Presentación
Os voy a contar un “cuento chino”, y no es broma. Este texto
procede de la sabiduría China y se le atribuye a Fun Chang que vivió unos
cuantos siglos antes de Cristo.
Cuando leí estos textos despertaron mi imaginación. Os invito a
que sigáis las publicaciones, algunas serán un poco largas, creo que merece la
pena su lectura, seguro que dentro os despertara la sabiduría.
Con la sabiduría universal y basándose en la tolerancia y en el
respeto a las verdades individuales, cada uno descubrirá en este relato lo que
puede serle útil, lo que es verdadero para él.
¡Ojalá aprendáis, al igual que el emperador de esta narración,
que "todo cuanto necesitáis está en vosotros" y así obtendréis en
vuestra vida cotidiana, más libertad, más felicidad y más consciencia!
Ya podéis leer la primera entrega.
En
la antigua China había un emperador que observaba día tras día, a sus súbditos
con mucha atención. Por una de las ventanas de palacio veía a los palafreneros
trabajar con los caballos, a los soldados ejercitándose en el manejo de las
armas, a los jardineros cultivando el jardín concienzudamente. Por otra ventana
contemplaba la plaza del mercado de
Lo
Yang, la capital, y se interesaba por las relaciones de las personas entre sí:
compradores, vendedores, los que ganaban y los que perdían. Y por la tarde
miraba cómo barría la plaza el barrendero cuando todos se habían marchado.
No
dejaba de observar día tras día... pero, cuanto más miraba, cuanto más escuchaba...
menos entendía.
Dos
días por semana se dedicaban a la administración de justicia.
En
toda China, los que no aceptaban el juicio de su gobernador provincial podían
apelar y ser escuchados por el tribunal presidido por el emperador, y la
palabra imperial se tomaba como ley.
De
esta forma, se le presentaban problemas de sucesión, de disputas entre vecinos,
de reclamaciones de personas que se consideraban demasiado pobres para pagar
impuestos, de inválidos que querían que el gobierno los tomara a su cargo... o
también contenciosos entre ciudades o entre provincias.
El
emperador impartía justicia, sin dejar de observar mientras desempeñaba su
tarea... Prosiguió su observación con constancia durante años... pero, de pronto,
se le hizo insostenible permanecer solo con todos los interrogantes que se
planteaba sin llegar a encontrar respuestas. No podía pedir nada a sus
ministros porque eran semejantes a los que acudían en busca de justicia, tampoco
podía preguntárselo a los brujos y magos puesto que éstos habrían querido
cambiar la realidad con su magia, ni tampoco a los médicos pues también ellos
estaban cortados por el mismo patrón.
Una
tarde, mientras paseaba por su jardín, pasando revista con el pensamiento a
todas las personas que había conocido en su vida, buscando quién podría
responder a todas las preguntas que le hacían estallar la cabeza, se acordó de
aquél viejo Sabio que había conocido en su juventud y que sabía tantas cosas...
¿Era
sabio ese hombre realmente o le había dado entonces esa impresión por ser muy
joven? ¡Ojalá estuviera allí, en el jardín, para responder a todas esas
preguntas que le corroían el corazón!...
Apenas
hubo atravesado su mente este pensamiento cuando el viejo Sabio apareció junto
a él; el emperador empezó a acosarle con preguntas: ¿Por qué algunos han nacido
armoniosos y otros deformes? ¿Por qué algunos son sabios y otros ignorantes?
¿Por
qué unos son comerciantes y otros artistas?
¿Por
qué algunos no quieren mejorar su vida?
¿Por
qué el que barre todas las tardes la plaza del mercado rechaza el puesto que le
ofrezco en palacio?
¿Por
qué unos son más fuertes que otros?
¿Por
qué unos son pobres y otros son ricos?
¿Por
qué todo eso es así?...
He
visto, dijo el emperador, a un chico de catorce años, hijo de uno de mis ministros,
perder la vida mientras jugaba con sus compañeros.
¿Por
qué?
¿Adónde
se ha ido su vida?
¿por
qué ha sido tan corta?
Algunos
miembros de la corte tienen noventa años y ya casi no pueden andar...
¿Por
qué su vida es tan larga?
Yo
puedo promulgar leyes, dictar sentencias, dijo el emperador, pero todas estas
cuestiones escapan a mi entendimiento...
El
Sabio le respondió: -¡Mira tu jardín!-
El
emperador miró a su alrededor y exclamó: -¡Es muy bello!
-¡Observa
el roble en la majestuosidad de sus años, el azufaifo, tan gracioso, tan joven!
Mira
las flores y las plantas; unas son fuertes y otras débiles; unas viven muchos
años y otras una estación solamente; unas tienen hijas atrofiadas o flores
incompletas; algunos árboles no pueden desarrollarse, privados del sol por los
árboles grandes que están a su alrededor. ¿Por qué no me preguntas sobre los
árboles, sobre las plantas o sobre las flores?
¿Y
qué sucede con los animales?
¿Por
qué el pollo no tiene la fuerza del búfalo?
¿Por
qué el tigre no tiene la gentileza del perro?
¿Por
qué el águila vuela con fuerza en los aires mientras que los gorriones parecen
tan débiles?
¿No
parece injusto que algunos seres vivos sean águilas y otros gorriones, unas
briznas de hierba y otros robles, unos granitos y otro diamante?
¿No
encuentras todo eso muy injusto?, preguntó el Sabio.
¡Pero
no se trata de personas, respondió el emperador, no se trata de individuos
dotados de razón, sino solamente de cosas sobre las que caminamos, cosas que
comemos o que forman parte de nuestras vidas de diversas formas!
-¡Ah,
dijo el Sabio, ahí te equivocas! La vida que transcurre por la caña es la misma
que transcurre por el roble... La que tiene el barrendero es la misma que la
que tú tienes. Es lo que se conoce como Dios, Alto
Divino, Vida, Energía, Poder Universal,
el "YO SOY".
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