lunes, 9 de octubre de 2017

“TODO CUANTO NECESITAS ESTÁ EN TI” - Fun Chang (1)

Presentación
Os voy a contar un “cuento chino”, y no es broma. Este texto procede de la sabiduría China y se le atribuye a Fun Chang que vivió unos cuantos siglos antes de Cristo.
Cuando leí estos textos despertaron mi imaginación. Os invito a que sigáis las publicaciones, algunas serán un poco largas, creo que merece la pena su lectura, seguro que dentro os despertara la sabiduría.

Con la sabiduría universal y basándose en la tolerancia y en el respeto a las verdades individuales, cada uno descubrirá en este relato lo que puede serle útil, lo que es verdadero para él.
¡Ojalá aprendáis, al igual que el emperador de esta narración, que "todo cuanto necesitáis está en vosotros" y así obtendréis en vuestra vida cotidiana, más libertad, más felicidad y más consciencia!

Ya podéis leer la primera entrega.

En la antigua China había un emperador que observaba día tras día, a sus súbditos con mucha atención. Por una de las ventanas de palacio veía a los palafreneros trabajar con los caballos, a los soldados ejercitándose en el manejo de las armas, a los jardineros cultivando el jardín concienzudamente. Por otra ventana contemplaba la plaza del mercado de
Lo Yang, la capital, y se interesaba por las relaciones de las personas entre sí: compradores, vendedores, los que ganaban y los que perdían. Y por la tarde miraba cómo barría la plaza el barrendero cuando todos se habían marchado.
No dejaba de observar día tras día... pero, cuanto más miraba, cuanto más escuchaba... menos entendía.
Dos días por semana se dedicaban a la administración de justicia.
En toda China, los que no aceptaban el juicio de su gobernador provincial podían apelar y ser escuchados por el tribunal presidido por el emperador, y la palabra imperial se tomaba como ley.
De esta forma, se le presentaban problemas de sucesión, de disputas entre vecinos, de reclamaciones de personas que se consideraban demasiado pobres para pagar impuestos, de inválidos que querían que el gobierno los tomara a su cargo... o también contenciosos entre ciudades o entre provincias.
El emperador impartía justicia, sin dejar de observar mientras desempeñaba su tarea... Prosiguió su observación con constancia durante años... pero, de pronto, se le hizo insostenible permanecer solo con todos los interrogantes que se planteaba sin llegar a encontrar respuestas. No podía pedir nada a sus ministros porque eran semejantes a los que acudían en busca de justicia, tampoco podía preguntárselo a los brujos y magos puesto que éstos habrían querido cambiar la realidad con su magia, ni tampoco a los médicos pues también ellos estaban cortados por el mismo patrón.
Una tarde, mientras paseaba por su jardín, pasando revista con el pensamiento a todas las personas que había conocido en su vida, buscando quién podría responder a todas las preguntas que le hacían estallar la cabeza, se acordó de aquél viejo Sabio que había conocido en su juventud y que sabía tantas cosas...
¿Era sabio ese hombre realmente o le había dado entonces esa impresión por ser muy joven? ¡Ojalá estuviera allí, en el jardín, para responder a todas esas preguntas que le corroían el corazón!...
Apenas hubo atravesado su mente este pensamiento cuando el viejo Sabio apareció junto a él; el emperador empezó a acosarle con preguntas: ¿Por qué algunos han nacido armoniosos y otros deformes? ¿Por qué algunos son sabios y otros ignorantes?
¿Por qué unos son comerciantes y otros artistas?
¿Por qué algunos no quieren mejorar su vida?
¿Por qué el que barre todas las tardes la plaza del mercado rechaza el puesto que le ofrezco en palacio?
¿Por qué unos son más fuertes que otros?
¿Por qué unos son pobres y otros son ricos?
¿Por qué todo eso es así?...
He visto, dijo el emperador, a un chico de catorce años, hijo de uno de mis ministros, perder la vida mientras jugaba con sus compañeros.
¿Por qué?
¿Adónde se ha ido su vida?
¿por qué ha sido tan corta?
Algunos miembros de la corte tienen noventa años y ya casi no pueden andar...
¿Por qué su vida es tan larga?
Yo puedo promulgar leyes, dictar sentencias, dijo el emperador, pero todas estas cuestiones escapan a mi entendimiento...
El Sabio le respondió: -¡Mira tu jardín!-
El emperador miró a su alrededor y exclamó: -¡Es muy bello!
-¡Observa el roble en la majestuosidad de sus años, el azufaifo, tan gracioso, tan joven!
Mira las flores y las plantas; unas son fuertes y otras débiles; unas viven muchos años y otras una estación solamente; unas tienen hijas atrofiadas o flores incompletas; algunos árboles no pueden desarrollarse, privados del sol por los árboles grandes que están a su alrededor. ¿Por qué no me preguntas sobre los árboles, sobre las plantas o sobre las flores?
¿Y qué sucede con los animales?
¿Por qué el pollo no tiene la fuerza del búfalo?
¿Por qué el tigre no tiene la gentileza del perro?
¿Por qué el águila vuela con fuerza en los aires mientras que los gorriones parecen tan débiles?
¿No parece injusto que algunos seres vivos sean águilas y otros gorriones, unas briznas de hierba y otros robles, unos granitos y otro diamante?
¿No encuentras todo eso muy injusto?, preguntó el Sabio.
¡Pero no se trata de personas, respondió el emperador, no se trata de individuos dotados de razón, sino solamente de cosas sobre las que caminamos, cosas que comemos o que forman parte de nuestras vidas de diversas formas!
-¡Ah, dijo el Sabio, ahí te equivocas! La vida que transcurre por la caña es la misma que transcurre por el roble... La que tiene el barrendero es la misma que la que tú tienes. Es lo que se conoce como Dios, Alto Divino, Vida, Energía, Poder Universal, el "YO SOY".

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