Recuerda
que las personas deben experimentar lo que viven. Si sientes pena o lástima de
los demás, te identificas con ellos, te haces una parte de los que ellos son y
entonces no dejas que tu energía se desarrolle al máximo.
-¿Qué
es la energía?, preguntó el emperador.
–Ah...,
de eso te hablaré más tarde; antes es preciso que tengas la base necesaria, que
puedas percibir lo que eres.
Me
has mostrado los cambios del mundo; ¿veré
algún día tales sucesos?
¿Qué
aspecto tendrán?
–Será
lo mismo que la última vez.
-¿Habrá
un grupo de sabios que sabrán lo que va a pasar? –Sí. -¿Prepararán a otros
individuos? –Sí.
-¿Formaré
yo parte de ese grupo? –Puede que sí o puede que no. -¿Quiere eso decir que sin
una cierta sabiduría podría morir?
–No,
morir no, renovarte. Si en ese momento eres un roble... y si la parte inferior
de tu tronco está en mal estado, quizás experimentes la necesidad de renovarte.
O si eres una vieja águila que ya no puede volar, o un diamante lleno de
resquebrajaduras que ha perdido su fuerza... aunque ese diamante haya sido
diamante, como el águila, águila y el roble, roble..., cada
uno está preparado para nuevas experiencias.
Reconoce
que estás aprendiendo a utilizar tu poder y que para utilizarlo al máximo no
debes dejar que la energía de los demás controle la tuya.
Puedes
percibir a los demás, puedes aprender de ellos, pero mantén una actitud de observación.
¿Qué
debo pensar de todo lo que me explicas?, dijo el emperador. ¿Cómo saber que no
estás intentando inducirme al error, reírte de mí, confundirme?
-¿Qué
ganaría yo con ello? No tengo nada que ganar, dijo el Sabio.
Yo
no voy a convertirme en emperador, no me darás grandes riquezas.
¿Qué
podría ganar yo con eso? No hables a nadie de lo que acabas de escuchar,
guárdatelo para ti. Aprende que las inspiraciones, las
visiones interiores, las intuiciones que
puedas tener, son tus diamantes, tus joyas, que se convierten en tu
fuerza, en tu realización y en tu plenitud.
Cuando
estés sentado en tu corte y muchas personas vengan hacia ti, obsérvalas. Si
vienen de la región que ha sufrido inundaciones, edúcalas; si vienen a reclamar
dinero, enséñalas a trabajar.
No
hagas tú lo que deban hacer ellos. Y de esta forma yo podría mostrarte la luz,
la energía, los recursos de tu ser que todavía ignoras. –
¿Pero
yo puedo conocerlos? Dijo el emperador.
–Yo
podría enumerártelos de diversas maneras... dijo el Sabio.
Pero,
¿podemos meter un rebaño de elefantes en una pequeña habitación?
Comprende
que yo te enseño todo lo que puedes entender en la actualidad...
Pero
es preciso que la enseñanza sea progresiva; a medida que crezcas, que permitas
a tu cuerpo, a tu corazón y a tu cerebro funcionar mejor, yo podré proporcionarte
más; cuanto más recibas, mejor comprenderás a los que te rodean y a la
naturaleza.
¿Te
quedas bajo un árbol que se va a caer?
-¡Sería
una insensatez, naturalmente que no!, dijo el emperador.
-¿Y
si no sabes que el árbol va a caer? –Ah, dijo el emperador, quieres decir que
yo podría no saber que el árbol se va a caer... ?
–Tú
puedes formar parte de todas las cosas, afirmó el Sabio. Cuando una anciana
achacosa se dirija a ti, no la metas en una residencia para personas mayores.
Ayúdala a aprender a utilizar lo que tiene. Si sus piernas apenas se mueven,
sus brazos tampoco y tú le dices: "Vieja señora, has tenido una larga
vida, necesitas que te cuiden, voy a enviarte a una casa al sol, al sur del
país", ella será feliz... entonces cien ancianas más acudirán a ti. Si,
por el contrario, le dices: "¡Mañana tomarás un baño frío, comenzarás a
salir a pasear todos los días y a hacer trabajar a tu cuerpo!", podrá
mejorar si lo hace... , pero tú no verás acudir a ti una muchedumbre de
ancianas que buscan hacerse dependientes. Tú enseña a
las personas a ayudarse a sí mismas. Dales los instrumentos necesarios, pues
sabes que tienen capacidad para utilizarlos.
–¡Enséñame
a utilizar tus propios instrumentos!, pidió el emperador. –
¿Cómo
voy a enseñarte a manejar instrumentos que precisan siete manos para
empuñarlos?
-¿Y
entonces qué haces tú para usarlos?, preguntó el emperador.
-¡Es
fácil, contestó el Sabio... y de pronto le aparecieron siete manos! Oh, exclamó
el emperador, yo no puedo hacer eso.
–Sí
podrías... todo lo que puedes concebir es realizable, afirmó el Sabio.

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