domingo, 22 de octubre de 2017

“TODO CUANTO NECESITAS ESTÁ EN TI” - Fun Chang (6)

Recuerda que las personas deben experimentar lo que viven. Si sientes pena o lástima de los demás, te identificas con ellos, te haces una parte de los que ellos son y entonces no dejas que tu energía se desarrolle al máximo.
-¿Qué es la energía?, preguntó el emperador.
–Ah..., de eso te hablaré más tarde; antes es preciso que tengas la base necesaria, que puedas percibir lo que eres.
Me has mostrado los cambios del mundo;  ¿veré algún día tales sucesos?
¿Qué aspecto tendrán?
–Será lo mismo que la última vez.
-¿Habrá un grupo de sabios que sabrán lo que va a pasar? –Sí. -¿Prepararán a otros individuos? –Sí.
-¿Formaré yo parte de ese grupo? –Puede que sí o puede que no. -¿Quiere eso decir que sin una cierta sabiduría podría morir?
–No, morir no, renovarte. Si en ese momento eres un roble... y si la parte inferior de tu tronco está en mal estado, quizás experimentes la necesidad de renovarte. O si eres una vieja águila que ya no puede volar, o un diamante lleno de resquebrajaduras que ha perdido su fuerza... aunque ese diamante haya sido diamante, como el águila, águila y el roble, roble..., cada uno está preparado para nuevas experiencias.
Reconoce que estás aprendiendo a utilizar tu poder y que para utilizarlo al máximo no debes dejar que la energía de los demás controle la tuya.
Puedes percibir a los demás, puedes aprender de ellos, pero mantén una actitud de observación.
¿Qué debo pensar de todo lo que me explicas?, dijo el emperador. ¿Cómo saber que no estás intentando inducirme al error, reírte de mí, confundirme?
-¿Qué ganaría yo con ello? No tengo nada que ganar, dijo el Sabio.
Yo no voy a convertirme en emperador, no me darás grandes riquezas.
¿Qué podría ganar yo con eso? No hables a nadie de lo que acabas de escuchar, guárdatelo para ti. Aprende que las inspiraciones, las visiones interiores, las intuiciones que puedas tener, son tus diamantes, tus joyas, que se convierten en tu fuerza, en tu realización y en tu plenitud.
Cuando estés sentado en tu corte y muchas personas vengan hacia ti, obsérvalas. Si vienen de la región que ha sufrido inundaciones, edúcalas; si vienen a reclamar dinero, enséñalas a trabajar.
No hagas tú lo que deban hacer ellos. Y de esta forma yo podría mostrarte la luz, la energía, los recursos de tu ser que todavía ignoras. –
¿Pero yo puedo conocerlos? Dijo el emperador.
–Yo podría enumerártelos de diversas maneras... dijo el Sabio.
Pero, ¿podemos meter un rebaño de elefantes en una pequeña habitación?
Comprende que yo te enseño todo lo que puedes entender en la actualidad...
Pero es preciso que la enseñanza sea progresiva; a medida que crezcas, que permitas a tu cuerpo, a tu corazón y a tu cerebro funcionar mejor, yo podré proporcionarte más; cuanto más recibas, mejor comprenderás a los que te rodean y a la naturaleza.
¿Te quedas bajo un árbol que se va a caer?
-¡Sería una insensatez, naturalmente que no!, dijo el emperador.
-¿Y si no sabes que el árbol va a caer? –Ah, dijo el emperador, quieres decir que yo podría no saber que el árbol se va a caer... ?
–Tú puedes formar parte de todas las cosas, afirmó el Sabio. Cuando una anciana achacosa se dirija a ti, no la metas en una residencia para personas mayores. Ayúdala a aprender a utilizar lo que tiene. Si sus piernas apenas se mueven, sus brazos tampoco y tú le dices: "Vieja señora, has tenido una larga vida, necesitas que te cuiden, voy a enviarte a una casa al sol, al sur del país", ella será feliz... entonces cien ancianas más acudirán a ti. Si, por el contrario, le dices: "¡Mañana tomarás un baño frío, comenzarás a salir a pasear todos los días y a hacer trabajar a tu cuerpo!", podrá mejorar si lo hace... , pero tú no verás acudir a ti una muchedumbre de ancianas que buscan hacerse dependientes. Tú enseña a las personas a ayudarse a sí mismas. Dales los instrumentos necesarios, pues sabes que tienen capacidad para utilizarlos.
–¡Enséñame a utilizar tus propios instrumentos!, pidió el emperador. –
¿Cómo voy a enseñarte a manejar instrumentos que precisan siete manos para empuñarlos?
-¿Y entonces qué haces tú para usarlos?, preguntó el emperador.
-¡Es fácil, contestó el Sabio... y de pronto le aparecieron siete manos! Oh, exclamó el emperador, yo no puedo hacer eso.

–Sí podrías... todo lo que puedes concebir es realizable, afirmó el Sabio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por participar y hacer más grande esta página.