lunes, 23 de julio de 2018

La más profunda aceptación - 10ª parte - Jeff Foster

Conocí a un hombre que era millonario antes de cumplir los cuarenta.
Trabajaba con ahínco y siempre conseguía lo que quería: más dinero del que jamás podría necesitar; una casa grande y lujosa; una compañera cariñosa y muy bella; unos hijos encantadores, inteligentes, obedientes y trabajadores; montones de amigos; adulación, y respeto. Se retiró a los treinta y siete años. Literalmente el día después de haberse retirado, estaba sentado solo en casa y, de repente, aquel sentimiento vacío, incompleto, añorante del hogar afloró de nuevo..., el mismo sentimiento que había tenido siendo adolescente, el mismo sentimiento que le había hecho dejarse la piel trabajando para conseguir sus millones, el mismo sentimiento del que se había pasado la vida tratando de escapar. Era el sentimiento que, supuestamente, el dinero, la gran casa, la esposa y la familia harían desaparecer. Eso es lo que el mundo le había prometido.
Ahora se encontraba ante un serio problema. Tenía lo que quería, y aún se sentía incompleto. Aún añoraba el hogar. ¿Qué demonios le pasaba? Ya no contaba con la distracción del trabajo. Ahora, frente a frente de nuevo con el sentimiento de carencia, no tenía forma de escapar de él.
Aquella tarde, el joven millonario se tomó una copa. Luego otra. Y otra. Muy pronto se había hecho adicto a la bebida. Reemplazó su adicción al trabajo con una adicción al alcohol. Después de todo, tenía que eliminar como fuera su sensación de carencia cósmica.
La historia de este hombre es un perfecto ejemplo de cómo es imposible satisfacer al buscador, incluso cuando consigue lo que quiere. El sentimiento de carencia básico que experimentamos no lo puede acallar nada de cuanto existe en el mundo del tiempo y el espacio. Conseguir lo que deseas no erradica tu añoranza intrínseca de tu hogar.

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