Mira
la hierba, las flores, los árboles, los pájaros, los insectos, los animales...
Viven su ciclo, aprenden, evolucionan.
–Pero
el hombre está más avanzado, es más inteligente, dijo el emperador.
-¿Quién
dice eso?, preguntó el Sabio. ¿Cómo sabes tú que el hombre está más arriba o
más abajo que el reino mineral? El reino mineral no se queja, no intenta
apropiarse de las cosas ajenas, no mata a otros individuos; hace todas las
cosas con sencillez, en consonancia con la naturaleza que le rodea. ¿Estás tú
muy seguro de que el hombre está más arriba en el plano terrestre... y que no
vas a convertirte en roca?
El
emperador respondió: -Eso me parece impensable.
–Tu
pensamiento es limitado. Sin embargo, todo cuanto seas capaz de imaginar puede
existir. No hay nada imposible.
El
emperador preguntó: -¿En qué me ayuda eso como emperador? Acaban de producirse
grandes inundaciones en el Sur y muchas personas han perdido su casa, miles de
ellos han muerto ahogados; los supervivientes me piden víveres. –¿Te has
preguntado ya, emperador, por qué esas gentes viven tan cerca del océano o en
la ribera de los ríos o en las tierras bajas que el agua puede inundar? ¿Por
qué construyen sus casas sobre acantilados, en lugares que pueden derrumbarse,
por qué no intentan integrarse en la naturaleza en vez de desafiarla? La
naturaleza, las fuerzas naturales son como cien millones de caballeros
provistos de espadas aceradas; no hay forma de contenerlos.
Las
personas cultas saben dónde vivir, dónde construir sus casas, cómo protegerse.
Si son pescadores enséñales a utilizar los vientos y las mareas, enséñales a
vivir con la naturaleza, explícales que si luchan contra ella deben aceptar las
consecuencias. No puedes tener pesar por la persona que ha perdido su casa en
un terremoto, en una tempestad o en una inundación.
Ella
ha elegido ese riesgo por vivir donde vivía. Tú no puedes
obligar a las personas a cambiar su vida. Cuando existen
demasiadas malas hierbas y no hay suficientes
robles, cuando hay más gorriones que águilas, más
ratas que tigres, más granito que diamantes, se produce un
desequilibrio que origina una
renovación de la situación por el juego de las fuerzas
naturales. Nada muere. Ciertas formas de vida desaparecen y son
sustituidas por otras, pero ese espíritu vivo que hay en cada
una de ellas no muere jamás.
Los
funerales se hacen para los vivos, no para los muertos.
Se
hacen para que las personas puedan tener el placer de manifestar su pesar, pero
el muerto no tiene necesidad de ello puesto que no está muerto sino que
prosigue su vida en otras condiciones. El bosque no hace funerales, los
animales tampoco, ni los pájaros, ni los insectos, ni las flores.
-He
sido un mal emperador, confesó.
–¡No!,
le atajó el Sabio, ¡tú no has sido un mal emperador! Has utilizado el instrumento
que tenías. Has usado plenamente tus fuerzas dentro de los límites de tu
comprensión. Has sido capaz de percibir.
A
través de todo lo que has sido, se ha manifestado la energía que hay en ti.
El
viejo Sabio habría deseado que el emperador hubiera podido ver y comprender
más... Pero él sabía que la comprensión se despierta lentamente.

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