiva, todo sufrimiento es una invitación a aceptar profundamente
el momento presente. El sufrimiento, el estrés o malestar
psicológico deja de ser algo malo o dañino que hayamos de trascender o
destruir, y se transforma en una
oportunidad única de que veas con qué
sigues en guerra, qué es lo que todavía buscas. En el interior del
sufrimiento, siempre encontrarás esta guerra; siempre encontrarás la ceguera a esta
profunda y total aceptación. La guerra es, por tanto, una invitación a regresar a esta
aceptación profunda y total. El sufrimiento duele, y el dolor nos señala el camino a casa.
«Nostalgia» es una bella palabra que literalmente significa «el dolor del regreso al hogar». Pero también podría significar «el descubrimiento del hogar incluso en medio del dolor», porque el hogar está siempre presente, aun en mitad de todas esas experiencias de las que preferirías escapar, lo mismo que el océano está siempre presente en cada ola v adopta la forma de cada ola.

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