Todo
lo que vive, vive según unos ciclos; minerales, plantas, flores, animales y
seres humanos viven siguiendo los ciclos de la naturaleza. Hasta el planeta
sigue un ciclo. Esos hombres y esas mujeres que han desarrollado el
conocimiento de sí mismos y su capacidad de unidad con todo lo viviente, tiene
como función, en cada era de cataclismos, mantener la cohesión necesaria,
proporcionar los elementos indispensables para la prosecución del ciclo global.
No les hace falta ser buenos, ni malos; son energía. Pueden ser papas o emperadores,
gladiadores o pastores, funcionarios o carreteros... pero transmiten energía.
Ayudan a que el ciclo se haga, son el puente que conduce de una época a otra,
el hilo que configura la trama de la historia humana.
-
Comprende, emperador, que tu barrendero de calles es como una semilla, una
joven energía; quizás en otra época sea un ser diferente, un árbol con ramas
poderosas, pero, por el momento, no puedes pretender que sea de forma diferente
a como en realidad es.
Una
parte importante de la sabiduría y del conocimiento consiste en no querer
transformar a las personas en lo que no son, sino en aceptar lo que son, en
comprender su experiencia de la vida.
¿Arrancas
tú de tu jardín todas las plantas que no son robles?
No,
tú buscas la armonía entre la hierba, las flores, los arbustos y los árboles.
Alimentas
a tus rosas, pero, ¿les dices "voy a alimentaros para que viváis tanto
como el roble?"
¡Las
rosas no quieren ser robles, quieren ser rosas! ¿Por qué vamos a pretender que
los hombres sean algo diferente a lo que son?
Esta
es la lección más difícil de aprender para los seres humanos, afirmó el
Sabio,
pero puedes comenzar por aceptar la evolución de los reinos mineral, vegetal y
animal.
Ya
puedes admitir que un tigre sea más fuerte que una rata, que una vaca dé más
leche que un pollo.
¿No
puedes comprender que al barrendero le gusta ser barrendero? ¿No puedes aceptar
que los que tienen hambre forman parte del jardín de tu
Imperio?
Puedes darles de comer, pero eso no tiene cuenta con el conjunto de la
situación.
Deberías
saber, emperador, que no tienes que alimentar a tu
pueblo; tú puedes actuar para que la comida sea accesible a todos los
habitantes, pero aprender a alimentarse es cosa suya.
Cualquier
civilización que comienza a alimentar a la gente pensando que son incapaces de
cuidarse por sí mismos, está abocada al fracaso. Todo hombre
que no puede cuidar de sí mismo empieza a morir. Todo
animal que no puede ocuparse de sí mismo, se convierte en presa de otro animal.
Toda
planta que no tiene fuerza para alcanzar el sol y el agua, regresa a la tierra
de la que ha salido.
-Ven
conmigo; entra en la imagen que se forma ante tus ojos y mira ese bosque.
Era
un magnífico bosque con grandes árboles, flores maravillosas y animales
paseando aquí y allá. Esta parte del bosque no ha sido tocada por
el
hombre, dijo el Sabio.
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