viernes, 13 de julio de 2018

La más profunda aceptación - 6ª parte - Jeff Foster


En la novela La carretera, de Cormac McCarthy, un padre y un hijo, andrajosos y famélicos, viajan juntos por la América post-apocalíptica. Los árboles y las flores se están secando; la mayoría de los seres humanos han muerto, y gran cantidad de los vivos han optado por el canibalismo. Lo que les da fuerza para seguir adelante a ese padre y su hijo es la esperanza de un Futuro mejor. Una de sus escasas posesiones es un viejo mapa destrozado. No saben en realidad adónde van; lo único que saben es que tienen que dirigirse hacia el sur. Desconocen lo que encontrarán allí, ni siquiera si hay algo que encontrar allí; solo saben que tienen que seguir caminando hacia el sur. El sur representa para ellos todo lo hermoso, bueno y verdadero de la vida.
No voy a desvelar el argumento, pero, al final, resulta que, si hubieran estado un poco más atentos a lo que iba sucediendo por el camino, a lo que la vida trataba de mostrarles una y otra vez, no habrían tenido tal ansia por llegar a su destino. Obcecados con el destino, se perdieron el viaje, que era donde de verdad estaban la vida y el amor.
Este relato es una magnífica metáfora de cómo vivimos todos, siempre intentando llegar allí, cuando es aquí donde está la vida. Todos tratamos de llegar a casa, cuando quizá, simplemente quizá, ya estemos en casa en nuestra experiencia presente, solo que no nos damos cuenta.
Es una dinámica en torno a la cual giran muchas novelas, obras de teatro, películas, mitos y cuentos espirituales. Los personajes, por lo general, viajan lejos de casa, descubren quiénes son realmente, y entonces regresan a su hogar, cambiados en cierto modo, en cierto modo iguales. En El mago de Oz, quizá la película más entrañable de todos los tiempos, una joven deja su ciudad natal, sosa, incolora, y emprende un viaje increíble, lleno de colorido; se encuentra con diversas facetas de sí misma, y regresa finalmente al mismo lugar..., solo que entonces ve lo que realmente hay en él. Su hogar no ha cambiado, pero sus ojos se han abierto a él. Al principio de muchos musicales de Disney, el personaje principal, que se siente desterrado en su propia tierra, canta una canción sobre su anhelo de aventuras, de amor, de algo que le resulta imposible encontrar
en casa. Ese algo le hace partir, pero, al final, retorna, o encuentra un nuevo hogar..., su verdadero hogar, su verdadero sitio en el mundo. Se ha sugerido que, en el nivel más básico, todo relato tiene esta estructura en común: un héroe ya de lo conocido a lo desconocido, pero al final siempre regresa a casa. El buscador espiritual se marcha en busca de la iluminación, y a su regreso descubre que la iluminación que buscaba había estado allí desde el principio.

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